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Mientras en México la educación sigue un modelo rígido y enfocado en memorizar contenidos, en Finlandia los estudiantes aprenden desde pequeños mediante proyectos, experimentos, investigación y actividades que desarrollan creatividad y pensamiento crítico

Dos modelos opuestos de enseñanza muestran por qué Finlandia lidera en aprendizaje y México sigue rezagado.

Mientras en México la educación sigue un modelo rígido y enfocado en memorizar contenidos, en Finlandia los estudiantes aprenden desde pequeños mediante proyectos, experimentos, investigación y actividades que desarrollan creatividad y pensamiento crítico

En México, gran parte del sistema educativo todavía prioriza la memorización de contenidos y el cumplimiento estricto del currículo.

Los estudiantes a menudo enfrentan largas listas de materias y tareas diseñadas para ser evaluadas mediante exámenes estandarizados. Esto limita la capacidad de aplicar conocimientos en situaciones reales y reduce la motivación por aprender.

En contraste, Finlandia ha diseñado un currículo flexible, centrado en competencias y aprendizaje activo. Desde la primaria, los estudiantes participan en proyectos prácticos, experiencias interdisciplinarias y actividades que fomentan la resolución de problemas.

La educación se orienta a desarrollar habilidades de pensamiento crítico, creatividad y autonomía, preparando a los alumnos para enfrentar retos reales, no solo para aprobar exámenes.

Métodos de enseñanza centrados en el estudiante

Mientras en México la enseñanza suele ser vertical, con el docente transmitiendo información y el alumno recibiendo pasivamente, en Finlandia el enfoque es centrado en el estudiante.

Los maestros actúan como guías y facilitadores del aprendizaje, diseñando actividades que permiten que los alumnos experimenten, investiguen y creen.

Por ejemplo, en proyectos de ciencias los niños diseñan experimentos, recopilan datos y presentan resultados, mientras que en proyectos de lectura y escritura aplican la narrativa y la creatividad para producir contenidos propios.

Esta metodología fomenta curiosidad y pensamiento independiente, elementos que rara vez se observan en las aulas mexicanas tradicionales.

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El sistema finlandés reconoce que cada estudiante tiene su propio ritmo y estilo de aprendizaje. Foto: Pixabay

Flexibilidad y adaptación al ritmo del alumno

El sistema finlandés reconoce que cada estudiante tiene su propio ritmo y estilo de aprendizaje. Las escuelas adaptan los contenidos y metodologías según las necesidades individuales, asegurando que ningún niño quede rezagado.

Además, se prioriza el bienestar emocional y social, lo que permite que los alumnos aprendan sin presión excesiva y manteniendo motivación y autoestima.

En México, en cambio, la presión por cumplir con programas rígidos y evaluaciones estandarizadas hace que muchos estudiantes se sientan desmotivados o estresados, limitando el desarrollo de habilidades más allá de la memorización.

Preparación para el futuro

El enfoque finlandés busca que los estudiantes piensen de manera independiente, trabajen en equipo y resuelvan problemas complejos, competencias que son altamente valoradas en estudios superiores y en el mundo laboral.

Mientras en México el sistema favorece la memorización de datos específicos, en Finlandia los alumnos aprenden a aprender por sí mismos, lo que los prepara para un mundo cambiante y globalizado.

De la memorización a la creatividad: lecciones de Finlandia

La comparación entre México y Finlandia en cuanto al currículo y metodología educativa evidencia cómo el enfoque de enseñanza puede influir directamente en las habilidades y competencias de los estudiantes.

Mientras México sigue priorizando la memorización y la rigidez curricular, Finlandia apuesta por creatividad, proyectos y pensamiento crítico, demostrando que aprender puede ser activo, práctico y motivador desde los primeros años.

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