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Irán recupera el control tras las protestas, pero el régimen muestra signos de desgaste interno según Agencia de Noticias de Activistas de Derechos Humanos (HRANA)

Diversos sectores discuten una reconfiguración del poder, sin un colapso total del sistema.

Irán recupera el control tras las protestas, pero el régimen muestra signos de desgaste interno según Agencia de Noticias de Activistas de Derechos Humanos (HRANA)

CIUDAD DE MÉXICO.— A primera vista, la calma ha regresado a Irán. El régimen islámico ha logrado restablecer el control tras semanas de protestas, reforzando el clima de miedo en las principales ciudades del país, particularmente en Teherán, donde se impone un toque de queda no oficial desde el anochecer y operativos de seguridad revisan viviendas en busca de antenas satelitales vinculadas a Starlink.

Sin embargo, debajo de esta aparente estabilidad, funcionarios, clérigos y observadores coinciden en que el sistema político iraní atraviesa una crisis profunda y que el statu quo podría ser insostenible a mediano plazo.

Represión, arrestos y miles de muertos

De acuerdo con la Agencia de Noticias de Activistas de Derechos Humanos (HRANA), con sede en Washington, las fuerzas de seguridad han verificado al menos 3.900 muertes y 24.000 detenciones desde el inicio de las protestas. Habitantes de Teherán, incluidos funcionarios públicos, aseguran que la cifra real de fallecidos podría superar los 10.000.

Empresarios que expresaron su apoyo a huelgas comerciales o manifestaciones en redes sociales han sido detenidos, mientras que sus empresas fueron confiscadas. Paralelamente, las fuerzas de seguridad intensificaron la vigilancia urbana y el control digital.

Irán eleva el tono frente a Estados Unidos en medio de su mayor crisis interna en décadas. | Crédito: REUTERS/AP

El papel del liderazgo y el giro represivo

Durante los primeros días de las protestas, el presidente Masoud Pezeshkian, electo mediante un proceso de sufragio limitado, reconoció la legitimidad de las demandas sociales y permitió que las movilizaciones se expandieran desde las provincias hacia las grandes ciudades.

No obstante, el líder supremo, el ayatolá Ali Khamenei, intervino de manera directa. El fiscal general calificó a los manifestantes como “enemigos de Dios”, una acusación que en la práctica equivale a una sentencia de muerte.

Analistas coinciden en que Khamenei, de 86 años, busca evitar el error que, según sus asesores, cometió el sha en 1979: mostrar debilidad frente a la protesta social.

Críticas internas y señales de fractura

Pese al control represivo, crece el descontento dentro del propio sistema. Un manifiesto firmado el 18 de enero por 14 clérigos e intelectuales reformistas advirtió que el régimen ha llevado a la sociedad civil a un límite peligroso.

“El sistema debe dejar de reprimir y volverse más democrático”, afirmó uno de los firmantes, quien alertó que, sin reformas profundas y pacíficas, los cambios futuros serán más drásticos.

Las críticas se concentran en Khamenei, a quien acusan de autoritarismo creciente y de haber desperdiciado en 2025 un posible acuerdo nuclear con Estados Unidos que habría levantado las sanciones económicas. Algunos clérigos incluso han planteado la posibilidad de juzgarlo por la represión estatal, según fuentes cercanas al manifiesto.

En esta captura de pantalla de un video que circula en las redes sociales desde Irán se muestra a los manifestantes tomando las calles a pesar de la intensificación de la represión mientras la República Islámica permanece aislada del resto del mundo en Teherán, Irán, el viernes 9 de enero de 2026. (UGC vía AP)

Escenarios de cambio dentro del régimen

Diversos sectores discuten una reconfiguración del poder, sin un colapso total del sistema. Entre las propuestas figura invertir la jerarquía política, reduciendo el rol del clero y fortaleciendo instituciones estatales como el Parlamento o la Presidencia.

Este enfoque buscaría desmantelar estructuras religiosas del régimen, pero preservar el aparato estatal, lo que además permitiría aliviar la presión financiera del gobierno mediante recortes al financiamiento de seminarios y clérigos.

El presidente Pezeshkian es visto como demasiado débil para liderar un cambio interno. En cambio, observadores señalan a figuras como Mohammad Bagher Qalibaf, presidente del Parlamento y ex comandante del CGRI, y Ali Larijani, actual jefe del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, como posibles actores clave en un eventual reacomodo de poder.

El factor militar y la incertidumbre en las fuerzas de seguridad

Aunque no existen pruebas concluyentes de deserciones masivas, la lealtad de las fuerzas armadas genera dudas. El CGRI cuenta con unos 170.000 efectivos, mientras que el ejército regular suma alrededor de 400.000.

El CGRI no es un bloque homogéneo: combina intereses religiosos, económicos y militares. Además, su estructura de mando se habría visto afectada tras la guerra de 12 días con Israel el verano pasado. Algunos analistas sugieren que ciertos comandantes podrían optar por la autopreservación antes que una lealtad absoluta al líder supremo.

Trump y la presión externa

A este escenario interno se suma la presión internacional, especialmente desde Estados Unidos. Informes indican que una fuerza naval estadounidense de gran escala se dirige desde Asia hacia el Golfo Pérsico, una señal que no pasa desapercibida en Teherán.

Entre sectores vinculados al régimen, prevalece la idea de que un cambio interno controlado sería preferible a una transformación impuesta desde el exterior.

Por ahora, Ali Khamenei permanece en el poder, respaldado por una base electoral conservadora y por sectores que temen más al caos que a la continuidad autoritaria. Sin embargo, incluso entre aliados del régimen, crece la percepción de que Irán se acerca a un punto de inflexión histórico.

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