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Jerusalén comienza un Ramadán marcado por la pandemia y con Al Aqsa vacía

El espíritu de celebración durante el Ramadán impregnaba cada año la atmósfera de los barrios de la zona oriental ocupada de Jerusalén, en la que viven alrededor de 350 mil palestinos.

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Por EFE

JERUSALÉN.-Las calles casi vacías en la Ciudad Vieja de Jerusalén marcan el inicio de Ramadán, un mes sagrado que suele llenar la vía pública de gente y ambiente festivo al caer la noche, pero que este año queda recluido en casa por la COVID-19: incluso está cerrada la Explanada de las Mezquitas, el tercer lugar más sagrado del islam.

"Los musulmanes y árabes de Jerusalén estamos desanimados" por la situación, comentó a Efe Omar Abu Sbeih, un palestino del casco antiguo de la urbe que lamentó que este año, debido a la pandemia, los fieles no puedan ir a rezar a las mezquitas, que permanecerán clausuradas para evitar aglomeraciones.

El espíritu de celebración durante el Ramadán impregnaba cada año la atmósfera de los barrios de la zona oriental ocupada de Jerusalén, en la que viven alrededor de 350 mil palestinos.

Al anochecer, después de romper el ayuno con el "Iftar", las calles se abarrotaban de gente que iba a la oración y a pasear tras comer con parientes o en comunidad, pero este año deben hacerlo con su familia nuclear y se tienen que conformar con rezar en casa, lo que desvirtúa la noción colectiva de una festividad que también remarcaba su seña de identidad palestina.

Hoy por la tarde, antes de la puesta de sol, muchos compraban en las tiendas de alrededor de la Ciudad Vieja, donde son especialmente solicitados los "qatayef", masas rellenas de nueces y queso, o canela y almendras, que solo se comen en estas fechas.

Pero a las 18:00 hora local (15:00 GMT) los comercios bajaron sus puertas y las calles quedaron vacías: desde ayer y durante este mes sagrado la Policía israelí aplica un toque de queda en los barrios palestinos de Jerusalén Este y las zonas de mayoría musulmana de Israel -el 20% de su población es árabe- para prevenir el movimiento de personas y la propagación del virus.

Otra estampa propia de esta festividad que este año tampoco se verá son los autobuses cargados de fieles que recibían permisos especiales de Israel para acceder a Jerusalén desde Cisjordania ocupada e ir a rezar a la Explanada de las Mezquitas.

Con pasos fronterizos y controles militares cerrados, la imagen de miles de personas encaminadas a orar con sus alfombras de rezo al hombro será añorada por muchos, que anhelan repetirlo en años posteriores si el coronavirus lo permite.

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