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Fallece Jürgen Habermas, filósofo alemán, figura clave de la Escuela de Frankfurt y padre de la teoría de la acción comunicativa

Jürgen Habermas falleció este sábado a los 96 años en Alemania.

Fallece Jürgen Habermas, filósofo alemán, figura clave de la Escuela de Frankfurt y padre de la teoría de la acción comunicativa

STARNBERG, Alemania.– Jürgen Habermas, uno de los filósofos y sociólogos más influyentes de la segunda mitad del siglo XX y de lo que va del XXI, falleció este sábado a los 96 años en Starnberg, localidad ubicada al sur de Alemania.

La noticia fue confirmada por la editorial Suhrkamp, que ha publicado su obra durante décadas, en un comunicado que cita directamente a la familia del pensador.

Con su muerte, el mundo pierde al último gran representante de la segunda generación de la Escuela de Fráncfort, heredero intelectual de Theodor W. Adorno y Max Horkheimer.

Pero Habermas no se limitó a continuar una tradición; la transformó por completo.

A lo largo de siete décadas de trabajo ininterrumpido, construyó un sistema de pensamiento que colocó al lenguaje y la comunicación en el centro de la vida democrática.

Foto: Gerda Henkel Stiftung

¿Quién fue Jürgen Habermas y por qué su legado es tan importante?

Habermas fue un intelectual público en el sentido más amplio del término, a lo largo de su vida, intervino en los debates más relevantes de Alemania y Europa: Desde la revuelta estudiantil de 1968 hasta la reunificación alemana, pasando por la guerra de Kosovo, el papel de la religión en la esfera pública y los dilemas éticos de la investigación científica.

Su importancia radica en que ofreció herramientas teóricas para entender cómo las sociedades pueden mantener su cohesión cuando ya no existen verdades absolutas ni tradiciones incuestionables.

Para Habermas, la respuesta estaba en el diálogo. No en cualquier diálogo, sino en uno que cumpla condiciones muy precisas: Que sea libre, que todos los afectados puedan participar y que solo tenga fuerza el mejor argumento.

Esta idea, que parece sencilla, es la base de lo que él llamó “ética del discurso” o “ética comunicativa”, desarrollada junto con su colega Karl-Otto Apel.

Los primeros años: La guerra y la desconfianza hacia el totalitarismo

Habermas nació en 1929 en Gummersbach, una ciudad cercana a Colonia. Su padre dirigía la Cámara de Comercio e Industria local, lo que implicó, según los registros históricos, una colaboración implícita con el régimen nazi, aunque con convicciones liberales.

Durante la Segunda Guerra Mundial, siendo adolescente, fue alistado en las Juventudes Hitlerianas, como la mayoría de los jóvenes alemanes de su época.

Sin embargo, nunca participó directamente en el conflicto bélico, la experiencia del nazismo y la guerra marcó profundamente su pensamiento.

De ahí surgió su firme compromiso con la democracia y una desconfianza permanente hacia quienes, después de 1945, se readaptaron al nuevo sistema sin asumir responsabilidades por el pasado.

Este origen podría explicar por qué gran parte de su obra se enfoca en las condiciones que hacen posible una democracia auténtica, no solo formal.

Foto: Revista Santiago.

El camino intelectual: De Adorno a la teoría de la comunicación

La carrera académica de Habermas comenzó en la década de 1950 en Frankfurt, allí ingresó al Instituto de Investigación Social, donde trabajó junto a Theodor W. Adorno, una de las figuras centrales de la primera generación de la Escuela de Fráncfort.

En 1961 se doctoró en la Universidad de Marburgo con una tesis que luego se convertiría en un libro fundamental: “La transformación estructural de la esfera pública”.

En esta obra analizó cómo había surgido y evolucionado el espacio de debate público, desde los cafés y salones del siglo XVIII hasta su decadencia en la sociedad de masas del siglo XX.

Después de enseñar algunos años en Heidelberg, en 1964 regresó a Frankfurt para ocupar la cátedra de Filosofía y Sociología que había pertenecido a Max Horkheimer. De su conferencia inaugural surgió otro texto clave: “Conocimiento e interés” (1968).

¿Qué fue el movimiento estudiantil de 1968 y qué papel jugó Habermas?

Durante la revuelta estudiantil de 1968, Habermas mantuvo una posición compleja.

Los estudiantes lo veían como un aliado intelectual, pues su crítica al autoritarismo y su defensa de la democracia radical resonaban con las demandas del movimiento.

Sin embargo, Habermas marcó distancia cuando el movimiento comenzó a radicalizarse y a adoptar posturas que consideraba contrarias a los principios democráticos.

Acuñó incluso la expresión “fascismo de izquierda” para criticar ciertas tendencias autoritarias que percibía en algunos sectores del movimiento.

Esta postura le valió críticas, pero también mostró su coherencia: Para él, los fines no justifican los medios, y cualquier transformación social debe ocurrir dentro de los cauces del diálogo racional.

Foto: EL PAÍS.

La etapa de Starnberg y la obra cumbre

En 1971, Habermas tomó una decisión que marcaría un giro en su carrera. Se trasladó a Starnberg, cerca de Múnich, para dirigir el Instituto Max Planck para la Investigación de las Condiciones de Vida del Mundo Científico-Técnico. Permaneció allí hasta 1981.

Fue precisamente en 1981 cuando publicó su obra más ambiciosa: “Teoría de la acción comunicativa”.

En este libro de dos volúmenes, Habermas desarrolló su propuesta central: Los seres humanos nos coordinamos socialmente a través de actos de comunicación que buscan el entendimiento.

No solo actuamos estratégicamente para lograr nuestros fines, sino que también nos orientamos hacia acuerdos basados en razones.

Esta obra dialoga con autores como Max Weber, Émile Durkheim, Talcott Parsons y Niklas Luhmann, y representa un esfuerzo por integrar la filosofía con las ciencias sociales.

En 1983, Habermas regresó a la Universidad de Fráncfort, donde continuó enseñando hasta su jubilación en 1994.

Pero jubilarse no significó dejar de trabajar, al contrario, las últimas tres décadas de su vida fueron extraordinariamente productivas

Instalado a orillas del lago Starnberg, siguió publicando libros y artículos, y nunca dejó de opinar sobre los grandes temas de su tiempo.

Analizó la guerra de Kosovo desde la perspectiva de la intervención humanitaria, cuestionó los límites éticos de la investigación sobre el cerebro, y reflexionó sobre el papel de la religión en las sociedades secularizadas.

Quienes escucharon a Habermas en conferencias o entrevistas notaban algo peculiar: Su forma de hablar no era fluida y se debía a una condición congénita: Una fisura palatina que le dificultaba la articulación de las palabras.

Paradójicamente, el filósofo que construyó una teoría sobre la comunicación tenía dificultades físicas para comunicarse oralmente, esta condición no le impidió ser un conferencista respetado ni un polemista temido en los debates públicos.

Foto: EL PAÍS.

¿Qué es la ética del discurso y por qué debería importarnos?

En sociedades pluralistas, donde conviven personas con diferentes concepciones del bien, ¿Cómo podemos tomar decisiones colectivas legítimas? Para Habermas, la respuesta es mediante procedimientos que garanticen que las normas serán aceptadas por todos los afectados, siempre que participen en un diálogo libre y racional.

Esto implica varias condiciones:

  • Todos los afectados deben poder participar.
  • Todos deben poder expresar sus puntos de vista sin coacción.
  • Solo debe contar la fuerza del mejor argumento, no el poder, el dinero ni el estatus.

Este modelo ha influido en teorías de la democracia, en el derecho constitucional y en la forma de entender los espacios deliberativos, desde parlamentos hasta asambleas ciudadanas.

Con la muerte de Habermas, surgen preguntas inevitables: ¿Quién ocupará hoy el lugar del intelectual público capaz de intervenir con rigor en debates complejos? ¿Siguen siendo viables sus ideales de diálogo racional en la era de las redes sociales, la polarización y las cámaras de eco?

No hay respuestas simples, pero lo que Habermas nos deja es un conjunto de herramientas para pensar estos problemas.

Su obra nos recuerda que la democracia no es solo un conjunto de reglas formales, sino un proceso continuo de comunicación y aprendizaje colectivo.

En tiempos de fragmentación y ruido mediático, la invitación a dialogar con seriedad, respeto y honestidad intelectual sigue siendo, quizás, su legado más valioso.

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