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La Falla de San Andrés solía registrar grandes sismos cada 150 años, el siguiente era esperado hacia 2007 y aún no ocurre ¿estamos frente a una ‘’bomba de tiempo’'?

Han pasado casi 170 años desde el último gran terremoto de la sección sur de la Falla de San Andrés. Aunque los científicos no pueden predecir cuándo ocurrirá el próximo, el largo periodo sin una gran ruptura mantiene bajo vigilancia a esta gigantesca fractura que atraviesa California y se conecta con el norte de México.

La Falla de San Andrés es una de las zonas con mayor actividad sísmica del planeta, pero hay un detalle que desde hace años mantiene atentos a los geólogos: la sección sur lleva casi 170 años sin registrar un gran terremoto.

¿Por qué llama tanto la atención? Porque estudios realizados a partir de registros geológicos muestran que, durante miles de años, este tramo de la falla ha tenido grandes rupturas aproximadamente cada 150 años.

Si ese promedio se hubiera repetido de manera exacta, un nuevo gran sismo habría ocurrido alrededor de 2007. Sin embargo, eso no sucedió.

¿Significa que la falla está “retrasada”? En cierto sentido sí, respecto a ese promedio histórico, aunque los especialistas aclaran que la Tierra no funciona como un reloj y que nadie puede saber cuándo ocurrirá el siguiente gran terremoto.

¿Qué significa este “retraso”?

El último gran terremoto en la sección sur de la Falla de San Andrés ocurrió el 9 de enero de 1857, durante el histórico sismo de Fort Tejon, cuya magnitud se estima en 7.9.

Desde entonces han pasado casi 170 años sin que esa parte de la falla vuelva a romperse por completo.

Mientras tanto, las dos placas tectónicas que forman la falla siguen moviéndose entre 3 y 5 centímetros por año.

Como muchos tramos permanecen bloqueados por la fricción, esa energía no desaparece: se va acumulando lentamente bajo la superficie.

Por eso algunos investigadores consideran que el prolongado silencio sísmico podría significar que existe una gran cantidad de energía almacenada esperando liberarse.

¿Es una bomba de tiempo?

La respuesta corta es: podría serlo, pero nadie puede asegurarlo.

Los geólogos explican que una falla que permanece bloqueada durante mucho tiempo puede acumular más tensión, lo que aumenta el potencial para producir un terremoto importante cuando finalmente ocurra la ruptura.

Sin embargo, eso no significa que el sismo vaya a ocurrir mañana, el próximo año o dentro de una década.

La ciencia todavía no cuenta con herramientas para predecir la fecha exacta de un terremoto.

Lo que sí saben los especialistas es que la energía continúa acumulándose y que, tarde o temprano, la sección sur volverá a romperse.

¿Dónde podría sentirse el “Big One”?

Si el esperado Big One ocurriera en la parte sur de la Falla de San Andrés, los mayores daños podrían concentrarse en:

  • Palm Springs e Indio, en el Valle de Coachella.
  • San Bernardino y el Inland Empire.
  • Los Ángeles, debido a su cercanía con el sistema de fallas y su enorme población.
  • Mexicali, por las fallas relacionadas con el sistema de San Andrés.
  • El norte de Baja California, donde también existe una intensa actividad sísmica.

El verdadero peligro no es que California se parta en dos

Contrario a lo que muestran muchas películas de Hollywood, los científicos descartan que un terremoto haga que California se desprenda del continente o que enormes grietas se traguen ciudades enteras.

El verdadero riesgo está en el colapso de edificios, el daño a puentes y carreteras, la ruptura de tuberías de agua y gas, los incendios y los cortes prolongados de servicios básicos.

La prevención sigue siendo la mejor herramienta

Aunque el intervalo promedio de 150 años hace que el largo silencio de la Falla de San Andrés resulte llamativo para la comunidad científica, los expertos insisten en un punto fundamental: los terremotos no pueden predecirse.

Lo único seguro es que esta gigantesca falla seguirá acumulando y liberando energía como lo ha hecho durante millones de años.

Por eso, más que preguntarse si el Big One ocurrirá mañana o dentro de varias décadas, los especialistas recomiendan estar preparados en todo momento con un plan familiar de emergencia y una mochila con suministros básicos.

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