En Venezuela un letrero “Bienvenidos a Ciudad Carpita” identifica a un campamento de familias que lo perdieron todo
El campamento no fue planeado como un asentamiento permanente y adaptan el espacio ante una espera cuya duración todavía desconocen.
LA GUAIRA, Venezuela.- Una bandera venezolana y un letrero con la frase “Bienvenidos a Ciudad Carpita” marcan la entrada de un campamento levantado junto a la playa de Mare Abajo, en La Guaira. Allí viven familias que perdieron sus departamentos durante los dos terremotos de magnitud 7.2 y 7.5 que sacudieron el norte de Venezuela el 24 de junio de 2026.
El campamento fue documentado por la agencia AFP el 17 de julio, cuando casi 21 mil damnificados permanecían en refugios de Caracas y La Guaira. Un informe posterior de UNICEF elevó a cerca de 23 mil 100 el número de personas alojadas en campamentos temporales del Distrito Capital, La Guaira, Miranda y Aragua.
Más de un mes después de los sismos, el balance oficial llegó a 6 mil 125 muertes. La atención inmediata dejó paso a otra etapa: encontrar vivienda, recuperar documentos, evitar enfermedades y reconstruir comunidades que quedaron separadas por los derrumbes.
Ciudad Carpita surge frente a un conjunto habitacional destruido
Hengelbert Bello, de 38 años, vivía con su familia en Gran Cacique Mare Abajo, un conjunto de alrededor de mil departamentos construido durante el gobierno de Hugo Chávez. Los edificios quedaron dañados o destruidos y sus habitantes se trasladaron a la playa ubicada frente al complejo, reseñó France 24.
Bello perdió a varios familiares durante los terremotos. Ahora comparte el campamento con antiguos vecinos y personas que enfrentan la misma incertidumbre.
“Tenemos que salir adelante, tenemos que agradecer que tenemos una oportunidad”, dijo a AFP.
Las carpas forman pasillos sobre la arena. En ellos, las familias organizaron espacios para dormir, cocinar, guardar alimentos y realizar las tareas que antes hacían dentro de sus viviendas.
El campamento no fue planeado como un asentamiento permanente. Sin embargo, conforme pasan las semanas, sus habitantes adaptan el espacio ante una espera cuya duración todavía desconocen.
¿Cómo se organiza la vida dentro del refugio?
Los damnificados comparten refrigeradores y preparan alimentos en ollas comunitarias, utilizando bombonas de gas. Algunas personas ofrecen lavadoras portátiles por cinco dólares, lo que permite limpiar ropa y cobijas dentro del campamento.
La electricidad llega mediante un cable conectado a un poste del alumbrado público. El servicio presenta interrupciones, por lo que no siempre es posible conservar alimentos, cargar teléfonos o utilizar otros aparatos.
Las autoridades envían diariamente un camión cisterna para llenar depósitos portátiles. El agua se distribuye sin costo, pero las necesidades aumentan cuando se utiliza para beber, preparar comida, bañarse, lavar ropa y mantener limpios los espacios comunes.
Eunice Hernández, de 45 años y madre de dos adolescentes, explicó que las familias procuran mantener ordenado el lugar a pesar de las condiciones. El objetivo es reducir riesgos y conservar rutinas mientras esperan una alternativa de vivienda.
¿Por qué el agua y los baños son una prioridad?
La concentración de personas en espacios temporales incrementa el riesgo de enfermedades respiratorias, infecciones de la piel y padecimientos intestinales, en especial cuando faltan agua potable, baños, regaderas y sistemas adecuados para retirar residuos.
Equipos médicos fueron instalados en hospitales de campaña para atender a los habitantes y vigilar la posible propagación de enfermedades. UNICEF también desplegó equipos móviles de salud, distribuyó productos de higiene y apoyó el suministro diario de agua en campamentos de La Guaira.
Hasta finales de julio, el organismo reportaba la distribución diaria de 80 mil litros de agua en tres campamentos de transición, además de artículos de higiene con capacidad para apoyar a 29 mil personas. Más de 21 mil habitantes habían recibido consultas de atención primaria, incluidas vacunas y servicios para mujeres embarazadas.
La ayuda también incluye espacios para niñas, niños y adolescentes, así como atención psicológica y orientación para padres y cuidadores. UNICEF advirtió que las consecuencias emocionales del desplazamiento pueden aparecer semanas después, incluso entre menores que inicialmente parecen no mostrar afectaciones.
Los vecinos regresan a observar lo que quedó de sus hogares
Algunos damnificados vuelven de manera periódica a las zonas afectadas para revisar sus edificios, buscar pertenencias o conocer si existe la posibilidad de recuperar sus departamentos.
Ramón González, barbero de 42 años, vivía con su esposa y sus cuatro hijos en una de las torres dañadas. Al recorrer el sitio recordó a una adolescente que murió el día en que se preparaba para celebrar sus 15 años.
“Muchos sueños se quedaron aquí”, expresó.
Su familia comparte ahora el refugio con dos adultos mayores que no tienen familiares cercanos. González aseguró que esperará el tiempo necesario para recuperar una vivienda, aunque todavía no sabe cuándo podrá salir del campamento.
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¿Qué daños dejaron los terremotos en La Guaira?
Los movimientos del 24 de junio fueron un fenómeno conocido como doblete sísmico: dos terremotos de magnitudes similares que ocurren en la misma zona y con pocos segundos de diferencia. El primero tuvo una magnitud de 7.2 y el segundo alcanzó 7.5 apenas 39 segundos después.
La Guaira fue una de las zonas con mayores daños. AFP reportó el 17 de julio que al menos 185 edificaciones se habían desplomado en el estado y cerca de 900 presentaban afectaciones. Algunos inmuebles se partieron y otros registraron desplazamientos estructurales que impiden el regreso de sus habitantes.
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A escala nacional, las autoridades reportaron posteriormente 190 edificios colapsados y 856 inmuebles dañados. Las diferencias entre los conteos pueden responder a las fechas de actualización y a la clasificación utilizada para separar los derrumbes de otros tipos de afectación.
La reconstrucción apenas comienza
El balance oficial aumentó a 6 mil 125 fallecidos el 3 de agosto, mientras cerca de 61 mil personas habían pasado por hospitales y centros médicos. Para entonces, las cuadrillas solo habían retirado 16.5% de los escombros, una señal del tiempo que podrían requerir la búsqueda, la evaluación de estructuras y la reconstrucción.
Las familias de Ciudad Carpita necesitan una solución que vaya más allá de la ayuda diaria. Requieren viviendas seguras, servicios de agua y electricidad, atención médica, apoyo psicológico y respuestas sobre el futuro de los terrenos donde estaban sus hogares.
Mientras esas decisiones llegan, el campamento continúa funcionando mediante acuerdos entre vecinos. Las familias comparten comida, cuidan a menores y adultos mayores y organizan las tareas básicas. El refugio permite resolver el día, pero no elimina la incertidumbre de quienes pasaron de un departamento a una tienda de campaña en cuestión de segundos.
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