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El último regalo de una mina canadiense del Ártico antes de cerrar fue un diamante amarillo de 158 quilates con más de 2 mil millones de años considerado un milagro de la naturaleza

El hallazgo ocurrió en la mina Diavik justo antes del cierre definitivo de sus operaciones tras 23 años de actividad y más de 150 millones de quilates extraídos del subsuelo congelado

Hay descubrimientos que parecen escritos por una mano invisible que decide cerrar una historia con broche de oro. Eso es exactamente lo que ocurrió en una de las minas más importantes de Canadá, donde a punto de apagarse las máquinas para siempre apareció un diamante amarillo de 158.20 quilates con más de 2 mil millones de años de antigüedad, considerado por la propia compañía operadora como “un milagro de la naturaleza”.

De acuerdo con la información publicada por el portal EcoNoticias con base en el comunicado oficial de la compañía Rio Tinto, este diamante es considerado uno de los mayores diamantes amarillos de calidad gema encontrados en Canadá. Su aparición no solo destaca por el tamaño y la rareza del color, sino también por el momento histórico en el que apareció: justo cuando las máquinas de la mina Diavik, situada a unos 200 kilómetros al sur del Círculo Polar Ártico, estaban a punto de apagarse para siempre.

Detrás del brillo de esta piedra hay una historia mucho más amplia que combina geología, economía, medio ambiente y el futuro de un territorio frágil del Ártico canadiense que ahora enfrenta el reto de su propia restauración tras décadas de actividad minera intensiva.

¿Qué hace tan especial a este diamante amarillo de 158 quilates?

El diamante en bruto pesa exactamente 158.20 quilates y no es una pieza habitual dentro de las que producía la mina Diavik. Según los datos compartidos por Rio Tinto, se trata de uno de solo cinco diamantes amarillos de más de 100 quilates encontrados allí durante los 22 años de historia productiva del yacimiento. Esto ya lo convierte en una rareza por sí mismo.

Pero hay otro dato que eleva su importancia. Los diamantes amarillos representan menos del 1 por ciento de toda la producción de Diavik, que se especializaba principalmente en diamantes blancos de calidad gema. Es decir, encontrar una piedra amarilla de este tamaño en un yacimiento donde el color amarillo era prácticamente una excepción es lo que algunos especialistas describen como una rareza dentro de la rareza.

Matt Breen, director de operaciones de Diavik, lo resumió con una frase muy visual que la propia compañía incluyó en su comunicado oficial. Describió al hallazgo como “un milagro de la naturaleza” y subrayó que se trata de un diamante natural canadiense con más de 2 mil millones de años de antigüedad, una edad geológica que da cuenta de los procesos extremos que dieron origen a la piedra mucho antes de que existiera la mayoría de la vida compleja en la Tierra.

¿Por qué algunos diamantes son amarillos y otros blancos?

El color amarillo de ciertos diamantes se debe principalmente a la presencia de nitrógeno en su estructura cristalina. De acuerdo con explicaciones del Gemological Institute of America (GIA), los átomos de nitrógeno influyen directamente en la manera en que la piedra absorbe la luz, haciendo que el ojo humano perciba esos tonos amarillos característicos.

Sin embargo, no todos los diamantes amarillos tienen el mismo valor. La intensidad del color, la pureza, la talla y el peso final tras el pulido son factores que pueden modificar de forma considerable el precio final de la gema en el mercado internacional. Una piedra del mismo peso puede valer cantidades muy distintas dependiendo de estos parámetros, por eso conviene tomar con cautela las cifras que circulan informalmente sobre este tipo de hallazgos.

En el caso específico de este diamante, Rio Tinto no ha publicado un valor oficial de venta, lo que es habitual en este tipo de piezas excepcionales. El proceso de evaluación y eventual subasta o venta privada suele tomar meses, y muchas veces los precios finales se mantienen en reserva por razones comerciales y de seguridad.

¿Qué pasó con la mina Diavik después del hallazgo?

La mina Diavik celebró su último día de producción el 26 de marzo de 2026, después de agotar sus reservas económicas recuperables. Durante sus 23 años de operación, el yacimiento extrajo más de 150 millones de quilates de diamantes en bruto, con un esquema que combinaba explotación a cielo abierto y subterránea bajo la zona conocida como Lac de Gras, en los Territorios del Noroeste de Canadá.

Esto cambia por completo el sentido del hallazgo. El diamante amarillo aparece como una especie de premio final, pero también marca el momento en que la atención debe pasar del brillo de la gema al estado real del territorio que la albergó durante más de dos décadas. Esa parte de la historia es menos vistosa, pero resulta mucho más importante para el futuro ambiental y social de la región.

El Gobierno de los Territorios del Noroeste recordó que Diavik fue un pilar económico durante más de 20 años, con más de 1 mil 100 empleos anuales y aportando cerca del 10 por ciento del PIB territorial. El cierre, por lo tanto, no es solamente una transición ambiental, sino también un cambio social profundo para las comunidades que dependían directa o indirectamente de la actividad minera.

¿Cómo se generaba la energía en una mina tan aislada del Ártico?

Operar una mina en un enclave subártico no se parece en nada a manejar una fábrica en una zona urbana. Llevar energía hasta lugares tan remotos implica mover combustible, mantener equipos en condiciones extremas y asumir un alto nivel de emisiones contaminantes. En sitios como Diavik, cada litro de gasóleo cuenta tanto en términos económicos como ambientales.

Según los datos compartidos por Rio Tinto, la mina operó desde 2012 con una instalación híbrida que combinaba energía eólica y diésel, y en 2024 se completó una planta solar para reducir aún más la dependencia de los combustibles fósiles. El parque eólico de la mina generó 191 millones de kWh a lo largo de su operación, evitó 118 mil toneladas de CO2 y permitió ahorrar 43.4 millones de litros de diésel.

La planta solar también tuvo su rol. La compañía calcula que esta instalación producirá 4.2 millones de kWh al año, reducirá el consumo de diésel en aproximadamente un millón de litros anuales y evitará alrededor de 2 mil 900 toneladas de CO2 equivalente. Para una mina sin acceso a la red eléctrica tradicional, este tipo de transición energética representa un cambio significativo en su huella ambiental.

¿Qué sigue para el territorio tras el cierre de la mina?

Cerrar una mina no consiste simplemente en apagar las máquinas y marcharse. En el caso de Diavik, la compañía afirma que el proceso de clausura se planificó desde el inicio mismo del proyecto, con edificios diseñados para ser desmontados y con la intención de recuperar los diques para que el agua del lago vuelva a entrar en las minas a cielo abierto.

Los objetivos formales del cierre incluyen aspectos como seguridad, uso del suelo, formas del terreno, calidad del agua, biodiversidad, capacidad comunitaria y desarrollo de recursos para las poblaciones cercanas. Las actividades de clausura y restauración se prolongarán al menos hasta 2029, y después comenzará un periodo extendido de seguimiento ambiental para verificar que los compromisos se cumplan a largo plazo.

También existe una dimensión muy importante relacionada con los pueblos indígenas de la región. En febrero de 2026, el Gobierno Tłı̨chǫ y la operadora Diavik firmaron un acuerdo formal de cierre que establece principios de restauración responsable y gestión a largo plazo de las tierras tradicionales. Su gran jefe, Jackson Lafferty, destacó en su momento la responsabilidad con la tierra, el agua y la fauna como ejes centrales del acuerdo alcanzado entre las partes.

¿Por qué este hallazgo es algo más que una simple noticia de lujo?

El descubrimiento del diamante amarillo de 158 quilates tiene todos los ingredientes para acaparar titulares en todo el mundo. Es raro, antiguo, enorme y aparece justo al final de una mina que marcó la historia minera reciente de Canadá. Pero su brillo no puede entenderse del todo si se separa del lugar específico del que salió y del contexto en el que fue encontrado.

En el fondo, esta historia cuenta dos finales que ocurren al mismo tiempo. Uno es el de una piedra amarilla que seguirá su camino hacia el mercado internacional de gemas, donde probablemente alcance precios millonarios. El otro es el de un territorio frágil del Ártico canadiense que ahora necesita procesos de limpieza, vigilancia constante y acuerdos duraderos con las comunidades originarias que lo habitan desde mucho antes que llegara la actividad minera.

La pregunta de fondo, más allá del valor económico del hallazgo, es si una mina puede dejar atrás algo más que un agujero en la tierra, residuos acumulados y recuerdos de prosperidad económica. La respuesta a esa pregunta no se mide en quilates, sino en la calidad del agua, el estado de los suelos y la salud de la fauna que volverá a ocupar el territorio en los próximos años y décadas

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