Grupo de topos mexicanos llegan este viernes a Venezuela, según Carlos Cienfuegos y advirtió que no se puede meter maquinaria hasta que se saque al último sobreviviente
El trabajo de un rescatista requiere seguir protocolos estrictos para garantizar la seguridad del equipo y de las víctimas.
MÉXICO.- Carlos Cienfuegos parte del equipo de los Topos de México, USAR BREC, informó que este viernes llegan a Venezuela para prestar el apoyo tras el fuerte terremoto de doble intensidad entre 7.2 y 7.5.
Indicó que ya el viernes al llegar deben trabajar al menos dos grupos para no parar la búsqueda y piden que las maquinarias no entren, ni siquiera 72 horas después mientras se saca al último sobreviviente, dijo en entrevista con Telemundo.
“Eso queremos evitar, por eso queremos llegar más rápido. Llevamos todo el equipo adecuado para trabajar”.
Dijo que solo necesitan estar allá para comenzar con las labores tras los dos terremotos y poder sacar la mayor cantidad de sobrevivientes.
Herencia del 19 de septiembre: los universitarios que mantienen vivo el espíritu de los Topos Tlatelolco
El terremoto de 1985 transformó la historia de México y dio origen a la Brigada de Rescate Topos Tlatelolco, un grupo de voluntarios civiles que hoy es un referente internacional en la atención de desastres.
Cuatro décadas después, la preparación técnica y la solidaridad comunitaria se mantienen como los pilares de esta organización. A través de los testimonios de Mario Luna e Iván Barrientos, integrantes de la brigada y miembros de la comunidad de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), es posible comprender cómo la combinación entre ciencia, voluntariado y prevención civil ayuda a salvar vidas dentro y fuera del país.
El origen de los Topos Tlatelolco y el peso de la experiencia
La brigada nació de la respuesta ciudadana tras el sismo de 1985, un momento en el que el país carecía de una estructura formal de protección civil. De acuerdo con información de la UNAM, este movimiento vecinal se profesionalizó con los años hasta convertirse en una asociación civil sin fines de lucro que opera mediante recursos propios y donaciones.
Mario Luna, ingeniero geólogo por la UNAM y empresario, se integró a la escuadra en 1993. Su interés por actividades como el rapel, el kayak y el entrenamiento de perros lo llevó a sumarse a las prácticas dominicales. Con el tiempo, asumió el rol de líder operativo.
“En el 85 no estábamos preparados, pero la ayuda civil sostuvo la ciudad”, recordó Luna.
A lo largo de su trayectoria, Luna ha participado en misiones de rescate internacionales en países como Haití, Turquía e Indonesia. Esta experiencia le permitió entender que el rescate en estructuras colapsadas exige tanto habilidades técnicas como estabilidad emocional. El manejo del impacto psicológico y la adaptación a diferentes culturas e idiomas son elementos indispensables en cada despliegue.
¿Cómo se aplica la ciencia y la técnica en un rescate?
El trabajo de un rescatista requiere seguir protocolos estrictos para garantizar la seguridad del equipo y de las víctimas. La formación universitaria de los integrantes aporta herramientas críticas durante los operativos:
- Evaluación de estructuras: Los conocimientos en geología y construcción permiten identificar muros de carga y columnas para determinar los puntos de acceso más seguros.
- Logística y tecnología: La aplicación de la física y la innovación ayuda a optimizar los recursos y mejorar la comunicación en zonas de desastre.
- Coordinación institucional: El trabajo en el sitio implica reportar bienes recuperados, colaborar con las autoridades locales y organizar el apoyo de la comunidad.
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Iván Barrientos, estudiante de Física en la Facultad de Ciencias de la UNAM, se integró al área operativa y de logística en 2006. Su motivación surgió de los relatos familiares sobre el sismo de 1985. Barrientos señala que combinar la formación científica con la acción social ofrece una perspectiva integral para enfrentar situaciones de crisis y coordinar la atención en inundaciones o sismos.
La evolución de la protección civil de 1985 a 2017
La cultura de la prevención en México muestra avances significativos entre los dos terremotos más destructivos de la historia reciente de la capital. Mientras que en 1985 la respuesta fue exclusivamente empírica, el sismo de 2017 demostró la utilidad de las herramientas de prevención desarrolladas en los años previos.
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Los simulacros constantes, los planes de evacuación y la señalización actual son el resultado directo de las lecciones aprendidas en el pasado. Ambos rescatistas coinciden en que la educación en materia de protección civil debe comenzar desde la infancia, tanto en las escuelas como en los hogares, para consolidar una sociedad prevenida.
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