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Guerrero mejora su capacidad de respuesta ante desastres, pero enfrenta infraestructura envejecida, viviendas vulnerables y zonas de riesgo que mantienen al estado expuesto

El paso del huracán Otis, en octubre de 2023, dejó expuesta la vulnerabilidad de distintas redes de servicios en Acapulco.

Guerrero mejora su capacidad de respuesta ante desastres, pero enfrenta infraestructura envejecida, viviendas vulnerables y zonas de riesgo que mantienen al estado expuesto

Guerrero tiene una población con mayor experiencia y capacidad de respuesta ante fenómenos naturales, pero enfrenta una infraestructura envejecida y vulnerable, advirtió Roberto Arroyo Matus, secretario de Gestión Integral de Riesgos y Protección Civil del estado.

Durante un encuentro con integrantes de la Asociación Civil Acapulco, realizado en un hotel de la zona Dorada de este puerto, el funcionario explicó que la entidad permanece en una situación de vulnerabilidad constante debido a factores geográficos, urbanos y estructurales.

El principal desafío, sostuvo, no está únicamente en la capacidad de reacción de la población o de las autoridades, sino en la fragilidad de buena parte de la infraestructura, que en algunos casos supera las seis décadas de antigüedad.

“Mucha infraestructura ha envejecido más de 60 años en algunos casos, se encuentra muy deteriorada, muchas edificaciones fueron realizadas sin seguir criterios que contemplaran la gran diversidad de fenómenos que actualmente se presentan, la situación ha cambiado de forma drástica”.

¿Por qué Guerrero sigue siendo vulnerable a los desastres?

Arroyo Matus explicó que la vulnerabilidad del estado responde a una combinación de factores que van desde su orografía y aislamiento geográfico hasta la desigualdad entre municipios y las características de las construcciones.

Entre los principales retos identificados por Protección Civil se encuentran:

  • Infraestructura con décadas de antigüedad.
  • Edificaciones construidas sin considerar la diversidad de fenómenos naturales que actualmente enfrenta la entidad.
  • Crecimiento urbano sin suficiente ordenamiento.
  • Asentamientos humanos en zonas de alto riesgo.
  • Ocupación de predios ubicados en zonas federales.
  • Viviendas autoconstruidas sin reforzamiento adecuado.
  • Desigualdad en los recursos disponibles entre municipios.
  • Limitaciones en sistemas de drenaje y alcantarillado.
  • Rutas de evacuación y señalización urbana insuficientes.
  • Dificultades para distribuir ayuda después de un desastre.

El funcionario destacó que la experiencia acumulada por la población después de distintos fenómenos ha incrementado la conciencia sobre la importancia de la protección civil, pero esa resiliencia social no necesariamente está acompañada por infraestructura capaz de soportar los impactos.

Otis y John expusieron la fragilidad de las redes de servicios

El paso del huracán Otis, en octubre de 2023, dejó expuesta la vulnerabilidad de distintas redes de servicios en Acapulco.

Arroyo Matus recordó particularmente los daños ocasionados a la infraestructura hidráulica y de agua, cuya exposición ante fenómenos extremos evidenció las dificultades para mantener los servicios esenciales después de un desastre.

A ello se suman los efectos del huracán John y el sismo ocurrido el pasado 2 de enero, con epicentro en San Marcos y magnitud 6.5, fenómenos que han obligado a las autoridades a mantener una vigilancia permanente sobre los riesgos que enfrenta el estado.

Edificios rodeados de escombros tras el paso del devastador huracán Otis, de categoría 5, en Acapulco, México, el viernes 27 de octubre de 2023. (AP Foto/Félix Márquez)

¿El drenaje de Acapulco puede soportar lluvias extremas?

El funcionario señaló que las obras de mitigación existentes ya no son suficientes para las condiciones actuales de crecimiento urbano.

Acapulco es uno de los principales ejemplos.

La ciudad ha experimentado un crecimiento importante mientras que parte de su infraestructura hidráulica fue diseñada para condiciones diferentes a las actuales. En particular, los sistemas de alcantarillado y drenaje no están preparados para conducir grandes volúmenes de agua durante episodios de lluvias intensas.

Esto incrementa el riesgo de inundaciones en zonas urbanas, particularmente cuando las precipitaciones coinciden con las características topográficas del municipio.

Para Arroyo Matus, el problema no puede resolverse únicamente mediante obras de emergencia: requiere ordenamiento territorial y planeación urbana de largo plazo.

Miles de familias viven en zonas de riesgo

Otro de los problemas señalados por el funcionario es la expansión de asentamientos humanos hacia zonas donde existe exposición a fenómenos naturales.

En Guerrero, dijo, miles de familias viven en zonas consideradas de alto riesgo, mientras que también se han ocupado terrenos ubicados en zonas federales.

El crecimiento urbano sin suficiente regulación complica las tareas de prevención, evacuación y atención de emergencias.

Por ello, consideró fundamental establecer y fortalecer planes de ordenamiento territorial que tomen en cuenta la compleja orografía de Guerrero y las diferencias existentes entre sus municipios.

Viviendas autoconstruidas, otro factor de vulnerabilidad

La condición de las viviendas constituye otro de los retos.

Arroyo Matus destacó que en distintas comunidades existen familias que habitan en construcciones autoconstruidas y viviendas de adobe, cuya resistencia ante determinados fenómenos puede ser limitada cuando no cuentan con reforzamiento o mantenimiento adecuado.

La preocupación aumenta en una entidad expuesta simultáneamente a huracanes, lluvias intensas, sismos y riesgo de tsunami.

Por ello, el funcionario insistió en que el reto central consiste en mejorar la resistencia física de las construcciones y no únicamente en aumentar la capacidad de respuesta una vez ocurrido el desastre.

¿Acapulco está preparado para un tsunami?

Arroyo Matus también alertó sobre el riesgo de tsunami en Acapulco después de un sismo de gran magnitud.

Explicó que, bajo determinadas condiciones, un evento sísmico podría generar un oleaje severo que llegaría a la costa en un periodo estimado de 10 a 20 minutos.

Este margen de tiempo hace especialmente importante contar con mecanismos de alerta, rutas de evacuación y espacios seguros previamente identificados.

Sin embargo, el funcionario señaló que los planes de evacuación vertical hacia zonas altas todavía no están consolidados.

La evacuación vertical consiste en trasladar a la población hacia estructuras o puntos elevados cuando las características del territorio o el tiempo disponible dificultan una evacuación horizontal hacia zonas alejadas de la costa.

En un escenario de tsunami, la rapidez de la respuesta puede ser determinante, debido a que el tiempo disponible para abandonar las zonas de exposición puede ser reducido.

Guerrero registra un aumento de actividad sísmica

El secretario de Protección Civil estatal también informó que durante 2026 se registró un incremento en el número de sismos en Guerrero, asociado principalmente a las réplicas del movimiento ocurrido el 2 de enero en San Marcos.

Hasta el 19 de agosto, señaló, se habían contabilizado 8 mil 748 sismos en la entidad, cifra con la que Guerrero se ubicaba como el estado con mayor actividad sísmica del país, seguido por Oaxaca y Chiapas.

El dato refleja la necesidad de mantener mecanismos permanentes de monitoreo y preparación, particularmente en una entidad donde la actividad sísmica se suma a la exposición a fenómenos hidrometeorológicos.

¿Guerrero ha mejorado su capacidad de respuesta?

Aunque existen deficiencias estructurales, Arroyo Matus reconoció avances en la cultura de protección civil y en la capacidad de respuesta de las autoridades.

Después de experiencias como Otis y John, la población ha adquirido mayor conciencia sobre la necesidad de prepararse ante emergencias.

También destacó la participación de las Fuerzas Armadas mediante mecanismos como:

  • Plan Marina.
  • Plan DN-III-E.
  • Brigadas de auxilio inmediato.
  • Coordinación con autoridades de Protección Civil.

Estas capacidades permiten responder con mayor rapidez una vez que ocurre un fenómeno, aunque el funcionario subrayó que la preparación no puede sustituir la necesidad de reducir la vulnerabilidad física.

“El territorio guerrerense ya tiene experiencia en responder pero aún existen áreas de oportunidad como estar completamente preparados, lo cual es difícil de lograr, humanamente se está tratando de hacer”.

El reto: pasar de la reacción a la prevención

La advertencia de Protección Civil plantea un desafío que va más allá de la atención de emergencias.

Guerrero ha desarrollado experiencia para responder a huracanes y sismos, pero continúa enfrentando problemas estructurales que pueden aumentar el impacto de esos fenómenos.

El envejecimiento de edificios, el crecimiento urbano sin suficiente ordenamiento, las viviendas autoconstruidas, la infraestructura hidráulica insuficiente y la falta de planes consolidados para una eventual evacuación por tsunami forman parte de los pendientes señalados por el funcionario.

En ese contexto, la reducción del riesgo requiere no sólo contar con equipos de emergencia preparados, sino también fortalecer las construcciones, ordenar el crecimiento urbano, mejorar los sistemas de drenaje y establecer rutas de evacuación funcionales antes de que ocurra el siguiente fenómeno natural.

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