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La obsesión de un hombre por convertirse en vampiro lo llevó a robar y sacrificar animales para dejarlos en iglesias del sur de Inglaterra, y su caso terminó con un internamiento psiquiátrico obligatorio

El acusado, que se identificó como “Conde Drácula” ante el tribunal, fue capturado gracias a un rastro de ADN y vigilancia policial basada en calendarios satánicos.

La obsesión de un hombre por convertirse en vampiro lo llevó a robar y sacrificar animales para dejarlos en iglesias del sur de Inglaterra, y su caso terminó con un internamiento psiquiátrico obligatorio

La obsesión de un hombre por los vampiros y su creencia de que beber sangre lo haría inmortal llevaron a una serie de macabros hallazgos en iglesias del New Forest, en Hampshire, que mantuvieron en vilo a una comunidad entera.

El acusado, que se identificó ante el tribunal como “Conde Drácula”, ha sido internado en un hospital psiquiátrico, según The Guardian.

La investigación, que incluyó vigilancia policial en fechas clave del calendario satánico, reveló un patrón de acoso que alarmó a feligreses y granjeros por igual.

Un rastro de animales muertos en lugares sagrados

Durante varios meses, los habitantes de la tranquila región del New Forest, en el sur de Inglaterra, comenzaron a encontrar una escena recurrente y perturbadora: los cuerpos sin vida de corderos y ciervos, abandonados en las puertas y los interiores de sus iglesias locales.

La policía de Hampshire identificó rápidamente un patrón en estos actos. Las autoridades iniciaron una investigación que culminó con la detención de Benjamin Lewis, un hombre de 48 años, cuyo ADN fue hallado en los restos de un cordero.

Los hechos, que tuvieron lugar entre febrero y agosto del año pasado, no fueron actos aislados, sino parte de una compleja obsesión personal.

Según la investigación, Lewis, originario de Totton, Southampton, no solo colocaba los animales, sino que en algunos casos los había robado y sacrificado él mismo de granjas cercanas.

Esta doble faceta delictiva, el robo de ganado y la profanación de espacios sagrados, generó una profunda inquietud en la comunidad, afectando tanto a la vida cotidiana de los feligreses como a la seguridad de los ganaderos de la zona.

La obsesión por la vida eterna y el patrón satánico

La motivación detrás de estos actos, que en un principio parecían incomprensibles, fue esclarecida durante el proceso judicial. La policía determinó que Lewis estaba profundamente fascinado por el vampirismo.

La agente Jessica Surman, quien lideró la investigación, explicó que el acusado creía firmemente que beber sangre le prolongaría la vida.

Creía que si bebía suficiente sangre, no iría al infierno, no moriría y se convertiría en un vampiro”, declaró Surman a la salida del tribunal.

Esta creencia, arraigada en un complejo cuadro de salud mental, era el motor de sus acciones.

Para atraparlo, los oficiales tuvieron que emplear una estrategia inusual. Surman explicó que el grupo de investigación consultó calendarios satánicos y colocaron agentes en las iglesias en fechas significativas.

Este enfoque permitió a la policía anticipar los movimientos de Lewis, quien seguía un patrón ritualístico vinculado a estas fechas. Los agentes documentaron cómo los animales aparecían a veces junto a cruces invertidas o cartas de tarot, elementos que buscaban enviar un mensaje de intimidación.

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Un historial de perturbación y un futuro incierto

Lewis contaba con antecedentes ante la ley. En 2003, ya había sido encarcelado por acosar a un vicario y su familia, realizando llamadas abusivas y colocando imágenes obscenas en el tablón de anuncios de la iglesia.

El juez William Mousley KC, al dictar sentencia, determinó que Lewis no podía ser responsabilizado penalmente en el sentido convencional debido a su estado mental. En su lugar, ordenó su internamiento en un hospital psiquiátrico de seguridad media.

El juez especificó que Lewis permanecerá detenido para recibir tratamiento hasta que un tribunal de salud mental o el secretario de Justicia consideren que es seguro para él ser liberado.

El psiquiatra consultor Dr. Gauruv Malhan informó al tribunal que Lewis padece “dificultades complejas de salud mental” y que ya había mostrado comportamientos preocupantes desde la adolescencia, como colocar una rana muerta en una cruz.

El especialista expresó su temor de que Lewis pudiera llegar a dañar a seres humanos, un riesgo que se evidenció en el hospital, donde agredió a otros pacientes y trató de agredir al propio psiquiatra.

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El peso de la sentencia y el arrepentimiento del acusado

Al final del proceso, Lewis, quien compareció por videoconferencia desde el hospital, ofreció una disculpa a sus víctimas y declaró no guardar rencor hacia la policía que lo había capturado.

Su abogado defensor, Andrew Price, subrayó que su cliente reconoce el mal que causó y está arrepentido.

El caso de Benjamin Lewis, conocido en los tribunales como “Conde Drácula”, es un oscuro recordatorio de cómo las obsesiones personales, cuando se combinan con graves trastornos mentales, pueden perturbar profundamente la vida de una comunidad entera.

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