El Pacífico alcanza temperaturas récord mientras el estrés térmico aumenta en México, con noches más sofocantes, olas de calor más intensas y efectos desiguales según el nivel socioeconómico
El dato es especialmente relevante porque el actual El Niño todavía no habría alcanzado su máximo.

La región Niño 3.4 alcanzó 30.06 °C el 5 de octubre, un récord en los registros comparables; mientras tanto, una nueva investigación muestra que el calor que experimenta el cuerpo humano se ha intensificado desde la década de 1970 y que México enfrenta hasta dos meses adicionales de estrés térmico al año.
El planeta no solamente se está calentando: también está cambiando la manera en que el cuerpo humano experimenta ese calentamiento. Mientras el Pacífico ecuatorial registra temperaturas extraordinarias, una investigación publicada en Nature Climate Change muestra que los días de mayor estrés térmico, las noches tropicales y los episodios de calor acumulado se han vuelto más frecuentes y prolongados.
El 5 de octubre de 2026, la región Niño 3.4, utilizada para monitorear la evolución de El Niño, alcanzó una temperatura superficial del mar preliminar de 30.06 °C, superando por primera vez los 30 °C en la serie de registros comparables. El máximo anterior era de 29.82 °C, registrado en noviembre de 2015 durante el intenso episodio de El Niño de 2015-2016.
El dato es especialmente relevante porque el actual El Niño todavía no habría alcanzado su máximo. La región Niño 3.4 se encuentra en el Pacífico tropical central, aproximadamente entre los 5° de latitud norte y los 5° de latitud sur y entre los 170° y 120° de longitud oeste.
Pero el récord oceánico es solamente una parte de una historia más amplia.
¿Por qué la temperatura del termómetro no cuenta toda la historia?
Una temperatura de, por ejemplo, 35 °C no produce la misma respuesta fisiológica bajo condiciones diferentes de humedad, viento, radiación y otros factores ambientales.
Por eso los investigadores utilizan el Índice Universal de Clima Térmico (UTCI, por sus siglas en inglés), una medida diseñada para aproximarse a la respuesta del organismo frente al ambiente.
El estudio publicado en Nature Climate Change analizó las condiciones de 1950 a 2024 y comparó especialmente la década de 2015-2024 con los años 70. Encontró que la temperatura máxima de sensación térmica de los diez días más calurosos del año aumentó globalmente 0.27 °C por década. Las noches más cálidas avanzaron todavía más rápido: 0.32 °C por década.
El UTCI clasifica el estrés térmico en distintas categorías. A partir de 32 °C se considera estrés térmico fuerte; desde 38 °C, muy fuerte, y a partir de 46 °C, extremo.
El cambio no significa simplemente que los termómetros estén marcando esas cifras con mayor frecuencia. Significa que las condiciones combinadas de temperatura, humedad, viento y radiación están generando con mayor frecuencia ambientes capaces de dificultar la regulación de la temperatura corporal.
México ya enfrenta más tiempo bajo estrés térmico
El cambio también tiene una dimensión geográfica.
El análisis encontró que México se encuentra entre los países que actualmente experimentan entre uno y dos meses adicionales de estrés térmico al año respecto de las condiciones observadas en la década de 1970. El estudio identificó incrementos importantes en los días con estrés térmico fuerte en México y otras regiones del mundo.
A escala global, el número de días por década con al menos estrés térmico fuerte aumentó en promedio en dos jornadas. También se incrementaron los días con estrés muy fuerte y las noches tropicales.
Esto implica que el problema no solamente consiste en que aparezcan temperaturas máximas más elevadas. La temporada en la que el cuerpo está expuesto a condiciones peligrosas también puede prolongarse.
Las noches tropicales impiden que el cuerpo se recupere
Uno de los cambios más importantes ocurre durante la noche.
Una noche tropical es aquella en la que la temperatura mínima permanece en al menos 20 °C. En condiciones normales, la disminución de temperatura nocturna permite que el organismo se recupere parcialmente del esfuerzo térmico acumulado durante el día.
Pero una noche tropical no necesariamente significa una noche sin estrés térmico.
El estudio encontró que, en 2024, 11.4% de las noches tropicales presentaron estrés térmico moderado. La proporción era de apenas 2.2% en 1965. El estrés térmico fuerte durante estas noches también aumentó y llegó a 0.08% en 2024.
El fenómeno importa porque las temperaturas nocturnas elevadas pueden limitar la recuperación fisiológica y están asociadas con mayores riesgos para la salud, particularmente en personas vulnerables.
Además, las noches más cálidas están aumentando más rápido que los días más cálidos: 0.32 °C por década frente a 0.27 °C, respectivamente.

Cuando el calor del día se junta con una noche que no refresca
El escenario más complicado aparece cuando un día con estrés térmico es seguido por una noche tropical también sometida a estrés.
Los investigadores denominan a estos episodios eventos compuestos. Su importancia radica en que el organismo dispone de menos tiempo para recuperarse antes de volver a enfrentar temperaturas elevadas.
El estudio encontró que estos eventos se han vuelto más frecuentes, intensos y prolongados a escala mundial, con aumentos particularmente importantes en Europa, África y Norteamérica.
En regiones costeras, la humedad puede contribuir al problema porque dificulta la evaporación del sudor, uno de los mecanismos fundamentales mediante los cuales el cuerpo elimina calor.
Así, el riesgo no depende únicamente de alcanzar una temperatura récord durante algunas horas. Una sucesión de jornadas calurosas y noches sin suficiente enfriamiento puede producir una acumulación de estrés fisiológico.
¿Qué le ocurre al cuerpo cuando ya no puede enfriarse?
El organismo necesita mantener su temperatura interna dentro de un rango relativamente estrecho.
Cuando las condiciones ambientales dificultan la disipación del calor, aumenta la sudoración y con ella la pérdida de líquidos y electrolitos. Si la exposición continúa, pueden aparecer debilidad, mareos, náuseas, dolor de cabeza, calambres y alteraciones cardiovasculares.
En situaciones graves puede producirse un golpe de calor, una emergencia médica que puede ocasionar daño a órganos y poner en riesgo la vida.
El problema es especialmente relevante para personas mayores, niños pequeños, trabajadores expuestos al exterior, personas con determinadas enfermedades y quienes no cuentan con viviendas adecuadamente ventiladas o con acceso suficiente a refrigeración.
La desigualdad también determina quién soporta el calor
El aumento del estrés térmico no afecta a todas las personas de la misma manera.
La capacidad para protegerse depende, entre otros factores, de la calidad de la vivienda, el acceso a aire acondicionado o ventilación, la posibilidad de modificar horarios laborales, el transporte, los servicios de salud y los recursos económicos disponibles.
Una investigación del Climate Impact Lab de la Universidad de Chicago proyecta que, bajo un escenario de continuidad de las políticas climáticas actuales, el aumento de las temperaturas podría provocar alrededor de 391 mil muertes adicionales relacionadas con el calor cada año en países de menores ingresos para 2050, frente a unas 39 mil en países de mayores ingresos.
Los investigadores atribuyen parte importante de esta diferencia a la capacidad desigual de adaptación: las comunidades con menos recursos suelen tener menor acceso a vivienda adecuada, atención sanitaria y mecanismos para reducir la exposición al calor.
La conclusión es que el cambio climático no distribuye de manera uniforme sus consecuencias fisiológicas.
Dos personas sometidas a la misma temperatura pueden enfrentar riesgos muy diferentes dependiendo del lugar donde viven, de las condiciones de su vivienda y de las posibilidades que tienen para escapar temporalmente del calor.
El caso de los centros de datos submarinos: qué se sabe y qué no
Los centros de datos submarinos han sido estudiados como una alternativa tecnológica que podría aprovechar el agua fría del océano para reducir las necesidades de refrigeración.
Investigaciones de la University of Johannesburg señalan que estos sistemas pueden beneficiarse de menores costos de enfriamiento y que incluso podrían reducir la latencia para usuarios de zonas costeras. Pero esos mismos trabajos identifican un problema distinto: las olas de calor marinas reducen la disponibilidad de agua suficientemente fría para refrigerar los centros de datos.
Por ello, no sería correcto afirmar que la investigación disponible demuestra que los centros de datos submarinos sean responsables de las olas de calor marinas.
Lo que sí está documentado es que el calentamiento del océano puede convertirse en una limitación para esta tecnología. Estudios de la University of Johannesburg han analizado mecanismos para mantener operativos los centros de datos durante episodios de calentamiento oceánico.
La discusión forma parte de un problema más amplio: la expansión de la infraestructura digital aumenta la demanda energética y obliga a estudiar con mayor detalle su consumo de electricidad, agua y recursos para refrigeración.
El récord del Pacífico es una señal dentro de un sistema climático más amplio
El registro de 30.06 °C en Niño 3.4 no significa que todo el océano Pacífico tenga esa temperatura. Se trata de una región específica utilizada para seguir El Niño.
Pero el récord sí muestra hasta qué punto las condiciones actuales se han apartado de los valores históricos.
El 5 de octubre, la temperatura de esa región estuvo aproximadamente 3.4 °C por encima de la referencia de 1991-2020, según los análisis difundidos a partir de los datos de NOAA OISST procesados por Climate Reanalyzer.
El Niño, además, modifica la distribución del calor en el sistema climático y puede alterar los patrones de lluvia, temperatura y circulación atmosférica en distintas partes del mundo.
Por eso, el dato más importante no es solamente que el Pacífico haya cruzado una cifra redonda.
Es que el océano, la atmósfera y el cuerpo humano están conectados dentro del mismo sistema climático.
El problema ya no es solamente cuánto sube el termómetro
La investigación sobre estrés térmico plantea un cambio en la forma de medir los riesgos del calentamiento global.
Ya no basta con preguntar “¿cuántos grados aumentó la temperatura?”.
También es necesario preguntar:
- ¿Cuánto tiempo permanece el cuerpo expuesto al calor?
- ¿La noche permite recuperarse?
- ¿Qué humedad acompaña a la temperatura?
- ¿Cuántos días consecutivos se acumulan?
- ¿La población tiene acceso a vivienda adecuada, agua, sombra, refrigeración y servicios médicos?
- ¿Qué capacidad de adaptación existe en cada comunidad?
Los datos muestran que el estrés térmico está aumentando en múltiples dimensiones: los días más extremos son más cálidos, las noches más cálidas avanzan con mayor rapidez y los episodios compuestos son cada vez más frecuentes.
Y mientras el Pacífico registra temperaturas inéditas en una de las principales regiones de seguimiento de El Niño, el desafío para las ciudades y las comunidades no consiste únicamente en resistir temperaturas máximas.
Consiste en evitar que el calor se acumule durante días y noches hasta superar la capacidad del cuerpo, de las viviendas y de los sistemas urbanos para responder.
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