Hace 29 años, dos ecólogos impulsaron un experimento que cubrió tres hectáreas degradadas de Costa Rica con 12 mil toneladas de cáscaras de naranja; 16 años después, el terreno se había convertido en bosque y tenía 176% más biomasa
El proyecto fue detenido por una resolución judicial y permaneció casi olvidado durante 15 años, pero una evaluación científica encontró suelo más fértil, mayor diversidad de árboles y una recuperación forestal que no se observó en el terreno vecino

En 1997, los ecólogos Daniel Janzen y Winnie Hallwachs impulsaron un experimento que permitió depositar cerca de 12 mil toneladas de cáscaras y pulpa de naranja sobre tres hectáreas de un antiguo pastizal degradado dentro del Área de Conservación Guanacaste, en Costa Rica.
Cuando un equipo de investigadores evaluó el terreno 16 años después, encontró que la zona tratada tenía 176% más biomasa aérea que una parcela vecina sin residuos, además de un suelo con más nutrientes, mayor diversidad de árboles y un dosel forestal más cerrado.
La información fue publicada originalmente por Xataka, con base en la investigación Low-Cost Agricultural Waste Accelerates Tropical Forest Regeneration, publicada en la revista científica Restoration Ecology, y en los reportes de la Universidad de Princeton sobre el proyecto.
¿Cómo comenzó el experimento con cáscaras de naranja?
Janzen y Hallwachs trabajaban como investigadores y asesores técnicos del Área de Conservación Guanacaste, una zona protegida ubicada en el noroeste de Costa Rica.
Los ecólogos propusieron un acuerdo a Del Oro, una empresa procesadora de jugo que había comenzado a operar cerca del área de conservación. La compañía donaría terrenos con cobertura forestal al parque y, a cambio, podría colocar sus residuos de naranja sobre una superficie dañada por años de actividad ganadera.
El objetivo era permitir que las cáscaras y la pulpa se biodegradaran y aportaran materia orgánica a un suelo que tenía dificultades para regenerarse.
Durante el primer año del acuerdo, cerca de mil camiones transportaron aproximadamente 12 mil toneladas métricas de residuos hacia las tres hectáreas seleccionadas. El terreno estaba dominado por pastos invasores, roca expuesta y una limitada presencia de árboles jóvenes.
Un litigio detuvo el proyecto
El experimento no pudo continuar como había sido planeado.
TicoFruit, una compañía competidora de Del Oro, presentó una demanda al considerar que el depósito de residuos contaminaba un parque nacional. En 1998, la Sala Constitucional de Costa Rica resolvió en contra del proyecto y ordenó detener las descargas.
La controversia dejó el terreno fuera de los programas de investigación durante aproximadamente 15 años.
Aunque el acuerdo quedó cancelado, las miles de toneladas de residuos ya habían sido colocadas sobre la parcela. Timothy Treuer, uno de los autores del estudio posterior, relató que en seis meses el material orgánico se había transformado en varios centímetros de suelo negro y había cubierto los pastos invasores.
Los investigadores no podían encontrar el terreno
En 2013, Treuer regresó al Área de Conservación Guanacaste para revisar qué había ocurrido con la superficie tratada.
El cambio era tan amplio que inicialmente tuvo dificultades para localizar el sitio. El letrero amarillo que señalaba la parcela había quedado oculto por árboles, lianas y vegetación, pese a encontrarse a pocos metros del camino.
El contraste con el terreno vecino era visible. En la superficie que no recibió residuos todavía había pasto seco y roca expuesta, mientras que en el área cubierta con cáscaras era necesario abrirse paso entre la vegetación.
La transformación visual llevó a los investigadores a diseñar una evaluación para medir las diferencias y determinar si la recuperación podía atribuirse al tratamiento.
¿Qué encontraron 16 años después?
El equipo estableció líneas de estudio dentro de la zona tratada y en una parcela de control ubicada al otro lado del camino.
Los investigadores midieron el diámetro de los árboles, identificaron las especies, analizaron muestras de suelo y estudiaron el cierre del dosel, que es la cobertura formada por las copas de los árboles.
Los resultados mostraron que la parcela tratada tenía:
- 176% más biomasa aérea.
- Mayor concentración de nutrientes en el suelo.
- Más riqueza de especies de árboles.
- Una cobertura forestal más cerrada.
- Una estructura vegetal distinta a la del pastizal vecino.
La biomasa aérea se refiere a la materia vegetal acumulada sobre el suelo, principalmente en troncos, ramas y otras partes de los árboles. No significa que hubiera 176% más árboles, sino una cantidad considerablemente mayor de madera y vegetación.
¿Por qué las cáscaras ayudaron a regenerar el bosque?
Los investigadores no identificaron un solo mecanismo responsable de la transformación.
La principal hipótesis es que la descomposición de las cáscaras aportó macronutrientes y micronutrientes a un suelo empobrecido. El estudio encontró niveles elevados de nutrientes en muestras recogidas dos y 16 años después del depósito inicial.
La capa de residuos también habría cubierto los pastos invasores que dominaban el terreno. Estas plantas competían con los árboles jóvenes por luz, agua, espacio y nutrientes, además de favorecer la propagación del fuego durante las temporadas secas.
Al disminuir temporalmente los pastos y mejorar el suelo, las semillas procedentes de áreas forestales cercanas pudieron encontrar mejores condiciones para germinar y crecer.
Los científicos consideran que ambos procesos actuaron de manera conjunta y aceleraron una restauración ecológica que, sin intervención, habría requerido más tiempo o podría haber permanecido detenida.
¿Las cáscaras capturaron carbono?
El aumento de la biomasa indica que la parcela acumuló más materia vegetal que el terreno vecino.
A medida que los árboles crecen, absorben dióxido de carbono mediante la fotosíntesis y almacenan parte de ese carbono en sus troncos, ramas y raíces. Por esta razón, la recuperación forestal también tuvo un efecto de captura de carbono.
Timothy Treuer señaló que el proyecto permitió combinar la disposición de residuos industriales con la regeneración de un terreno degradado, sin recurrir a un programa convencional de plantación de árboles.
Sin embargo, el estudio no estableció que cualquier depósito de residuos agrícolas producirá los mismos resultados ni que esta práctica deba realizarse sin supervisión.
¿Se puede repetir el experimento en cualquier lugar?
El caso de Costa Rica no representa una autorización para verter cáscaras, alimentos u otros residuos en áreas protegidas.
Antes de aplicar un método similar sería necesario evaluar la composición del material, la cantidad utilizada, la condición del suelo, la cercanía de cuerpos de agua y los posibles efectos sobre las especies locales.
También se requerirían permisos ambientales, seguimiento científico y un plan para evitar contaminación, malos olores, proliferación de plagas o alteraciones no previstas.
Los investigadores plantearon que ciertos residuos agrícolas podrían utilizarse como herramientas de restauración cuando existe una colaboración regulada entre empresas, científicos y autoridades ambientales.
El experimento mostró una oportunidad, no una fórmula universal
La investigación documentó que las tres hectáreas cubiertas con cáscaras y pulpa desarrollaron un bosque con más biomasa, nutrientes y diversidad que la parcela utilizada como comparación.
El resultado demuestra que un residuo de la industria alimentaria puede contribuir a recuperar determinados suelos degradados bajo condiciones específicas.
No obstante, los autores subrayaron que se trata de un caso de estudio. Su aplicación en otros ecosistemas deberá sustentarse en análisis científicos, controles ambientales y autorización institucional.
Sigue nuestro canal de WhatsApp
Recibe las noticias más importantes del día. Da click aquí
Te recomendamos

Captan a dos menores presuntamente maltratando a un cachorro en Playas de Tijuana

Activista Alex Serna denunció en México a empresas y proyectos por daños ambientales y ahora fue encontrado sin vida

Inician rescate del Parque de Los Sauces, uno de los últimos pulmones verdes de Tijuana

Organizaciones piden proteger el sistema lagunar de Mexicali

Grupo Healy © Copyright Impresora y Editorial S.A. de C.V. Todos los derechos reservados