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Científicos vertieron 62 mil litros de soda cáustica y tiñeron de rosa el océano para comprobar si esta tecnología puede ayudar a capturar más dióxido de carbono sin afectar la vida marina

El ensayo, autorizado por el gobierno de Estados Unidos, evaluó si aumentar la alcalinidad del agua permite que el océano absorba más CO₂, aunque los científicos advierten que aún no es una solución lista para aplicarse a gran escala.

El experimento, realizado en el golfo de Maine con autorización del gobierno de Estados Unidos, evaluó si aumentar la alcalinidad del agua permite que el océano absorba una mayor cantidad de dióxido de carbono y ayude a disminuir la acidificación marina.

Aunque los primeros resultados fueron positivos desde el punto de vista técnico, los investigadores aclaran que aún no existe evidencia suficiente para aplicar esta estrategia a gran escala.

La búsqueda de nuevas herramientas para combatir el cambio climático llevó a un grupo de científicos de Estados Unidos a realizar un experimento poco común: verter alrededor de 62 mil 500 litros de una solución diluida de soda cáustica en el océano y teñir temporalmente el agua de color rosa para seguir el recorrido de la mezcla.

De acuerdo con información del Instituto Oceanográfico Woods Hole (WHOI), responsable del proyecto, la prueba se llevó a cabo en agosto de 2025 en el golfo de Maine y fue la primera intervención de aumento de la alcalinidad del océano autorizada por el gobierno federal de Estados Unidos. Los resultados iniciales fueron publicados en febrero de 2026.

Los investigadores explican que el objetivo no era modificar la química de todo el golfo, sino comprobar si esta tecnología puede aumentar la capacidad del océano para capturar dióxido de carbono (CO₂) de la atmósfera y reducir algunos efectos de la acidificación del agua.

¿Por qué los científicos vertieron soda cáustica en el océano?

El compuesto utilizado fue hidróxido de sodio de alta pureza, mejor conocido como soda cáustica, una sustancia alcalina utilizada habitualmente en procesos industriales.

Antes de liberarlo, el equipo científico diluyó la solución y la incorporó lentamente al agua superficial durante aproximadamente seis horas, con el propósito de controlar cuidadosamente el experimento.

La prueba parte de un principio conocido desde hace décadas.

Actualmente, los océanos absorben entre el 25 % y el 30 % del dióxido de carbono generado por las actividades humanas, lo que ayuda a disminuir parcialmente el calentamiento global.

Los especialistas consideran que si aumenta ligeramente la alcalinidad del agua, el océano puede transformar una mayor cantidad de CO₂ en bicarbonato, una forma química estable que permanece de manera natural en el agua durante largos periodos.

Además de almacenar más carbono, esta técnica podría disminuir la acidificación del océano, un problema que afecta a especies como corales, ostras, almejas y diversos organismos del plancton, cuya supervivencia depende de formar estructuras de carbonato de calcio.

No obstante, los propios investigadores subrayan que demostrar que el proceso funciona en una prueba controlada no significa que pueda utilizarse de forma segura o efectiva a gran escala.

¿Por qué el agua del mar se volvió rosa?

Uno de los aspectos que más llamó la atención fue el intenso color rosa que adquirió una parte del océano. Sin embargo, el color no fue provocado por la soda cáustica.

Los investigadores añadieron deliberadamente un colorante llamado Rhodamine Water Tracer, ampliamente utilizado en estudios oceanográficos para seguir el movimiento del agua.

Gracias a este marcador pudieron identificar con precisión cómo las corrientes marinas dispersaban la solución y monitorear el área tratada incluso cuando el color ya no era visible para el ojo humano.

Durante cinco días, un segundo barco científico siguió la trayectoria de la mancha mientras diferentes equipos registraban información sobre:

  • El pH del agua.
  • La alcalinidad.
  • La concentración de dióxido de carbono disuelto.
  • La temperatura.
  • La salinidad.
  • El comportamiento de las corrientes marinas.

La investigación también incorporó vehículos submarinos autónomos, boyas flotantes, drones y observaciones satelitales, con el fin de comparar los datos obtenidos con modelos elaborados previamente por computadora.

Según Adam Subhas, líder del proyecto, los resultados iniciales muestran que este tipo de intervenciones pueden diseñarse, rastrearse y monitorearse con un alto nivel de precisión.

¿El experimento afectó a la vida marina?

Uno de los principales objetivos consistía en conocer si el aumento temporal del pH podía alterar los ecosistemas marinos.

En esta primera evaluación, los investigadores no encontraron diferencias significativas entre las zonas intervenidas y las áreas cercanas en varios indicadores biológicos.

Entre ellos analizaron:

  • Bacterias.
  • Fitoplancton.
  • Concentración de clorofila.
  • Zooplancton.
  • Larvas de peces.
  • Larvas de langosta.

Sin embargo, el equipo insiste en que la ausencia de efectos detectables en una prueba de pequeña escala no significa que la tecnología sea completamente segura.

El estudio no evaluó directamente el impacto sobre peces adultos, mamíferos marinos ni otros organismos ubicados en niveles superiores de la cadena alimentaria, además de que tampoco permite saber qué ocurriría si estas intervenciones se realizaran de manera constante durante varios años.

¿Por qué eligieron el golfo de Maine?

Hasta hace poco, la mayoría de las investigaciones sobre el aumento de la alcalinidad del océano solo se realizaban mediante simulaciones por computadora o experimentos de laboratorio.

El océano abierto representa un escenario mucho más complejo debido a factores como las mareas, el viento y las corrientes, que modifican continuamente la distribución del agua.

Por ello, el ensayo buscaba comprobar si los modelos científicos eran capaces de predecir correctamente el comportamiento de la mezcla y si era posible medir con precisión la captura de carbono y los posibles efectos ecológicos.

La autorización para realizar la prueba fue otorgada por el gobierno federal de Estados Unidos tras más de un año de revisión, incluyendo 75 días de consulta pública.

Durante ese proceso, la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) concluyó que, debido a su tamaño reducido, no se esperaba que el experimento produjera impactos significativos sobre las personas, los ecosistemas marinos ni las actividades económicas de la zona.

Además, el equipo científico informó haber sostenido más de 50 reuniones con pescadores, comunidades tribales, autoridades, empresas y organizaciones locales antes de iniciar el proyecto.

Una tecnología con potencial, pero todavía lejos de aplicarse

El aumento de la alcalinidad del océano forma parte de las tecnologías que actualmente se investigan para retirar carbono de la atmósfera y ayudar a limitar el calentamiento global.

Su principal ventaja teórica consiste en que el carbono almacenado como bicarbonato puede permanecer disuelto durante largos periodos, sin necesidad de construir instalaciones subterráneas para almacenarlo.

Sin embargo, todavía existen preguntas importantes por resolver.

Los científicos señalan que aún falta conocer cuánta energía se necesita para producir y transportar los materiales alcalinos, cuánto carbono logra capturarse realmente, cuál sería el costo de monitorear grandes áreas del océano y qué efectos tendría repetir estas intervenciones durante años.

El experimento cubrió únicamente una pequeña zona ubicada a unos 61 kilómetros de la costa del golfo de Maine, por lo que todavía está muy lejos de demostrar que esta estrategia pueda aplicarse a una escala suficiente para influir sobre el cambio climático.

Por ello, los responsables del estudio enfatizan que estos resultados representan un avance científico para comprender mejor esta tecnología, pero no constituyen una validación para su uso masivo.

Además, recuerdan que, aunque algún día demostrara ser efectiva, esta técnica nunca sustituiría la reducción de las emisiones de combustibles fósiles, considerada la principal medida para frenar el calentamiento global.

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