Acuerdo Unión Europea-India busca reducir riesgos comerciales sin romper con China
Existen, además, sectores donde el impacto del acuerdo es marginal. En materias primas críticas, tierras raras y semiconductores avanzados, China mantiene una posición dominante difícil de reemplazar a corto plazo.

Unión Europea.- El acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea y la India ha sido interpretado en Bruselas como una pieza clave dentro de una estrategia económica más amplia orientada a diversificar socios comerciales y reducir la dependencia de China en sectores estratégicos.
Aunque la Comisión Europea lo presenta como un avance decisivo en la relación con una de las mayores economías emergentes, el tratado no implica un distanciamiento de Pekín, sino una política de “reducción de riesgos” y fortalecimiento de la autonomía estratégica europea.
En los últimos años, la UE ha ajustado su discurso hacia China, dejando atrás la idea de desacoplamiento para centrarse en evitar concentraciones excesivas de suministro.
En ese contexto, el acuerdo con la India busca ampliar alternativas para las empresas europeas sin sustituir de forma directa al gigante asiático.
Uno de los sectores donde la diversificación resulta más viable es el textil y la confección, así como otras manufacturas intensivas en mano de obra como el calzado, los artículos de cuero y la joyería.
La eliminación de aranceles mejora la competitividad de los productos indios y podría favorecer un desplazamiento gradual de importaciones chinas hacia proveedores de la India, un país que ya cuenta con una base productiva consolidada en estas industrias.
En sectores de mayor valor añadido, como el farmacéutico, el acuerdo abre oportunidades, pero con límites claros.
Si bien la India es un gran exportador de medicamentos genéricos y podría reforzar su presencia en el mercado europeo, gran parte de los principios activos utilizados en su producción siguen dependiendo de China, lo que mantiene intacta la vulnerabilidad en la cadena de suministro.
Mercado electrónico
Una situación similar se observa en la electrónica de consumo. Aunque el ensamblaje de dispositivos se ha desplazado parcialmente de China a la India en los últimos años, los componentes clave —como chips y pantallas— continúan produciéndose mayoritariamente en Asia oriental, lo que restringe la capacidad india para sustituir plenamente a China.
Existen, además, sectores donde el impacto del acuerdo es marginal. En materias primas críticas, tierras raras y semiconductores avanzados, China mantiene una posición dominante difícil de reemplazar a corto plazo.
En estos ámbitos, la estrategia europea se apoya más en la inversión interna y en la cooperación con múltiples socios que en la sustitución directa de proveedores.
En conjunto, el acuerdo UE-India se perfila como una herramienta para diversificar sin romper. La posible sustitución de productos chinos por indios se limita a sectores específicos y se daría de manera progresiva.
China seguirá siendo un socio comercial central para la UE, mientras que el alcance real del tratado dependerá de factores como la capacidad productiva india, las reglas de origen y las decisiones estratégicas de las empresas europeas en un escenario global cada vez más fragmentado.
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