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Reuniones secretas entre separatistas de Alberta y funcionarios de Trump desatan acusaciones de traición y una crisis diplomática con Canadá

Grupos que buscan la independencia de la provincia petrolera se reunieron con el Departamento de Estado y exploran una línea de crédito millonaria, mientras líderes canadienses exigen respeto a su soberanía y analistas advierten sobre riesgos de desestabilización.

Un nuevo frente de tensión emerge en la relación entre Estados Unidos y Canadá, esta vez desde el interior del país norteamericano.

Reportes sobre encuentros entre funcionarios del gobierno de Donald Trump y grupos que buscan la independencia de la provincia canadiense de Alberta han generado una fuerte reacción política, con acusaciones de “traición” y llamados a respetar la soberanía, según CNN y The Guardian.

Este conflicto interno, impulsado por un movimiento separatista que busca un referéndum y que incluso explora la posibilidad de convertirse en el estado 51 de EE.UU., pone a prueba la unidad de Canadá en un momento de creciente presión desde Washington.

¿Qué es Alberta y por qué hay un movimiento separatista?

Alberta es una provincia del oeste de Canadá, rica en petróleo y con una identidad política marcadamente conservadora.

Con cerca de 5 millones de habitantes, produce alrededor del 84% del crudo de Canadá.

Durante años, una parte de su población ha sentido que el gobierno federal en Ottawa perjudica sus intereses, especialmente con políticas ambientales que, a su juicio, frenan su industria energética, y un sistema fiscal que los hace contribuir más de lo que reciben.

Este sentimiento, conocido como “alienación occidental”, se ha intensificado. Michael Solberg, analista político y exasesor del gobierno canadiense, explica:

Suele aumentar durante períodos en los que los habitantes de Alberta sienten que Ottawa está tomando decisiones que dañan directamente su forma de vida”.

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¿Cuál es el vínculo con el gobierno de Donald Trump?

El resurgimiento del movimiento secesionista coincide con el retorno de Trump a la Casa Blanca. Grupos como el Alberta Prosperity Project (Proyecto de Prosperidad de Alberta) han mantenido al menos tres reuniones con funcionarios del Departamento de Estado desde abril del año pasado, según reportó The Financial Times.

Uno de sus líderes declaró en la red X que buscarían una línea de crédito de 500 mil millones de dólares de Estados Unidos para apoyar una Alberta independiente.

Aunque un funcionario de la Casa Blanca restó importancia, afirmando que no se dio “ningún apoyo o compromiso”, las revelaciones han causado indignación.

El premier de la Columbia Británica, David Eby, calificó estas gestiones como “traición”. Añadió:

Creo que, si bien podemos respetar el derecho de cualquier canadiense a expresarse y a votar en un referéndum, considero que debemos poner un límite cuando se busca la ayuda de países extranjeros para fragmentar esta hermosa tierra nuestra".

Por su parte, el Secretario del Tesoro de EE.UU., Scott Bessent, llamó a Alberta un “socio natural” y apoyó la idea de su independencia en una entrevista.

¿Qué quiere realmente el movimiento y quiénes lo apoyan?

El movimiento es una coalición de grupos y activistas, amplificada principalmente en línea.

Aunque recoge descontento, carece de una estructura de liderazgo unificada y ningún partido separatista tiene escaños en la legislatura provincial. Su objetivo declarado es forzar un referéndum de independencia.

Sin embargo, las encuestas, como una de Pollara Strategic Insights de enero, muestran que solo el 19% de los habitantes de Alberta apoyaría la secesión.

¿Qué dicen las autoridades canadienses y cuáles son los obstáculos legales?

La premier de Alberta, Danielle Smith, se ha mostrado ambigua. Aunque afirma no apoyar la secesión y abogar por “una Alberta fuerte y soberana dentro de un Canadá unido”, se ha negado a condenar a los grupos separatistas y calificó sus quejas de “legítimas”.

Su gobierno facilitó una ley que hace más fácil organizar un referéndum. No obstante, el proceso de separación sería, en palabras de Michael Solberg, “extraordinariamente complejo y desestabilizante”.

No existe un camino legal claro, especialmente si el objetivo final es unirse a otro país. Además, las Primeras Naciones (comunidades indígenas) han dejado claro que cualquier secesión debe consultárseles, ya que sus tratados con la Corona son anteriores a la creación de la provincia.

¿Qué podría pasar después?

Los grupos separatistas tienen hasta mayo para recolectar unas 178,000 firmas para impulsar su petición de referéndum. Analistas como Solberg consideran “altamente probable” que se convoque una consulta este otoño.

Sin embargo, el mayor riesgo puede no ser el resultado mismo del voto, sino la injerencia externa y la desinformación.

El investigador Thomas Homer-Dixon advirtió sobre un escenario donde, incluso si el referéndum falla, actores externos podrían declarar los resultados como “falsos” y buscar una intervención.

El caso de Alberta se ha convertido así en un delicado juego geopolítico dentro de Norteamérica, donde un movimiento interno encuentra ecos en la política exterior de su vecino del sur.

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