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Un estudio descubre cómo la inflamación relacionada con la cirrosis puede llegar al cerebro y alterar funciones como la memoria y la capacidad de concentrarse

Investigadores de España identificaron que ciertas partículas presentes en la sangre de pacientes con cirrosis pueden transmitir señales inflamatorias al cerebro y provocar cambios cognitivos en un modelo experimental. El hallazgo también apunta a nuevas vías para investigar posibles tratamientos

Un estudio descubre cómo la inflamación relacionada con la cirrosis puede llegar al cerebro y alterar funciones como la memoria y la capacidad de concentrarse

La cirrosis hepática no solo puede comprometer el funcionamiento del hígado, sino que también puede estar relacionada con alteraciones en el cerebro que afectan la memoria, la atención y la capacidad de procesar información. Una investigación realizada en España identificó un mecanismo que ayudaría a explicar cómo las señales inflamatorias vinculadas con esta enfermedad pueden llegar al sistema nervioso.

Según información de Gaceta Médica, el estudio fue encabezado por el Instituto de Investigación Sanitaria INCLIVA, el Hospital Clínico Universitario de València y la Universitat de València, en colaboración con el Centro de Investigación Príncipe Felipe. Los resultados, publicados en la revista científica Journal of Neuroinflammation, señalan que unas pequeñas partículas presentes en la sangre podrían participar en la transmisión de la inflamación hacia el cerebro.

El hallazgo ofrece una nueva explicación sobre la relación entre la enfermedad hepática y el deterioro cognitivo, aunque los resultados experimentales todavía deben distinguirse de una demostración de efectos clínicos en seres humanos.

¿Cómo puede la cirrosis afectar la memoria y la atención?

Una de las complicaciones relacionadas con la cirrosis es la encefalopatía hepática mínima, una alteración que puede modificar de forma sutil el funcionamiento cerebral sin que sus efectos siempre sean evidentes en la vida cotidiana.

Las personas que la presentan pueden experimentar dificultades para mantener la atención, recordar información, reaccionar con rapidez o realizar tareas que requieren coordinación y precisión motora.

De acuerdo con la investigación, esta complicación afecta aproximadamente a entre 30% y 40% de los pacientes con cirrosis hepática. Aunque los cambios pueden ser leves, pueden interferir con actividades que requieren concentración y rapidez mental.

Hasta ahora se conocía la relación entre la cirrosis, la inflamación general del organismo y las alteraciones cognitivas, pero todavía quedaban preguntas sobre la manera en que las señales inflamatorias podían alcanzar el cerebro.

Las partículas de la sangre que podrían transmitir la inflamación

Para estudiar ese proceso, el equipo se concentró en las vesículas extracelulares, pequeñas estructuras liberadas por las células que transportan distintas sustancias y señales entre ellas.

Los investigadores aislaron estas partículas de muestras de sangre de personas sanas y de pacientes con cirrosis, incluidos pacientes con encefalopatía hepática mínima. Después, las administraron a ratas sanas para observar si producían cambios en el cerebro.

Los resultados mostraron que las vesículas procedentes de pacientes con encefalopatía hepática mínima provocaron neuroinflamación y deterioro cognitivo en los animales. En cambio, las obtenidas de otros grupos no produjeron los mismos efectos descritos en el experimento.

Este resultado permitió identificar una posible vía por la que la inflamación asociada con la cirrosis puede influir en el funcionamiento cerebral. Sin embargo, al tratarse de un modelo experimental con animales, no demuestra por sí solo que el proceso ocurra exactamente de la misma manera en todas las personas con esta enfermedad.

¿Qué papel tiene la rifaximina en el hallazgo?

La investigación también examinó la relación entre la rifaximina, un medicamento utilizado en determinados pacientes con encefalopatía hepática, y el contenido de las vesículas extracelulares.

Los investigadores observaron que las partículas obtenidas de pacientes tratados con este fármaco perdieron la capacidad de provocar los efectos inflamatorios y cognitivos detectados en el modelo experimental.

Este resultado sugiere que el tratamiento puede modificar las señales transportadas por las vesículas y abre una línea de investigación para comprender mejor sus efectos. No significa que el estudio haya demostrado que la rifaximina revierte el deterioro cognitivo en todos los pacientes ni que pueda utilizarse con ese propósito sin una valoración médica.

La especialista Carmina Montoliu Félix, investigadora principal del trabajo, explicó que la investigación permitió avanzar en la comprensión del mecanismo por el que la inflamación puede llegar al cerebro y del papel que podría desempeñar la rifaximina en ese proceso.

¿Qué aplicaciones podría tener este descubrimiento?

Los resultados abren nuevas posibilidades para investigar biomarcadores, es decir, señales biológicas que podrían ayudar a identificar o seguir determinados procesos asociados con una enfermedad.

También podrían orientar el desarrollo de tratamientos dirigidos a las vesículas extracelulares o a las sustancias que transportan. No obstante, estas aplicaciones todavía requieren investigación adicional para determinar su utilidad, seguridad y eficacia en personas.

El estudio contó con la participación de especialistas de INCLIVA, la Universitat de València, el Centro de Investigación Príncipe Felipe y los servicios de Medicina Digestiva de los hospitales Clínico Universitario y Arnau de Vilanova, en València.

La investigación recibió financiación del Instituto de Salud Carlos III, la Generalitat Valenciana y la Agencia Valenciana de Innovación.

El principal aporte del trabajo es que identifica una posible conexión entre la inflamación asociada con la cirrosis y los cambios en el funcionamiento cerebral. Comprender mejor esa relación podría ayudar a desarrollar herramientas para estudiar y abordar las alteraciones cognitivas que presentan algunos pacientes, aunque todavía se necesitan más estudios para trasladar estos resultados experimentales a nuevas aplicaciones clínicas.

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