“Monstruos” de la narcoguerra: 304 vehículos blindados artesanalmente fueron decomisados en Tamaulipas; las autoridades desconocen su origen
De los 597 aseguramientos nacionales reportados entre enero de 2023 y junio de 2025, más de la mitad ocurrieron en esa entidad.

REYNOSA, Tamaulipas.- Los llamados “monstruos” se han convertido en uno de los símbolos más visibles y aterradores de la violencia que azota a Tamaulipas desde hace más de una década.
Se trata de vehículos modificados de manera artesanal, con blindaje improvisado y artillados, que los grupos criminales utilizan para enfrentarse al Ejército, a autoridades locales y, sobre todo, entre ellos mismos en batallas campales que siembran el terror entre la población civil.
Sin embargo, lo que podría pensarse como una consecuencia lógica de la narcoguerra, que las autoridades tengan identificados los puntos de fabricación de estos vehículos, no es real.
A pesar de que entre enero de 2023 y junio de 2025 la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) aseguró 597 de estas unidades en todo el país, el origen de los “monstruos” sigue siendo un misterio para las instituciones encargadas de combatir a los grupos delictivos.
De acuerdo con información proporcionada por la Sedena, 304 de esos decomisos ocurrieron en Tamaulipas, lo que convierte a esa entidad en la que más incautaciones de este tipo registra a nivel nacional.
La cifra supera ampliamente a la de otros estados y evidencia la magnitud del problema en la región fronteriza del noreste mexicano.
La Fiscalía General de Justicia de Tamaulipas, por su parte, reportó el decomiso y destrucción de 257 “monstruos” entre enero de 2019 y julio de 2022.
Esto significa que, en un periodo de seis años y medio, las autoridades estatales y federales han asegurado oficialmente más de 550 de estos vehículos solo en esa entidad, sin contar las unidades que pudieron haber sido recuperadas en operativos no documentados o las que permanecen en manos de los grupos criminales.

El dato más revelador y preocupante es que, en contraste con la producción masiva de estos blindados artesanales, apenas se tiene registro de un narcotaller asegurado.
El 21 de octubre de 2023, elementos de seguridad ubicaron un centro de fabricación de “monstruos” en una brecha rural del municipio de Reynosa. Durante la incursión, el taller estaba desocupado y no hubo detenidos.
¿Qué son exactamente los “monstruos” y cómo se construyen?
Los “monstruos” son vehículos que los grupos criminales modifican para convertirlos en verdaderas máquinas de guerra.
Por lo general, utilizan como base camionetas de carga pesada, como las Ford F-350, F-450 o similares, a las que les refuerzan la carrocería con placas de acero soldadas de manera artesanal.
A esta estructura le añaden torretas en la parte trasera o en el techo para colocar ametralladoras de grueso calibre, rifles de alto poder e incluso, en algunos casos, lanzagranadas.
Las llantas de estos vehículos suelen ser rellenadas con algún tipo de material sólido o llevar sistemas especiales para resistir disparos, lo que les permite seguir circulando incluso después de recibir impactos de bala.
Además, los blindan de tal manera que resultan prácticamente impenetrables para las armas que utiliza la policía local o estatal, lo que obliga al Ejército a intervenir con artillería pesada o apoyo aéreo para neutralizarlos.
El objetivo de estos vehículos es doble: por un lado, funcionan como transporte de tropas para los sicarios en sus incursiones a territorio enemigo; por otro, actúan como arietes para romper bloqueos, emboscar a autoridades o proteger convoyos con droga y armamento.

Tamaulipas: el epicentro de los decomisos
Los reportes de la Sedena ubican a Tamaulipas como el estado donde más “monstruos” se han decomisado en los últimos años. De los 597 aseguramientos reportados entre enero de 2023 y junio de 2025, más de la mitad —304— ocurrieron en esa entidad.
Municipios como Reynosa, Matamoros, Nuevo Laredo y San Fernando han sido escenario de persecuciones y balaceras donde estos vehículos han participado activamente.
En la mayoría de los casos, los “monstruos” son abandonados por los sicarios después de los enfrentamientos, ya sea porque resultaron averiados, porque se quedaron sin combustible o porque los delincuentes huyeron a pie ante la llegada del Ejército.
Las autoridades llegan después, aseguran las unidades y, eventualmente, las destruyen en ceremonias públicas.
Sin embargo, el hecho de que los decomisos sean constantes y numerosos no ha llevado a las autoridades a identificar las rutas de abastecimiento, los puntos de fabricación ni los responsables de la producción de estos vehículos.
El contraste entre la cantidad de vehículos asegurados y la ausencia de información sobre su procedencia es uno de los puntos más oscuros del fenómeno.
Si los grupos criminales han producido cientos de “monstruos” en los últimos años, deberían existir decenas de talleres clandestinos operando de manera permanente en Tamaulipas y otros estados del noreste.
Sin embargo, el único registro público de un aseguramiento de este tipo ocurrió el 21 de octubre de 2023, cuando elementos de seguridad localizaron un narcotaller en una brecha rural del municipio de Reynosa.
De acuerdo con los informes oficiales, el centro de fabricación estaba desocupado y no se reportaron detenidos.
Otra posibilidad es que los talleres no sean clandestinos en el sentido tradicional, sino que operen en zonas bajo control total de los cárteles, donde ni el Ejército ni las policías pueden ingresar sin desatar enfrentamientos de gran magnitud.
En Tamaulipas, extensas áreas rurales y algunos sectores de ciudades como Reynosa o Nuevo Laredo son considerados territorios donde la autoridad del Estado es prácticamente inexistente.
Para los habitantes de Tamaulipas, la presencia de estos vehículos es una fuente constante de miedo e incertidumbre.
Los “monstruos” no solo aparecen en los enfrentamientos entre cárteles o contra el Ejército, sino que también son utilizados para realizar bloqueos en carreteras, secuestrar personas y amedrentar a comunidades enteras.
En muchas ocasiones, los convoyes de sicarios a bordo de estos vehículos atraviesan poblados a alta velocidad, disparando al aire o contra viviendas, lo que ha provocado muertes de civiles inocentes que quedan en medio del fuego cruzado.

La población también sufre las consecuencias de los operativos militares para neutralizar a estos vehículos
Cuando el Ejército persigue a un “monstruo”, las balaceras pueden durar horas y paralizar por completo la vida en ciudades enteras; comercios cierran, escuelas suspenden clases y las personas se encierran en sus casas hasta que cesan los disparos.
Nadie sabe con certeza cuántos hay, dónde se fabrican ni quién los construye, lo único seguro es que, cuando aparecen, la guerra que desatan deja un rastro de miedo, muerte y destrucción que la población civil paga cada día.
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