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Mientras en México los desayunos del DIF llegaban a menos del 20% de los alumnos, en Estados Unidos millones de estudiantes reciben alimentos completos todos los días en la escuela

La diferencia no está solo en la comida, sino en el modelo: mientras en México el apoyo alimentario escolar fue limitado y focalizado, en Estados Unidos la alimentación diaria forma parte del sistema educativo público y del aprendizaje.

La alimentación escolar es uno de los apoyos más importantes para garantizar que niñas y niños puedan aprender. Sin embargo, la forma en que este respaldo se aplica varía de manera profunda entre países.

Mientras en México los desayunos escolares del DIF tuvieron un alcance limitado, en Estados Unidos la comida diaria forma parte estructural del sistema educativo público.

El alcance limitado de los desayunos escolares en México

En México, los programas de desayunos escolares han sido operados principalmente por el Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF), con un enfoque focalizado en comunidades de alta marginación.

De acuerdo con datos oficiales de organismos públicos y evaluaciones sociales, menos del 20% de los estudiantes de educación básica recibían de manera regular algún tipo de desayuno escolar, ya fuera frío o caliente. Esto significa que la mayoría de los alumnos acudía a clases sin un apoyo alimenticio garantizado desde la escuela.

El programa, aunque relevante para miles de familias, no fue universal ni permanente, y su cobertura dependía del presupuesto disponible, la entidad federativa y la capacidad operativa local.

¿Qué incluían los desayunos del DIF?

Los desayunos escolares en México solían consistir en:

  • Leche o bebida fortificada
  • Galletas, cereal o pan
  • En algunos casos, raciones calientes preparadas en escuelas específicas

Aunque estos apoyos buscaban mejorar la nutrición infantil, no formaban parte de una política nacional obligatoria ni estaban integrados de manera directa al modelo educativo diario.

En Estados Unidos, la comida escolar es parte del sistema educativo

El contraste con Estados Unidos es claro. Desde hace décadas, ese país opera programas federales como el National School Lunch Program y el School Breakfast Program, que garantizan alimentos dentro de la jornada escolar.

A través de estos esquemas, millones de estudiantes reciben desayuno y comida todos los días, especialmente en escuelas públicas. El acceso no depende de la región ni de decisiones locales aisladas, sino de una política nacional sostenida.

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Alimentación diaria para aprender mejor

En Estados Unidos, la comida escolar no se concibe como asistencia social, sino como una herramienta para:

  • Mejorar la concentración en clase
  • Reducir el ausentismo
  • Apoyar a familias de bajos ingresos
  • Garantizar igualdad de condiciones para el aprendizaje

Durante los últimos años, incluso se ampliaron los apoyos para ofrecer alimentación gratuita universal en muchas escuelas, sin necesidad de trámites complejos para las familias.

Calidad, planeación y continuidad

Otra diferencia clave es la planeación del programa. En Estados Unidos:

  • Los menús siguen lineamientos nutricionales federales
  • Se supervisa el contenido calórico y alimenticio
  • La entrega es diaria y constante durante el ciclo escolar

Esto permite que la alimentación escolar sea un componente estable del entorno educativo, no un apoyo ocasional.

Dos modelos, dos enfoques distintos

Mientras en México los desayunos escolares funcionaron como un apoyo limitado y focalizado, en Estados Unidos la alimentación diaria forma parte del derecho a la educación pública.

La diferencia no solo está en la cantidad de alumnos atendidos, sino en la forma en que cada país entiende el papel de la escuela: como un espacio que solo enseña contenidos, o como un entorno integral que también cuida la nutrición y el bienestar de sus estudiantes.

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