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Arqueólogos descubrieron en España una vivienda de hace 16,800 años con más de 4,600 piezas, restos de fogatas y herramientas que muestran cómo cazaban, trabajaban y se alimentaban sus habitantes

El hallazgo reúne herramientas de sílex, restos de animales y evidencias de una fogata que permiten reconstruir cómo cazaban, se alimentaban y realizaban sus actividades cotidianas los habitantes de esta cabaña paleolítica.

El yacimiento de La Garma, en Cantabria, España, conserva una escena excepcional de la vida cotidiana durante la Edad de Piedra: una vivienda de cazadores-recolectores que quedó aislada hace unos 16,800 años y resguardó herramientas, restos de alimentos y objetos utilizados por sus habitantes.

El acceso a la cueva quedó bloqueado por un derrumbe rocoso al final de la última glaciación. Este aislamiento permitió que el espacio permaneciera prácticamente intacto hasta su redescubrimiento en 1995, cuando investigadores comenzaron a documentar uno de los hábitats paleolíticos mejor conservados.

Una vivienda de la Edad de Piedra conservada bajo las rocas

En el interior se encontraron los restos de una cabaña construida por cazadores-recolectores, quienes aprovecharon las formaciones rocosas y las estalagmitas como soporte para levantar una estructura con postes y pieles.

En el centro de la vivienda se conservan evidencias de una fogata que habría sido parte de la vida doméstica. A su alrededor, los investigadores localizaron 4,614 piezas distribuidas por el suelo, relacionadas con actividades cotidianas como la fabricación de herramientas y el procesamiento de pieles.

El conjunto permite estudiar cómo se organizaban las actividades dentro de un refugio prehistórico, desde las labores prácticas hasta los momentos alrededor del fuego.

Herramientas y restos de animales revelan cómo vivían

Entre los objetos recuperados hay herramientas de sílex, incluidas puntas de lanza y arpones. Los restos óseos encontrados en el lugar también aportan información sobre la alimentación de sus habitantes, que cazaban animales como ciervos, caballos salvajes y bisontes.

La distribución de los objetos es especialmente valiosa porque permite analizar las actividades realizadas en distintas partes de la vivienda, en lugar de estudiar piezas aisladas de su contexto original.

El yacimiento ofrece así una oportunidad para reconstruir aspectos de la vida de los grupos humanos que habitaron la región durante el Paleolítico, hace más de 15,000 años.

Un colgante con la figura de un animal y un rostro humano

Entre los hallazgos destaca un hueso de uro, antepasado salvaje del toro doméstico, perforado y decorado con la representación del animal y un rostro humano. La pieza habría sido utilizada como colgante.

Su elaboración muestra el dominio de técnicas para trabajar materiales óseos y la capacidad de representar figuras mediante grabados. También aporta indicios sobre las expresiones simbólicas de las comunidades prehistóricas.

La conservación de este objeto junto con miles de piezas más permite estudiar no solo las herramientas y la alimentación, sino también la cultura material de quienes habitaron La Garma.

El yacimiento de Cantabria destaca porque el derrumbe que selló la cueva protegió durante milenios una parte de la vida cotidiana de sus antiguos habitantes. Más que un conjunto de objetos, La Garma conserva el registro de un espacio habitado, una oportunidad excepcional para comprender cómo vivían los seres humanos durante la Edad de Piedra.

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