Mientras México apostó por tabletas y laptops económicas en el sexenio de Peña Nieto, Estados Unidos suma más de 20 años incorporando tecnología educativa con metas claras
La diferencia no estuvo solo en el tipo de dispositivos, sino en la forma de integrarlos al sistema educativo: capacitación docente, seguimiento académico y una estrategia sostenida marcaron el contraste entre ambos modelos.

La entrega de dispositivos electrónicos a estudiantes fue presentada en México como un paso decisivo hacia la modernización educativa.
Durante el sexenio de Enrique Peña Nieto, miles de alumnos recibieron tabletas y laptops de bajo costo con la promesa de reducir la brecha digital y mejorar el aprendizaje.
Sin embargo, el contraste con el modelo aplicado en Estados Unidos revela que el acceso a la tecnología, por sí solo, no garantiza resultados educativos duraderos.
En México, el énfasis estuvo en repartir equipos
Los programas mexicanos se concentraron principalmente en entregar dispositivos a estudiantes de educación básica. La estrategia priorizó el volumen y el bajo costo de los aparatos, pero dejó pendientes aspectos clave para su funcionamiento a largo plazo.
En muchas escuelas, los equipos llegaron sin un plan pedagógico claro, sin capacitación suficiente para los docentes y sin condiciones técnicas estables, como conectividad o mantenimiento.
Con el paso del tiempo, una parte importante de estos dispositivos terminó arrumbada, dañada o subutilizada.
Además, no se establecieron mecanismos sólidos para medir si el uso de estas tabletas y laptops realmente mejoró el rendimiento académico de los alumnos.
Falta de continuidad y evaluación
Otro de los problemas fue la discontinuidad. Al cambiar las administraciones, varios programas se modificaron o desaparecieron, lo que impidió dar seguimiento a los resultados.
Las auditorías y evaluaciones posteriores señalaron que la política tecnológica se quedó en la entrega inicial, sin un sistema que permitiera evaluar impactos reales en habilidades como lectura, comprensión o pensamiento crítico.

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En Estados Unidos, la tecnología es parte del sistema educativo
El enfoque estadounidense es distinto. Desde hace más de 20 años, la tecnología forma parte de una política educativa estructural, no de programas aislados.
En ese país, la incorporación de computadoras en las escuelas públicas se diseñó como un proceso continuo, con objetivos definidos, inversión sostenida y revisiones periódicas.
No se trata solo de dar equipos, sino de integrarlos al plan de estudios y a la dinámica cotidiana del aula.
Capacitar al maestro antes que repartir computadoras
Uno de los pilares del modelo estadounidense es la formación constante del profesorado. Los docentes reciben capacitación para usar la tecnología como herramienta educativa, no como un accesorio.
Esto permite que los dispositivos se utilicen para reforzar contenidos, desarrollar habilidades digitales y adaptar los métodos de enseñanza a las necesidades de los estudiantes.
La tecnología, en este esquema, acompaña al aprendizaje en lugar de sustituirlo.

Equipos con soporte y renovación constante
Otra diferencia clave es que los dispositivos cuentan con soporte técnico, mantenimiento y renovación periódica. Esto evita que queden obsoletos o inservibles en pocos años, un problema recurrente en varios programas mexicanos.
La inversión no termina con la entrega inicial, sino que se mantiene en el tiempo.
Resultados que sí se miden
En Estados Unidos, el éxito de la tecnología educativa no se mide por la cantidad de computadoras repartidas, sino por cómo impactan en el aprendizaje.
Se evalúan avances en comprensión lectora, habilidades digitales y pensamiento crítico, y los programas se ajustan con base en esos resultados.
Ese seguimiento constante permite corregir fallas y mejorar el modelo.
Dos visiones, un mismo objetivo
La comparación deja claro que cerrar la brecha digital no depende solo del acceso a dispositivos, sino de una estrategia integral que incluya:
- planes educativos claros
- capacitación docente
- infraestructura adecuada
- evaluación continua
- inversión sostenida
Mientras en México la tecnología llegó como una política fragmentada y de corto plazo, en Estados Unidos se consolidó como una herramienta estructural del sistema educativo.
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