México CDMX

En 1987 murieron pájaros por contaminación en la CDMX

Hace 32 años en la ciudad de México las aves comenzaron a desplomarse desde esa mancha espesa a la que los chilangos llamamos cielo.

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Por El Imparcial

Hace 32 años en la ciudad de México las aves comenzaron a desplomarse(AFP)

Hace 32 años en la ciudad de México las aves comenzaron a desplomarse | AFP

CIUDAD DE MÉXICO.-Hace 32 años en la ciudad de México las aves comenzaron a desplomarse desde esa mancha espesa a la que los chilangos llamamos cielo. 

El 6 de febrero de 1987 una publicación de El Gráfico describió la situación: "Los capitalinos, asfixiados. Respiramos materias fecales...Nubes de mugre, mezcladas con materias fecales, gases tóxicos, humo de los escapes de tres millones de vehículos".

Las fotografías en blanco y negro mostraban una metrópoli a la fecha humeada, en el texto que las acompañaba se cuestionaba si la contaminación también habría causado la muerte de ancianos y niños, "el hecho es que, por miles, caen los pájaros de los árboles. Y esto, que debería ser una advertencia, ni siquiera es tomado en cuenta por las autoridades que se dedican a elaborar planes que nunca llevan a cabo."

Dos días más tarde, en El Universal se reportó el hallazgo de restos de metales en aves muertas que poblaban la capital, lo cual causó alarma entre los ecologistas organizados del País.

Residuos de plomo, cadmio, radón y asbesto en los bronquios de aves, fue lo que arrojó un análisis dado a conocer por el Movimiento Ecologista Mexicano (MEM). 

Nuestra capital, que antes era lacustre, perdió el 90 por ciento de su flora y de su fauna, advirtieron.

Frente a este apocalipsis aviar en el Distrito Federal, la periodista Laura Bolaños retomó la frase de uno de los personajes de la primera novela de Carlos Fuentes: "Qué vamos a hacer, manito. Aquí nos tocó vivir: En la región más transparente".

En un texto publicado en El Gráfico el 9 de febrero de 1987, Bolaños escribió que desde septiembre del año anterior comenzaron a encontrarse cadáveres de pájaros en diversos puntos de la ciudad. Ella aplaudía con ironía estas muertes y la indiferencia de los capitalinos ante "la masa parda, gris o amarillenta suspendida sobre nosotros".

"¿La muerte súbita de esos inocentes animalitos puede ser motivo de alegría? ¿No nos está indicando esto hasta qué punto corremos un grave peligro? Pues sí, a riesgo de concitar los oídos y el horror de las personas que aman a los animales, ha de confesar que me alegró y no poco. Sobre todo cuando dijeron que les van a hacer estudios para determinar las causas de su deceso", redactó Bolaños.

Hasta el 17 de febrero de ese año Manuel Camacho Solís, secretario de Desarrollo Urbano y Ecología en ese entonces, reconoció a la contaminación como causante de la muerte de los pájaros en la periferia de la Ciudad de México. Los especialistas consultados para el caso concluyeron que ésta sí impactó desfavorablemente a las especies.

Por esos días, el MEM informó que poco más de 120 especies de aves de la zona metropolitana, tanto comunes como raras, estaban a punto de extinguirse por la contaminación ambiental, el contrabando, la tala de árboles y la caza indiscriminada: "en unos años más estas aves sólo serán conocidas a través de folletos, dibujos o fotografías".

"La muerte de miles de ellas, en todas partes del Distrito Federal son una clara muestra de que el ambiente de la ciudad de México está sobresaturado de plomo, cadmio, radón, berilio y asbesto, entre otros residuos altamente peligrosos para la vida en general", señala la publicación de El Gráfico del 18 de febrero de 1987.

Los ecologistas de la época consideraban a las aves como una especie de termómetro del grado de contaminación de la capital. Algunas de las aves en peligro según el MEM eran gorriones, palomas, golondrinas y halcones cernícalos.

Era la década de los 80 y periodistas como Laura Bolaños ya consideraban que estábamos en un estado de emergencia: "Los niños de pecho, los ancianos, toda la población sensible a los venenos que respiramos, está resintiendo en su salud lo que ya es uno de los peores, si no el peor deterioro mundial de un ambiente ecológico, digo, no parecen importar gran cosa, ¡a ver si se conmueven por la muerte de los pajaritos!".


 

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