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México

Nadie llora porque alguien dijo que las lágrimas son contagiosas, personas afuera de hospital

Por eso afuera del Hospital de Infectología de La Raza, donde se atiende a enfermos por Covid-19, sólo hay miradas pensativas y murmullos.

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Por Agencia Reforma

Nadie llora, alguien dijo que las lágrimas también son contagiosas. Que lo oyó en las noticias.(Agencia Reforma)

Nadie llora, alguien dijo que las lágrimas también son contagiosas. Que lo oyó en las noticias. | Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO.- Nadie llora, alguien dijo que las lágrimas también son contagiosas. Que lo oyó en las noticias. Será por eso que afuera del Hospital de Infectología de La Raza, donde se atiende a enfermos por Covid-19, sólo hay miradas pensativas, murmullos, intentos, como si todo fuera una gran pausa.


Allí una familia. Esposo, hijo, esposa que acabada de recibir informes, murmurando: "Que no responde al ventilador, que si nos llaman en la madrugada, es porque no resistió su cuerpo, que ya nos vayamos".


Y va a llorar pero se detiene. "Le dije de mi mamá y dijo que la mantengamos aislada y que cuando tenga falta de respiración traerla. Y yo le dije ¿y ahorita a dónde la llevo?". Va llorar, pero llora porque todo es una pausa.


Una campesina de Atenco, 58 años, sus trenzas grises. Su suéter de botones, su mochila en la espalda, su aire de inmensa soledad sentada en el concreto. "Mi nietecita de cinco años entró hace diez meses por tuberculosos. Le salen bolas  y se le revientan. La iban a dar de alta para que se fuera la clínica de allá hoy y amaneció con fiebre y yo le pido a Dios, le pido a Dios que no sea nada de esa enfermedad y que me la den para que me la lleve, es lo que yo pido".


Las lágrimas humedecen su cubre bocas, pero le da vergüenza.  A diario camina una hora desde su casa hasta el camión. 81 pesos cada viaje. Una familia le da limosna. En su mochila trae sus tortas. 


Llego y le pregunto a los vigilantes si no me han hablado y me dicen que no. Vengo y me siento aquí hasta esperar al informe de las doce. Entonces ya me dan informes y pues yo me espero otro rato por cualquier cosa que se ofrezca. Yo aquí me estoy. A las cuatro de la tarde pregunto otra vez. Me meto y pregunto. Me dicen que todo está bien, que me puedo ir a la casa pero para mí es difícil, me voy pensando en cosas peores".


Será por la pausa que es una esperanza. O porque el paisaje industrial de la Raza, el Circuito Interior, los vagos que tienen una carpa en la esquina del Hospital, los charcos de mugre, arrancan las ganas de llorar. Al medio día llegan más familiares a recibir informes y entregar lo que su familiar necesite. El suspenso se amontonan en la entrada. 


"Ahorita le mandé un agua, papel y su cortaúñas porque como usa las uñas de esas postizas  le dijeron que se les tiene que quitar para ver su oxigenación", dice una enfermera jubilada.

Lleva gorro de plástico, guantes, gel, cubrebocas y es la más protegida. Los demás, apenas llevan cubre bocas. Garabatea un mensaje para su hija de 36 años en la botella de agua. 


Luego sube al puente de fierro y desde ahí la mira en la ventana de su cuarto. Desde ahí le dice que la quiere, que la ama, que sea fuerte, que todos rezan por ella. "Y ella me dice que me ama, que me manda besos, que me ama, que a todos. Es lo que le entiendo porque luego no le entiendo nada".


Una mujer entrega tres bolsas con agua, papel de baño y mensajes. "Antier ingresó mi esposo. Ayer a mis dos suegros les faltaba el aire", explica. Un joven le manda un mensaje a su tío. Entró el viernes y no le han dado el diagnóstico. Les han dicho que se tardan entre 8 y 10 días, pero ellos creen es coronavirus. 


"Yo tengo una semana que no he visto a mi hijo", dice el operador de un camión RTP. Los ojos hinchados como si acabara de llorar en otra parte. "Llevé a mi hijo al INER, pero que no había lugar. Al Belisario Domínguez y tampoco, ya en mi desesperación dije qué hago. Llegamos a las dos de la mañana".


Entre el suspenso, apenas una certeza: el esposo de una trabajadora del IMSS salió negativo del Covid pero él no lo sabe. "Salió negativa la prueba Amor", le escribe en una botella de agua. Deja fotografiar el mensaje, pero no a ella por temor a que los discriminen. ¿Y luego qué van hacer? "Luego irnos de aquí, porque es muy triste".

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