Un científico noruego se “cocinó el cerebro” al probar su propio cañón de microondas para refutar la teoría del síndrome de La Habana y terminó con síntomas neurológicos reportados a autoridades de Estados Unidos
El investigador, empleado de una agencia gubernamental de Noruega, se expuso voluntariamente a un dispositivo de microondas de alta potencia que él mismo construyó; tras desarrollar síntomas neurológicos, el caso fue notificado a instancias estadounidenses, que revisaron la documentación técnica del experimento.

Un científico noruego vinculado a una agencia estatal decidió fabricar un dispositivo experimental de microondas con el objetivo de comprobar si este tipo de tecnología podía provocar efectos biológicos en humanos.
Según información de Quo, el investigador se mostró escéptico ante la hipótesis de que un arma de energía dirigida pudiera estar detrás del llamado síndrome de La Habana. Para poner a prueba esa teoría, construyó un emisor de microondas de alta potencia y se expuso personalmente a sus propios pulsos.
Tras las pruebas, desarrolló síntomas neurológicos que posteriormente fueron comunicados por las autoridades noruegas a la Agencia Central de Inteligencia.
¿Qué ocurrió durante el experimento?
De acuerdo con la información publicada por Quo, el dispositivo era capaz de generar pulsos concentrados de energía electromagnética, comparables en concepto a los estudiados en investigaciones sobre armas de microondas de alta potencia.
El científico realizó pruebas controladas en las que él mismo fue el sujeto de exposición. Posteriormente presentó:
- Mareos
- Alteraciones sensoriales
- Síntomas neurológicos similares a los descritos en algunos reportes del síndrome de La Habana
Las fuentes citadas por la publicación señalaron que el cuadro no coincidía de forma exacta con todos los casos documentados previamente, pero el parecido fue suficiente para que el episodio fuera considerado relevante por autoridades internacionales.
No existe una sentencia ni una determinación judicial que establezca responsabilidades o confirme una relación causal directa entre el dispositivo de microondas y un diagnóstico clínico específico.

Revisión por autoridades estadounidenses
Tras la notificación del caso, equipos vinculados al Departamento de Defensa de Estados Unidos y a la Casa Blanca revisaron la información técnica disponible, según detalló Quo.
El interés institucional se centró en:
- La potencia del emisor de microondas
- La duración y frecuencia de los pulsos
- Las condiciones de exposición
- Los efectos biológicos observados
Hasta el momento, no se ha informado públicamente que el caso haya derivado en una conclusión oficial sobre el origen del síndrome de La Habana ni en la atribución de responsabilidad a algún Estado.
¿Qué es el síndrome de La Habana?
El denominado síndrome de La Habana describe un conjunto de síntomas neurológicos y físicos reportados inicialmente en 2016 por diplomáticos y personal de inteligencia de Estados Unidos destacados en Cuba.
Entre los síntomas documentados se encuentran:
- Mareos
- Vértigo
- Tinnitus
- Dolores de cabeza
- Fatiga
- Dificultades cognitivas
Algunas investigaciones plantearon la posibilidad de que un arma de energía dirigida o de radiofrecuencia pulsada pudiera estar involucrada. Sin embargo, estudios posteriores no han encontrado evidencia concluyente de lesiones cerebrales detectables de manera consistente en todos los casos.
¿Cómo funcionan las armas de microondas de alta potencia?
Un sistema de microondas de alta potencia convierte energía eléctrica en radiación electromagnética concentrada, dirigida hacia un objetivo específico.
Su funcionamiento implica:
- Generación de energía eléctrica
- Conversión en microondas de alta intensidad
- Emisión focalizada en una dirección determinada
Estos dispositivos suelen diseñarse para afectar sistemas electrónicos. La discusión científica radica en si, bajo determinadas condiciones, pueden generar alteraciones biológicas en seres humanos.
Relevancia para el debate internacional
El caso del científico noruego, según información de Quo, no prueba que un país haya utilizado un arma de microondas contra diplomáticos estadounidenses.
Tampoco establece una relación causal definitiva entre la exposición experimental y el síndrome de La Habana.
Lo que sí aporta es un caso documentado de exposición voluntaria a microondas de alta potencia con síntomas posteriores, lo que introduce un elemento adicional en la discusión técnica sobre los posibles efectos neurológicos de este tipo de tecnología.
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