Y a ti ¿te gira el hámster?
“Esperar a que dé vueltas el hámster” se ha convertido en una frase popular, pero la realidad es que ver a estos roedores echar a andar su rueda, caminar por los tubos de su jaula y colgarse de los alambres resulta todo un espectáculo.
No viven muchos años, pero les basta un poco de tiempo para formar parte de la familia que se decida a acogerlos y darles los cuidados que necesitan, que no son muy especiales.
Originarios del país de Siria, al otro lado de Océano Atlántico, estos roedores se han convertido en una mascota bastante común, aunque sus características parecidas a las de un ratón pueden hacerlos poco agradables para algunos.
Hay de varios tipos, pero lo más frecuente es que se les clasifique en enanos y de tamaño normal, donde los primeros, a pesar de ser más pequeños, suelen ser más agresivos, explicó el especialista Rafael Olivas Silva.
Sea de la variedad que sea, un hámster es poco recomendable para los niños menores de tres años, consideró, porque es muy probable que el animalito se sienta agredido por un apretón y se defienda con una morderdura.
“Definitivamente no, hay ciertas edades, yo pienso que un niño de 5 ó 6 años ya puede cuidar un hámster de los grandes, los más chicos son para los niños grandes nada más, como de 10, 12 años, porque son más fáciles de domesticar los enanos”, comentó.
Olivas Silva, quien tiene varios años de experiencia en la crianza y venta de estos animales, destacó también que son animales de hábitos nocturnos y que también pueden agredir cuando se sienten molestados en sus horas de sueño, que suelen ser en el día.
“A ellos no les gusta que los molesten cuando están dormidos, seguramente te va a morder, no es que quiera hacer daño, aunque te conozca va a tirar la mordida, su vida es nocturna, al contrario que nosotros”, explicó.
Todo lo que para ellos huela a comida es susceptible de ser mordido, indicó, por ello hasta un dedo que se asoma por su jaula corre peligro y esa es una de las razones por las que no se recomiendan para los niños.
Pero cuando ya se ha superado la etapa en que el hámster se acostumbra al dueño, se convierte en parte de la familia y se les puede observar con mucha frecuencia en los bolsillos de los niños.
“Es muy bonito cuando se hacen parte de ti, al principio sí son un poquito reacios a ser domesticados, cuando están chiquitititos, es recomendable agarrarlos desde muy pequeños para que se acostumbren y te conozcan”, expuso.
ALIMENTACIÓN NADA COMPLICADA
Su alimentación no es muy especial, sólo requieren de una dieta variada en semillas y pedacitos de frutas y verduras, todo lo que ellos acepten de estos productos se les puede dar sin ningún problema.
“Le encantan las semillas de girasol, pero puedes darle nueces, tomate, lechuga, hoja de acelga, cáscara de pepino, si le gusta la naranja, adelante, sólo unas dos o tres cosas no pueden comer porque les hacen daño, por ejemplo repollo, cilantro y coles”, agregó.
A los hámsters les gusta ser precavidos y guardar alimentos para cuando ya no hay, de ahí que a veces se les vea con los cachetes un poco inflados, pues ahí llevan la semilla o pedazo de fruta que después esconderán para tener sus provisiones.
En especial las hembras, mencionó el experto, resguardan la comida cuando están por tener crías, pues si al momento de tenerlas sienten que no va a alcanzar la comida para todas, pueden hasta dejar morir a algunas con tal de alimentar bien al resto.
El resto del mantenimiento de estos roedores es sencillo:
Sólo ocupan dormir de preferencia dentro de las casas porque son muy sensibles a las temperaturas extremas, una buena jaula, comida, agua y una cama de aserrín.
Eso sí, resaltó Olivas Silva, nadie puede perderse de ponerles dentro de su jaula todos los aditamentos clásicos: Tubos, puentes y la ruedita que les encanta hacer girar por las noches.
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