Escuelas vacías y padres desesperados: La crisis de secuestros que paraliza a Nigeria
Más de 250 niños siguen cautivos tras el último secuestro masivo en una escuela de Nigeria.
En la quietud de la madrugada, hombres armados convierten los dormitorios escolares en una pesadilla: niños y niñas son arrancados de sus camas y forzados a adentrarse en la oscuridad, convertidos en moneda de cambio en un conflicto que desangra al norte de Nigeria.
Esta escalofriante escena se repite con una frecuencia aterradora. La nación más poblada de África vive sumida en una crisis humanitaria donde las aulas se han transformado en blancos estratégicos para grupos criminales.
Con dos secuestros masivos en una sola semana y más de 1,800 estudiantes arrebatados de sus escuelas en la última década, la desesperación de los padres se mezcla con la incapacidad de un Estado que lucha por contener una violencia multifacética.
El último ataque: Padres desesperados frente a una escuela vacía
La angustia es palpable en el estado de Níger. Según The Associated Press, cientos de padres se congregaron frente al Instituto St. Mary, donde el silencio de las aulas vacías grita más que cualquier consigna.
El 21 de noviembre, hombres armados asaltaron las instalaciones y se llevaron a 303 estudiantes y 12 miembros del personal. Aunque 50 niños lograron escapar en el caos, el paradero de más de 250 sigue siendo un misterio que carcome el alma de sus familias.
Los niños que se llevaron, algunos todavía son de una edad muy tierna”, relató a AP Abuchi Nwolisa, uno de los padres, con la voz quebrada por el dolor. “A algunos se los llevaron directamente de sus camas, mientras dormían”.
Este secuestro masivo ocurrió apenas cuatro días después de que 25 estudiantes fueran arrebatados de una escuela en el estado vecino de Kebbi, en una muestra de la impunidad con la que operan estos grupos.
La respuesta inmediata de las autoridades del estado de Níger fue el cierre temporal de todas sus escuelas, una medida de emergencia que protege a los niños en el corto plazo, pero que evidencia la incapacidad del Estado para garantizar su seguridad.
Te puede interesar: Papa León XIV hace un llamado urgente para la liberación inmediata de todas las personas retenidas en Nigeria; más de 250 estudiantes y maestros siguen en manos de grupos armados
Los rostros del enemigo: Entre el fanatismo y la codicia
Para comprender la magnitud de esta crisis, es crucial distinguir entre los diferentes actores que siembran el terror. No se trata de un monstruo de una sola cabeza, sino de una hidra con múltiples fauces.
Boko Haram: La ideología del terror
Este grupo yihadista, cuyo nombre se traduce como “los libros están prohibidos”, irrumpió en la conciencia global en 2014 con el secuestro de 276 escolares en Chibok.
Su objetivo declarado es imponer un estado islámico en la región y erradicar cualquier forma de educación que considere occidental.
Tras sufrir divisiones internas, el grupo ha experimentado un fuerte resurgimiento este año, con muchos de sus combatientes alineándose ahora con una filial local del Estado Islámico, aumentando su letalidad y capacidad operativa.
Los grupos de bandidos: El crimen como negocio
Lejos del fanatismo ideológico, decenas de grupos de bandidos operan con una lógica puramente económica. Se calcula que son responsables de un número de víctimas mortales similar al de los grupos yihadistas en el noreste.
Están formados principalmente por antiguos pastores nómadas que se armaron tras años de conflictos por recursos cada vez más escasos con comunidades agrícolas.
Para estos criminales, las escuelas representan blancos blandos y de alto impacto. Ubicadas frecuentemente en áreas remotas con una presencia policial mínima, les permiten secuestrar a un gran número de personas de una sola vez, maximizando el rescate que pueden exigir.
Por qué las escuelas son el blanco perfecto
Los grupos armados han identificado a las instituciones educativas como objetivos estratégicos por varias razones profundamente calculadas:
- Alto impacto mediático: Un secuestro masivo de niños garantiza la atención inmediata de los medios nacionales e internacionales, aumentando la presión sobre el gobierno y la visibilidad de su causa o su capacidad de extorsión.
- Maximización de ganancias: Un solo operativo puede resultar en cientos de rehenes, lo que se traduce en rescates millonarios. Se estima que estos pagos son una de las principales fuentes de financiación de estos grupos.
- Falta de protección: Según UNICEF, solo el 37% de las escuelas en los diez estados más conflictivos cuentan con sistemas de alerta temprana para detectar amenazas.
- Táctica de ataque: Los asaltos casi siempre ocurren de noche, utilizando motocicletas para una movilidad rápida y, en ocasiones, disfrazándose con uniformes militares para confundir a la población y facilitar su huida en un terreno vasto y con poca vigilancia.
Existe una preocupación creciente entre los analistas sobre una posible colaboración táctica entre los bandidos y los grupos yihadistas, especialmente en el noroeste del país, lo que crearía una tormenta perfecta de violencia aún más difícil de contener.
La respuesta gubernamental
Frente a la escalada de violencia, el Presidente Bola Tinubu se ha visto forzado a declarar un estado de emergencia y a reforzar las capacidades de la policía.
Además, ha reemplazado a los altos mandos de seguridad del país en un intento por cambiar la estrategia. Sin embargo, estas medidas chocan contra una realidad compleja:
- Operaciones controvertidas: El ejército nigeriano ha cometido errores trágicos, como bombardeos aéreos que han matado a civiles por confundirlos con militantes, erosionando la confianza de las comunidades locales.
- Resurgimiento de los extremistas: A pesar de los anuncios oficiales de éxito, los grupos extremistas han logrado asaltar puestos militares, minar caminos y atacar comunidades con una frecuencia alarmante en los últimos meses.
- Apoyo internacional: El gobierno de Estados Unidos aprobó recientemente la venta de 346 millones de dólares en armamento para fortalecer la lucha de Nigeria. No obstante, las amenazas de intervención militar por parte de figuras políticas extranjeras han complicado el panorama diplomático.
Una crisis que trasciende las divisiones religiosas
Contrario a las narrativas que buscan simplificar el conflicto en términos religiosos, la violencia no discrimina por fe. El ataque en Kebbi de la semana pasada ocurrió en Maga, una localidad de mayoría musulmana.
Mientras los padres en el estado de Níger esperan con el corazón en un hilo, su dolor es un testimonio crudo de una crisis sistémica. Hasta que no se aborden las causas profundas (la pobreza extrema, la falta de oportunidades para los jóvenes y la impunidad endémica), las aulas nigerianas seguirán siendo campos de batalla y el futuro de toda una generación permanecerá en un peligroso limbo.
Te puede interesar: Europol desmantela redes de trata de personas y explotación sexual en Europa: más de 37 víctimas rescatadas y 29 detenidos
Grupo Healy © Copyright Impresora y Editorial S.A. de C.V. Todos los derechos reservados