El próximo super-El Niño: Qué esperar si los pronósticos de 2026 se cumplen
Según los modelos climáticos, tras una fase neutra en primavera de 2026, se prevé que a mediados de año comience un fenómeno de El Niño que podría volverse muy intenso hacia finales de año, llegando a ser un “super-El Niño”.
Según los modelos climáticos, tras una fase neutra en primavera de 2026, se prevé que a mediados de año comience un fenómeno de El Niño que podría volverse muy intenso hacia finales de año, llegando a ser un "super-El Niño". — En la primavera boreal de 2026, nos encontramos en una fase neutra del fenómeno ENOS (El Niño-Oscilación del Sur), después de un episodio de La Niña poco pronunciado. Sin embargo, los modelos de predicción climática anticipan con alta probabilidad que a mediados de 2026 entraremos en una fase de El Niño. Este evento podría intensificarse hacia finales de año, llegando a convertirse en un fenómeno muy intenso, al que algunos ya se refieren como un “super-El Niño”, dice el medio The Conversation.
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¿Qué es El Niño? Origen y definición
El Niño es un fenómeno climático recurrente que forma parte de un ciclo con tres fases: fría (La Niña), neutra y cálida (El Niño). Su nombre proviene de los pescadores peruanos del siglo XIX, quienes notaban que, en fechas cercanas a la Navidad, una corriente marina cálida y “anómala” aparecía en sus costas, reemplazando las habituales aguas frías de la corriente de Humboldt. Esa corriente cálida, rica en energía, recibió el nombre de El Niño.
Para ilustrar la diferencia térmica que este fenómeno altera, baste decir que ciudades como Antofagasta (Chile) y Río de Janeiro (Brasil) están en el mismo paralelo (trópico de Capricornio), pero sus aguas marinas tienen temperaturas medias muy distintas: 18 °C en la primera y 24 °C en la segunda. La llegada de El Niño significaba para los pescadores la desaparición de la anchoveta, un pez que necesita aguas frías ricas en plancton.
La ciencia detrás del fenómeno: Océano y atmósfera conectados
El Niño no es solo un evento oceánico. Para entenderlo, hay que conocer dos piezas importantes:
- La Oscilación del Sur (descubierta por Gilbert Walker en los años 20): Walker observó que la presión atmosférica entre el Pacífico sudamericano y el norte de Australia e Indonesia se comporta como un “balancín”: cuando aumenta en un lado, disminuye en el otro. Esta conexión a distancia, a miles de kilómetros, es lo que hoy llamamos una teleconexión.
- El acoplamiento océano-atmósfera (explicado por Jacob Bjerknes en los años 60): Bjerknes demostró que el calentamiento del Pacífico sudamericano (El Niño) está vinculado a la Oscilación del Sur. Cuando el anticiclón tropical del Pacífico sur y sus vientos alisios (que soplan de Sudamérica hacia Australia e Indonesia) se debilitan, las aguas cálidas del Pacífico ecuatorial se desplazan hacia Centroamérica y luego bajan por la costa de Ecuador, Perú y Chile. Así se genera El Niño. La unión de ambos conceptos da lugar al nombre técnico: El Niño-Oscilación del Sur (ENOS o ENSO).
Efectos históricos de El Niño (especialmente los intensos)
Los eventos más graves del siglo XX ocurrieron en diferentes momentos. En 1957-1958 hubo un Niño muy intenso que produjo precipitaciones torrenciales en Perú y otros países, junto con una grave sequía en la India y el sureste asiático, lo que impulsó la investigación sobre el fenómeno.
El Niño más intenso del siglo XX fue el de 1982-1983, que causó inundaciones en los países del Pacífico americano y el sur de Estados Unidos, sequías en el noreste de Brasil e Indonesia, e inviernos muy suaves en las latitudes medias de Europa, Asia y Norteamérica, detalla el medio Los Angeles Times.
El último Niño intenso del siglo XX ocurrió en 1997-1998, con graves inundaciones en California, lo que, por tratarse de una región estadounidense, tuvo un gran eco en los medios de comunicación.
Cabe mencionar que, a partir de 1982-83, se observó también la fase opuesta: La Niña, con aguas más frías de lo normal, un anticiclón reforzado y mayor estabilidad en los países andinos. Ambos fenómenos conforman ciclos recurrentes, aunque sin periodicidad fija.
¿Qué podría traer un “super-El Niño” en 2026-2027?
Según los modelos y expertos (como Jeff Berardelli, Daniel Swain y Michael Mann), un El Niño muy intenso tendría consecuencias globales de gran alcance.
Efectos directos en el clima global
En primer lugar, se produciría un aumento de la temperatura media global, añadiendo varias décimas de grado adicionales al calentamiento global ya existente. Esto, combinado con el cambio climático antropogénico, podría llevar a un calor global récord en 2026 o 2027. Además, se esperan fenómenos meteorológicos extremos: olas de calor más intensas, sequías agravadas en algunas zonas e inundaciones severas en otras, debido al mayor contenido de humedad en la atmósfera.
Impactos regionales previstos
En los países andinos (Perú, Ecuador, norte de Chile) se producirían precipitaciones abundantes, a veces torrenciales, similares a las de 1957-1958. Incluso en el desierto de Atacama, el más árido del mundo, podrían registrarse lluvias significativas.
El área argentina del Mar del Plata, el este de África y parte del sur de Estados Unidos (incluyendo California) también recibirían precipitaciones abundantes, con riesgo de inundaciones graves.
Por el contrario, se esperarían sequías graves en el sureste asiático, Indonesia, parte de Australia y el noreste de Brasil.
En la cuenca del Mediterráneo, la señal de El Niño es débil debido a su singularidad geográfica, pero durante un evento muy intenso cabría esperar temperaturas más altas de lo normal y, quizá, una mayor probabilidad de episodios de lluvia extrema.
Otros impactos destacados
La temporada de huracanes en el Atlántico se vería atenuada, porque el calor acumulado en el Pacífico compite con el Atlántico, reduciendo la actividad ciclónica. Lugares como el Caribe estarán especialmente secos durante el verano boreal y probablemente tendrán menos sistemas tropicales.
Los incendios forestales podrían agravarse, especialmente en la Amazonía, donde ya cerca del 40% del bosque sufre degradación por sequía, tala y fuego.
Finalmente, conviene recordar la advertencia de Michael Mann, climatólogo de la Universidad de Pensilvania: aunque El Niño eleva las temperaturas globales durante uno o dos años, básicamente es un “juego de suma cero”, pues luego oscila hacia La Niña, que las reduce. Lo que debe preocupar realmente es la tendencia de calentamiento constante a más largo plazo, que continuará mientras la humanidad siga quemando combustibles fósiles.
¿Catástrofe o alerta?
Si bien no está garantizado que el próximo El Niño sea un “super-Niño”, todos los indicadores actuales apuntan a un evento potencialmente muy intenso. Las repercusiones podrían ser catastróficas en regiones alejadas de su origen en el Pacífico, desde sequías en Australia hasta inundaciones en California o África oriental. Lo que parecía una anécdota de pescadores peruanos es, en realidad, un fenómeno de alcance global que, acoplado al cambio climático, nos enfrenta a un futuro climático cada vez más extremo.
¿Un super-El Niño en 2026?
- En la primavera boreal de 2026 estamos en una fase neutra, tras una La Niña poco pronunciada.
- Los modelos predicen con alta probabilidad que a mediados de 2026 entraremos en una fase de El Niño, que podría volverse muy intenso hacia finales de año, llegando a ser un “super-El Niño”.
- El Niño es una corriente cálida en el Pacífico ecuatorial, originalmente identificada por pescadores peruanos del siglo XIX, que reemplaza las aguas frías de la corriente de Humboldt.
- Está acoplado a la Oscilación del Sur (un “balancín” de presión atmosférica entre Sudamérica y Australia/Indonesia), formando el sistema ENOS.
- Históricamente, los Niños más intensos del siglo XX ocurrieron en 1982-83 (el más grave) y 1997-98, causando inundaciones, sequías e inviernos muy suaves en diversas regiones del mundo.
- Un super-El Niño en 2026-2027 provocaría:
- Aumento adicional de la temperatura media global (récord de calor).
- Precipitaciones torrenciales en países andinos (Perú, Ecuador, norte de Chile), este de África, sur de Estados Unidos y zona de Mar del Plata (Argentina).
- Sequías graves en sureste asiático, Indonesia, parte de Australia y noreste de Brasil.
- En el Mediterráneo, temperaturas más altas y posible aumento de lluvias extremas.
- Atenuación de la temporada de huracanes en el Atlántico y mayor riesgo de incendios en la Amazonía.
- Aunque El Niño eleva las temperaturas globales temporalmente, la preocupación a largo plazo sigue siendo el calentamiento por combustibles fósiles.
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