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Así opera la flota aérea de EEUU en su nueva ofensiva antidrogas en el Caribe y el Pacífico: drones Reaper, cazas F-35 y aviones AC-130J

Las operaciones suman al menos 20 embarcaciones destruidas y cerca de 76 fallecidos

Así opera la flota aérea de EEUU en su nueva ofensiva antidrogas en el Caribe y el Pacífico: drones Reaper, cazas F-35 y aviones AC-130J

Desde septiembre Estados Unidos ha intensificado una operación militar en el océano Pacífico y el mar Caribe contra embarcaciones que considera vinculadas al narcotráfico. La estrategia, coordinada por el Comando Sur y el Comando de Operaciones Especiales, se centra en el uso de tecnología aérea de combate: drones, cazas, helicópteros y aviones artillados capaces de atacar objetivos con precisión.

De acuerdo con fuentes citadas por CNN y Al Jazeera, esta ofensiva ya ha destruido 20 embarcaciones y causado la muerte de 76 personas, mientras las autoridades estadounidenses aseguran que el objetivo es reducir el flujo de drogas hacia su territorio.

Los drones MQ-9 Reaper: el arma principal

El MQ-9 Reaper es el dron más utilizado en la campaña. Estas aeronaves pilotadas a distancia pueden volar durante más de 20 horas y portar misiles AGM-114 Hellfire, cada uno con un costo aproximado de 150,000 dólares.

En Puerto Rico se han identificado al menos siete drones Reaper estacionados en la base aérea de Aguadilla. Estas unidades son esenciales porque permiten atacar embarcaciones pequeñas a larga distancia sin exponer tripulaciones humanas. Además, su sistema de cámaras infrarrojas y radares marítimos facilita la detección de movimientos nocturnos en zonas del Caribe y el Pacífico oriental.

El Hellfire, diseñado originalmente para destruir tanques, se ha convertido en una herramienta de uso común contra blancos marítimos o terrestres. Un solo Reaper puede cargar hasta cuatro de estos misiles, capaces de alcanzar objetivos en segundos.

The Predator drones flying over Afghanistan and Pakistan are variants of this MQ-9 Reaper.

Aviones de ataque AC-130J: artillería aérea pesada

De acuerdo con CNN, otra pieza central de la campaña es el AC-130J Ghostrider, un avión artillado operado por la Fuerza Aérea de Estados Unidos. Este modelo puede transportar misiles Hellfire, pero su poder proviene principalmente de su armamento interno, que incluye cañones automáticos y un obús de 105 mm montado en el costado izquierdo del fuselaje.

Imágenes satelitales y fotografías confirman la presencia de al menos un AC-130J en la base de Comalapa, El Salvador, un punto estratégico que permite cubrir rutas del Pacífico utilizadas por traficantes. El costo operativo de esta aeronave supera los 40,000 dólares por hora de vuelo, sin contar la munición.

Un buque, que según el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, transportaba narcóticos ilegales y se dirigía a Estados Unidos, es alcanzado por militares estadounidenses mientras navega en el sur del Caribe, en esta imagen fija obtenida de un vídeo publicado por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en Truth Social y difundido el 2 de septiembre de 2025. DONALD TRUMP VIA TRUTH SOCIAL/Handout via REUTERS

Cazas F-35 y apoyo desde bases reactivadas

El despliegue también incluye cazas F-35, aviones de combate furtivos con capacidad de ataque y vigilancia avanzada. Cada hora de vuelo cuesta alrededor de 40,000 dólares, y se utilizan principalmente para identificar y destruir embarcaciones antes de que lleguen a aguas internacionales.

Gran parte de las operaciones parten de Puerto Rico, donde el Pentágono reactivó la Estación Naval Roosevelt Roads, cerrada desde 2004.Allí también operan unidades de la Guardia Nacional Aérea encargadas de mantenimiento y carga de misiles.

En paralelo, la base salvadoreña de Comalapa se ha convertido en un nuevo punto de lanzamiento, extendiendo el alcance estadounidense hacia el Pacífico oriental, donde se calcula que transita gran parte de la cocaína que llega a México y posteriormente a Estados Unidos.

Un avión F-35, en una fotografía de archivo. EFE/EPA/Ronald Wittek

Cada ataque puede costar cientos de miles de dólares

Aunque el Pentágono no ha informado el presupuesto total de la operación, funcionarios reconocen que cada ataque puede costar cientos de miles de dólares. Un dron MQ-9 cuesta 3 500 dólares por hora de vuelo, mientras que las misiones con F-35 o AC-130J pueden superar los 40,000 dólares por hora.

El despliegue de estos recursos ha despertado cuestionamientos dentro del Congreso estadounidense y entre países latinoamericanos.Algunos gobiernos han pedido explicaciones sobre el uso de fuerza letal sin identificación confirmada de las víctimas, mientras que expertos señalan que la presencia de bases activas y aviones artillados en la región aumenta la tensión militar y el riesgo de incidentes internacionales.

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