USS Abraham Lincoln regresa a San Diego tras casi 11 meses en Oriente Medio, con 265 días sin escala en puerto, problemas de abastecimiento y ocho intentos de suicidio reportados durante el despliegue
La misión estuvo marcada por tensiones con Irán y dificultades para garantizar alimentos, medicamentos y atención médica a la tripulación.

El USS Abraham Lincoln regresará este jueves a San Diego después de casi 11 meses de despliegue, en una de las misiones más largas de un portaaviones estadounidense desde el final de la Segunda Guerra Mundial.
El buque y sus barcos de escolta pasaron 265 días consecutivos sin hacer escala en puerto, enfrentaron dificultades para recibir alimentos y otros suministros y estuvieron expuestos a ataques durante sus operaciones en Oriente Medio.
El regreso ocurre después de una misión que también estuvo marcada por reportes sobre agotamiento y problemas de salud mental entre integrantes de la tripulación.
El San Diego Union-Tribune informó sobre las condiciones que enfrentaron los militares, mientras autoridades de la Armada han defendido las decisiones tomadas durante el despliegue y aseguran que los problemas de abastecimiento fueron atendidos.
Un regreso después de casi 11 meses en operaciones
La tripulación del Lincoln recibirá este jueves el recibimiento en la Estación Aeronaval de North Island, en San Diego, después de permanecer durante meses en una zona donde las condiciones de seguridad impidieron realizar escalas regulares.
El regreso también se retrasó porque el portaaviones tuvo que esperar la llegada de un buque que lo relevaría. La ausencia prolongada de un puerto fue uno de los aspectos más destacados de la misión: el Lincoln permaneció 265 días seguidos sin entrar a puerto porque no había un muelle considerado seguro en la zona de combate.
El vicealmirante Marc Miguez, quien asumió el mando de la Tercera Flota a finales de julio, defendió la decisión de mantener al grupo de combate en el mar y señaló que fue la medida correcta desde el punto de vista militar.
También sostuvo que la moral de la tripulación es más alta de lo que se ha retratado y que muchos marineros se sienten orgullosos del papel que desempeñaron durante el conflicto.

El portaaviones estuvo expuesto a ataques de Irán
Miguez, quien anteriormente comandó el Grupo de Ataque del Portaaviones USS Eisenhower, señaló al Union-Tribune que el Lincoln y sus barcos de escolta estuvieron bajo ataques de Irán durante el despliegue.
Según explicó, las amenazas que enfrentó el grupo pudieron tener una mayor capacidad ofensiva que aquellas a las que él estuvo expuesto durante su misión con el Eisenhower.
El vicealmirante también indicó que parecía que Irán estaba obteniendo información para determinar cómo atacar al grupo del Lincoln, lo que incrementaba el riesgo para los buques estadounidenses. En ese contexto, los militares debían evaluar constantemente si un misil que se aproximaba estaba dirigido contra ellos o contra algún objetivo que estaban protegiendo.
En un momento del despliegue, Irán afirmó que había alcanzado al Lincoln con misiles y drones, una versión que se difundió rápidamente en redes sociales. Sin embargo, el Pentágono desmintió esa información y aseguró que el portaaviones no había sido alcanzado.
El Lincoln estuvo protegido principalmente por los destructores USS Frank E. Petersen Jr., USS Michael Murphy y USS Spruance. Este último, con base en San Diego, continúa patrullando la zona.
Las dificultades para recibir alimentos y suministros
La misión también estuvo marcada por problemas relacionados con la cadena de abastecimiento. El Lincoln y sus barcos de escolta enfrentaron escasez de alimentos y otros suministros, situación que se complicó después de que Irán destruyera un centro estadounidense de logística y abastecimiento en Baréin.
A partir de entonces, los buques tuvieron que utilizar depósitos situados a mayor distancia. Miguez explicó que el grupo de combate tuvo que adaptarse rápidamente a los retrasos y aseguró que los problemas fueron identificados y atendidos durante el despliegue.
El vicealmirante también cuestionó la gravedad de algunos reportes sobre las dificultades de abastecimiento y sostuvo que estos problemas, relacionados directamente con la calidad de vida de los militares, fueron comunicados y solucionados.
La operación del Lincoln y sus barcos de escolta representa además un gasto considerable: el portaaviones tiene un costo de operación de alrededor de 1.5 millones de dólares diarios.

También hubo preocupación por la salud mental
A medida que se prolongó el despliegue, aumentaron los reportes sobre agotamiento y problemas de salud mental entre integrantes de la tripulación.
La representante estadounidense Sara Jacobs, de San Diego, visitó el Lincoln en alta mar el 7 de septiembre para conocer las condiciones en las que se encontraban los militares.
Después de la visita, Jacobs informó que marineros e infantes de marina le hablaron sobre dificultades para lavar su ropa, conseguir medicamentos y recibir atención médica, además de problemas para alimentarse lo suficiente.
La congresista responsabilizó al presidente Donald Trump por las condiciones del despliegue y señaló que algunos militares habían llegado a intentar suicidarse.
Las preocupaciones también fueron planteadas por familiares de integrantes de la tripulación durante una reunión con el secretario interino de la Marina, Hung Cao, realizada el 6 de agosto en North Island. Cao posteriormente cuestionó la manera en que algunos medios estaban describiendo a los militares y afirmó que intentaban presentarlos como víctimas.
Se registraron ocho intentos de suicidio
La senadora estadounidense Kristen Gillibrand, de Nueva York, pidió a Cao más información sobre los problemas de salud mental registrados durante el despliegue. En una carta fechada el 22 de septiembre, el secretario informó que se habían registrado ocho intentos de suicidio en todo el grupo de combate.
La cifra incluye a integrantes de la tripulación del Lincoln, del ala aérea embarcada, del personal del grupo de combate y del escuadrón de destructores, además de los destructores de escolta y los escuadrones de aviación embarcados.
Miguez señaló al Union-Tribune que no conocía los detalles de cada uno de los ocho casos, pero explicó que la Armada documenta los contactos con los marineros para dar seguimiento a su tratamiento de salud mental y acompañar su recuperación.
La situación será revisada como parte de una evaluación exhaustiva del Lincoln una vez concluido el despliegue, de acuerdo con lo señalado por Miguez.

Miguez ya había enfrentado un despliegue prolongado
El actual comandante de la Tercera Flota cuenta con experiencia en misiones de larga duración. Durante 2023 y 2024 estuvo al frente del Grupo de Ataque del Portaaviones USS Eisenhower, cuyo despliegue estaba previsto originalmente para durar entre seis y siete meses.
La misión cambió cuando el grupo fue enviado a Oriente Medio para proteger rutas de navegación internacional atacadas por fuerzas hutíes respaldadas por Irán desde Yemen. El despliegue terminó extendiéndose durante nueve meses y estuvo marcado por enfrentamientos continuos.
Miguez considera que la capacidad del Lincoln para mantenerse en movimiento fue una de sus principales ventajas durante la misión. Explicó que, a diferencia de una base fija cuya ubicación puede conocerse con anticipación, resulta mucho más difícil determinar dónde estará un portaaviones en alta mar.
“Sé dónde está la base aérea de Kadena, en Japón. Y sé dónde estará mañana. Lo que no sé es dónde estará el USS Abraham Lincoln dentro de una hora”, señaló.
También resumió esa ventaja al explicar que es extremadamente difícil alcanzar un objetivo que se encuentra en movimiento en alta mar.
El regreso a San Diego marca el siguiente paso
Con el Lincoln a punto de regresar a San Diego, Miguez señaló que su atención está puesta ahora en recibir a la tripulación y atender las consecuencias de una misión que se prolongó durante casi 11 meses.
La revisión de las condiciones que enfrentaron los militares formará parte de la evaluación que se realizará una vez concluido el despliegue.
Al mismo tiempo, la Tercera Flota mantiene la atención sobre el USS Theodore Roosevelt, que partió de San Diego rumbo a Oriente Medio el 27 de septiembre.
Para Robert Thomas, profesor de la UC San Diego y vicealmirante retirado que comandó la 7.ª Flota de la Marina, el regreso representa el final de una experiencia difícil para los integrantes del Lincoln.
“Todos estos marineros han pasado por una situación difícil”, afirmó Thomas. “Pero se recuperarán de esto”.
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