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Gerardo Álvarez es médico por vocación y amor a la Epidemiología

Tiene como meta poder erradicar la mortalidad por rickettsia en Sonora, para que la enfermedad deje de cobrar vidas en la entidad.

HERMOSILLO, Sonora.- Luego de enfrentar la epidemia del cólera en 1990 y ver como la investigación podía ayudar a la sociedad, Gerardo Álvarez Hernández se enamoró profundamente de la Epidemiología, siendo hasta ahora, junto a Sonora y su familia, tres de sus grandes pasiones.

“Yo entré como brigadista a atender la pandemia de cólera y en ese momento cambió mi visión de la medicina porque empecé a ir a campo; empecé a hacer brigada para buscar casos sospechosos de cólera y entré en contacto con una realidad social que yo no conocía”, recordó el médico.

“Me di cuenta de que lamentablemente las pandemias siempre afectan a quienes menos tienen, son ellos los que terminan cargando con la mayor proporción de muerte y casos, y mi visión de la medicina cambió, mi sueño de querer ser cardiólogo y vestir la bata blanca se fue, yo ahora quería saber ¿por qué se enfermaba la gente?, y decidí que tenía que estudiar”, expuso.

De 1991 para acá me han tocado todas las pandemias, la de cólera, la de zika, la de influenza, la de Covid, pandemias nada más esas, y epidemias todas las que han ocurrido en los últimos 30 años, dengue y rickettsia son de las recurrentes”.

Fue entonces que el médico se dio cuenta de que la ciencia, si no se aplica para el bienestar de las demás personas no es importante, porque el impacto de ese conocimiento se pierde.

“Los médicos tenemos dos obligaciones, y quien no lo entienda no es un médico completo, una por supuesto es aliviar el sufrimiento de los enfermos, curarlo, pero la otra es educar.

“Si un médico sólo se dedica a curar se convierte en un curandero, pero el médico real debe educar al paciente para que sepa como curarse, sí, pero sobre todo como evitar, y por eso hoy en día mis esfuerzos están dirigidos a la prevención”, expresó.

Fue a los 22 años, en 1986, cuando el hoy epidemiólogo llegó a Sonora, desde la ciudad de México de donde es originario, recién había terminado su carrera de Medicina y decidió hacer su residencia en Ciudad Obregón.

La razón, explicó entre risas, fue porque le gustaban las camisas a cuadro y la banda, y cuando llegó no se decepcionó de lo que le esperaba, pues a pesar del calor, la vida le pareció mucho más cómoda.

Cuando estás estudiando medicina se forman listas de estudiantes para que elijas plazas en el País, yo fui el tercer promedio de mi generación, y aunque tenía la opción de quedarme en la Ciudad de México dije no, me voy a ir al Norte.

“Yo pensaba, ‘allá son diferentes, usan camisas de cuadros, botas, me gusta la banda, entonces voy a ir allá”, relató entre risas, “y la verdad me impresionó, llegué primero a Ciudad Obregón y la ciudad se me hizo limpia, calles amplias y estaba muy seguro, y decidí que ahí quería quedarme”, mencionó.

Luego de estar un tiempo en Obregón se trasladó a San Ignacio Río Muerto para su Servicio Social, desarrollándose en varios aspectos del área clínica, desde consulta general hasta partos, ganándose el cariño de la gente.

“Yo no era el doctor y eso a mí me halago mucho, yo era el Gera; recuerdo que hasta atendía partos, porque era joven y osado, entonces llegaban las pacientes y yo las atendía, hasta hubo gente que le puso a sus hijos mi nombre y esa era una relación muy bonita entre el médico y sus pacientes.

“Eso a mí me gustó mucho, porque en la Ciudad de México no se ve eso, en grandes ciudades ya no hay esos niveles de comunicación, de confianza, los doctores hasta se hacen huraños, hoscos, incrédulos, y eso no es algo que me haya encontrado aquí”, describió.

Fue en 1997, cuando ya convencido de que quería ser epidemiólogo, decidió emigrar a la capital para seguirse preparando.

Desde entonces, y gracias a su perseverancia, tuvo la fortuna de poder estudiar y prepararse no solo en México sino en Estados Unidos en temas de salud pública, epidemiología, políticas de salud y hasta filosofía.

Gracias a la investigación médica, relató, ha podido viajar a varios países, participar en distintas administraciones públicas en el área de salud, e impartir sus conocimientos a alumnos de Medicina de la Universidad de Sonora.

Durante 30 años de trayectoria ha tenido la oportunidad de enfrentar varias epidemias y pandemias desde distintas áreas de salud, como brigadista, médico, funcionario e investigador.

En todas, ha entendido que el conocimiento de la población es clave, y por eso hoy en día tiene como meta poder erradicar la mortalidad por rickettsia en Sonora, para que la enfermedad deje de cobrar vidas en la entidad.

Una gran lucha que tengo ahorita, junto a otros investigadores internacionales, es que la Rickettsia sea reconocida como una enfermedad abandonada, es un término técnico para definir enfermedades que afectan especialmente a regiones tropicales y subtropicales del mundo y que su mayor carga de afectación y muerte sucede en poblaciones pobres”, Gerardo Álvarez Hernández.

“Yo quiero que cambie la tendencia de la mortalidad por Rickettsia, yo no quiero que se acaben las garrapatas ni los perros, al contrario, yo lo que quiero y lo que me falta es que si la gente se enferma no se muera.

“No sé si lo alcance, tal vez no, pero sí es un deseo que tengo, y que quiero alcanzar, porque no puede ser que se muera el 50% de los enfermos, cuando esa letalidad es la misma que tenía Estados Unidos hace 50 años, y la que se registraban en Sonora en 1930, cuando ya tenemos más capacidades”, señaló.

Álvarez Hernández afirmó que tanto la medicina como la investigación es algo que desea seguir realizando mientras la vida le dé tiempo, pero sobre todo, tener la capacidad de educar a más jóvenes médicos en el proceso, ya que está convencido de que inyectar una chispa de curiosidad en las mentes del futuro, hará que los avances médicos para Sonora se traduzcan en una mejor calidad de vida para todos.

No importa que virus llegué nos va a hacer lo mismo que Covid mientras no cambiemos nuestra conducta alimenticia y actividad física, porque las comorbilidades juegan un papel muy importante en la mortalidad de las pandemias”, comentó.

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