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México

De prisión a la libertad: Archivo General de la Nación

En el Palacio de Lecumberri hay un mundo de documentos para explorar y conocer la historia de nuestros antepasados y de México.

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Por Luis A. Healy

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Exterior del Palacio de Lecumberri que ahora alberga el Archivo General de la Nación en la Ciudad de México.(Luis A. Healy)

Exterior del Palacio de Lecumberri que ahora alberga el Archivo General de la Nación en la Ciudad de México. | Luis A. Healy

Interior de una de las dos salas del Archivo General de la Nación donde se analizan importantes documentos originales.(Luis A. Healy)

Interior de una de las dos salas del Archivo General de la Nación donde se analizan importantes documentos originales. | Luis A. Healy

Uno de los murales en el interior explica parte de la historia de la penitenciaría de Lecumberri, conocida también como el "Palacio Negro".(Luis A. Healy)

Uno de los murales en el interior explica parte de la historia de la penitenciaría de Lecumberri, conocida también como el "Palacio Negro". | Luis A. Healy

CIUDAD DE MÉXICO.- Por cuestiones de trabajo realicé un viaje a la Ciudad de México (CDMX) y aunque pudiera haberlo hecho de una manera rápida, como regularmente lo hago, decidí volar un día antes y dedicarle la mañana y parte de la tarde a dos actividades que había querido hacer, sobre todo para comprobar la veracidad de una de ellas.

Así, primero visité por la mañana el Archivo General de la Nación (AGN), abierto al público en 1982 para experimentar los servicios y promesas del Gobierno en esta Cuarta Transformación, en cuanto a la apertura de archivos de información clasificada de anteriores administraciones federales.

Días antes a mi viaje a la CDMX hice una llamada al AGN para asegurarme que sería el lugar y dirección correctos donde solicitaría la información que por años el Gobierno federal había conservado en sus acervos sin dar acceso al público en general.

Me confirmaron que ahí era el lugar, el antiguo Palacio de Lecumberri, que por años albergó a presos de todo tipo, incluyendo a uno de nuestros ídolos populares -hace unos años fallecido-, Alberto Aguilera Valadez, mejor conocido como Juan Gabriel.

Sin embargo, durante mi llamada previa al AGN me transfirieron al Centro de Referencias y me dijeron que sólo necesitaría presentar mis datos personales para acceder a la información; les dije que tenía mi credencial del IFE (ahora INE) y me respondieron que si todos los datos estaban ahí, con eso era suficiente y si no, necesitaría un comprobante de domicilio.

Agradecí al señor que atendió mi llamada y pensé que ya habían comenzado los problemas porque no creía que me dieran la información.

Una vez que los servidores públicos empiezan con condiciones parece difícil acceder al objetivo a la primera, si uno es terco e insiste regularmente se logra al tercer o cuarto intento.

INICIA LA ODISEA

Ya en la CDMX me preparé para mi odisea y decidí tomar el Metro a pesar de todas las historias que vemos, leemos y escuchamos diariamente en las noticias sobre asaltos, robos, agresiones, acoso a mujeres, entre otros. Me gusta la ciudad, especialmente porque viví en la CDMX 10 años, desde finales de los años setenta y casi toda la década de los ochenta. Disfruto del lugar, su gente y su folclor.

Abordé el Metro en la estación Terminal Aérea para llegar a la estación Morelos; ahí caminé cinco cuadras aproximadamente para después enterarme que había caminado por terreno muy peligroso, donde pude haber sido asaltado, y desde luego privado de todas mis pertenencias, si bien me iba.

Bueno, pensé, en nuestro México actual cualquier terreno es ya peligroso. No tuve miedo, aunque siempre estuve atento a mi alrededor.

Llegué sin problemas al AGN, un edificio construido a finales del siglo XIX e inaugurado en el año 1900 como la Penitenciaría de México, posteriormente bautizado como el Palacio de Lecumberri, y la apodaban el “Palacio Negro”; este último nombre lo obtuvo debido a tanta historia fuerte y macabra que sucedió por años en ese reclusorio. Hoy luce majestuoso.

SIN MUROS NI POLICÍAS

Pasé los marcos de seguridad y la primera persona que encontré me pidió que me regresara al indicarme que tenía que registrarme con un guardia donde me darían un gafete "¡híjole!", me dije, "ya empezaron los problemas".

Sin mucho hablar me dieron de inmediato el gafete y fui de nuevo con la misma persona, quien me dirigió al Centro de Referencias (CR), lugar donde tenía que empezar mi búsqueda.

Ya en el CR me atendió Angélica Rodríguez: Desde ese momento se borró mi idea de lo que uno espera de una oficina de Gobierno, especialmente donde dicen que ahora los archivos e información clasificada está abierta a todos. Esperaba ver muros, policías y hasta al Ejército. Pero no, no había nada de eso.

Angélica fue amable desde un principio, me enseñó paso por paso la manera de buscar información de cualquier tipo, asuntos estudiantiles, casos de personas desaparecidas, problemas políticos, guerrillas en México, antepasados de familia y otros más. Antes me explicó cómo acceder a la búsqueda de información.

Me dedicó tiempo suficiente, sin prisas y con tanta amabilidad, que hasta extraño me sentía.

HACIA EL OBJETIVO

Buscaba información de mi padre, José Alberto Healy Noriega, y de mi abuelo, José Santiago Healy Brennan, quienes con su trayectoria periodística estaba seguro encontraría datos clasificados de gobiernos anteriores, principalmente de la época de los sesenta y setenta, cuando se vivieron tiempos difíciles de represión a la prensa y también a los ciudadanos.

En esos años mi padre tuvo fuertes enfrentamientos con el Gobierno estatal de Faustino Félix Serna ( PRI), principalmente durante los conflictos del 68 de la Universidad de Sonora.

De mi bisabuelo Santiago Healy, quien emigró a México de Irlanda a Estados Unidos y luego a México a mediados del siglo XIX, estaba interesado en encontrar datos de su ingreso a nuestro País.

Con la experiencia y asistencia de Angélica, buscamos en las diferentes carpetas, en las de la Secretaría de Gobierno, la Secretaría de la Defensa Nacional, la Secretaría de Relaciones Exteriores y en otras más.

"Hay que esperar un momento para que la computadora vaya a todos esos archivos a buscar lo que se solicita", comenta Angélica al explicar que uno puede ser muy preciso en su búsqueda; nosotros empezamos sólo con el apellido de mi familia, Healy.

Ella me decía que esto puede tardar un minuto, 30 minutos o más, todo depende de lo que se busca y cuántas carpetas se añaden.

PRIMERA DE DOS PARTES ...

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