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La nostalgia de hablar con otros; la lenta despedida de los teléfonos públicos en Mexicali

Antes del celular, el teléfono público era una extensión de la vida diaria.

La nostalgia de hablar con otros; la lenta despedida de los teléfonos públicos en Mexicali

Mexicali,B.C.-Hubo un tiempo en que la ciudad se comunicaba a través de cables enredados, tarjetas prepagadas y casetas de metal que servían como refugio de confidencias.

Antes del celular, el teléfono público era una extensión de la vida diaria: ahí se daban noticias familiares, se resolvían urgencias y se acortaban distancias con voces que estaban lejos.

Enrique Jesús lo recuerda con claridad. Desde hace treinta años mantiene abierta su tienda de abarrotes y durante buena parte de ese tiempo fue, sin proponérselo, un punto clave de comunicación para la colonia Hidalgo, en Mexicali.

Enrique Jesús lo recuerda con claridad. Desde hace treinta años mantiene abierta su tienda de abarrotes y durante buena parte de ese tiempo fue, sin proponérselo, un punto clave de comunicación para la colonia Hidalgo, en Mexicali l Foto. Juan Jesús Morales

Él vendía las tarjetas telefónicas de 20, 50 y 100 pesos, indispensables para quienes llamaban al interior del país o buscaban comunicarse con Honduras y El Salvador.

Las filas frente a su negocio eran parte del paisaje cotidiano. Había días en que los vecinos, cansados de la espera, le pedían que interviniera para que los usuarios no se tardaran tanto en la llamada.

Enrique siempre respondía lo mismo, con calma: “Yo no soy el dueño del servicio”. De aquella época conserva una frase que se le quedó grabada, dicha por una mujer entre la impaciencia y el cansancio de esperar turno: “El teléfono es para acortar distancias, no para alargar pláticas”.

Ignoradas

Hoy, ese escenario parece lejano. Con la llegada del teléfono celular, las casetas pasaron de ser una herramienta esencial a convertirse en objetos casi invisibles. Muchas permanecen de pie, cubiertas de grafitis, con teclados desgastados por dedos que ya no marcan ningún número.

Los teléfonos públicos sobreviven como vestigios urbanos que hablan de otra velocidad de vida, de una ciudad que alguna vez se detuvo a esperar turno para escuchar una voz al otro lado de la línea.

Foto. Juan Jesús Morales

Su ocaso marca el avance de la tecnología y la transformación silenciosa de las costumbres y de la forma en que los espacios públicos pierden sus funciones sin que casi nadie lo note.

Limbo

Gran parte de estas casetas no pueden ser retiradas libremente debido al tipo de concesión bajo la cual fueron instaladas. Los teléfonos públicos forman parte de contratos de largo plazo otorgados a empresas concesionarias, que incluyen derechos de uso del espacio público y obligaciones específicas.

Aunque muchos aparatos ya no funcionan o dejaron de ser rentables, la infraestructura sigue sujeta a marcos legales que complican su retiro inmediato por parte de autoridades municipales.

En varios casos, la concesión no contempla la obligación expresa de desmontar las casetas cuando dejan de operar, lo que ha generado un vacío administrativo: no son funcionales, pero tampoco pueden ser removidas sin un proceso legal o la renegociación de los contratos.

Foto: Juan Jesús Morales
Foto: Juan Jesús Morales
Foto. Juan Jesús Morales
Foto: Juan Jesús Morales
Foto. Juan Jesús Morales

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