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Tallerista de Ceart lleva 16 años enseñando a mirar el mundo desde la perspectiva de jóvenes con discapacidad en Mexicali

La pintura y otras disciplinas han ayudado a sus alumnos a expresarse y desarrollar sus habilidades a su propio ritmo en el taller “Colores en mi espejo”

Tallerista de Ceart lleva 16 años enseñando a mirar el mundo desde la perspectiva de jóvenes con discapacidad en Mexicali
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Mexicali,B.C.-Aprender a respetar los tiempos de cada alumno y descubrir que una misma actividad puede resolverse de distintas maneras son algunas de las lecciones que María del Rosario Espinoza Ruíz, ha aprendido durante 16 años de trabajo con niñas, niños y jóvenes con discapacidad en el taller de artes plásticas “Colores en mi espejo”, que imparte en el Centro Estatal de las Artes (Ceart) Mexicali.

Explicó que su primer grupo fue de apenas 10 estudiantes y hoy recibe entre 40 y 50 alumnos por ciclo escolar, de entre 8 y 25 años, quienes encuentran en la pintura, la arcilla y otros materiales una forma de explorar, desarrollar habilidades y expresar su propia manera de ver el mundo.

La experiencia de María de Rosario comenzó hace más de 25 años, cuando impartía cursos regulares de artes plásticas, una etapa en la que se interesó por encontrar formas de comunicarse con niños a quienes les resultaba difícil seguir ciertas actividades.

Detalló que esa inquietud la llevó a prepararse en educación especial, problemas de aprendizaje y psicología clínica, conocimientos que posteriormente integró en un proyecto que comenzó hace 16 años y que actualmente continúa en el Ceart Mexicali.

La pintura y otras disciplinas han ayudado a sus alumnos a expresarse y desarrollar sus habilidades l Foto: Cortesía/ Valeria Alvarado

La docente explicó que los cursos se desarrollan de manera gradual, desde el reconocimiento de los materiales y el respeto por el espacio de los demás hasta el incremento de los periodos de atención, siempre de acuerdo con las necesidades de cada estudiante.

Algunos alumnos comienzan con sesiones de apenas 20 minutos debido a la cantidad de estímulos visuales y táctiles, mientras que otros han logrado permanecer entre cuatro y cinco horas trabajando en sus actividades.

Aprender también significa cambiar la forma de enseñar

Espinoza explicó que utiliza materiales como pintura, arcilla y cartón, además de dinámicas en las que los estudiantes pueden observar a sus compañeros, tomar descansos y reincorporarse cuando están preparados.

Uno de los mayores aprendizajes para la tallerista ha sido comprender que no todos los alumnos responden de la misma manera a una actividad y que, en ocasiones, es necesario modificar sus propias estrategias.

Espinoza explicó que utiliza materiales como pintura, arcilla y cartón, además de dinámicas en las que los estudiantes pueden observar a sus compañeros, tomar descansos y reincorporarse cuando están preparados.l Foto: Cortesía

Como ejemplo, recordó el caso de una estudiante que tenía dificultades para controlar la cantidad de pintura que utilizaba, hasta que encontró en la pintura textil una alternativa con la que pudo realizar trabajos que sorprendieron a su maestra.

También ha aprendido a negociar con los estudiantes cuando sus intereses no coinciden con las actividades programadas, permitiéndoles explorar sus propios temas durante ciertos momentos para después retomar el trabajo colectivo.

“Mi flexibilidad cognitiva también, al acceder y al negociar las dos partes”, explicó al recordar cómo sus alumnos han contribuido a romper esquemas que ella misma tenía sobre la enseñanza.

María del Rosario destacó que el avance no debe medirse comparando a un estudiante con otro, sino observando lo que cada uno consigue desarrollar a partir de sus propias capacidades.

El arte como puente con las familias

La tallerista señaló que uno de los retos ha sido acompañar a los padres de familia para que comprendan los procesos de aprendizaje de sus hijos y reconozcan sus avances sin imponerles expectativas ajenas a sus posibilidades.

Explicó que la participación de las familias también cambia con el tiempo: al principio pueden apoyar directamente a sus hijos, pero conforme estos adquieren mayor autonomía, su papel se transforma y pueden colaborar en otras actividades del grupo.

El objetivo, señaló, es que los padres descubran la perspectiva de sus hijos a través de sus propias creaciones y comprendan que cada obra representa una manera particular de observar el entorno.

“El arte es disfrutable, es un puente de comunicación”, expresó Espinoza, quien considera que los 16 años de trabajo han sido una experiencia de crecimiento tanto profesional como personal.

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