Obsesión de un pasado a modo
El peso de la institución virreinal en México fue largo y profundo, en ese pasado está la explicación de la indiferencia local por aquel movimiento independentista, las regiones tienen dinámicas propias y no están sujetas a la gravitación central.
Afirmaba Luis Gonzáles y González que la historia no es tabla rasa (El oficio de historiar, 1985) esto explicó la forma de abordar los procesos históricos, lo que se suponía materia inalterada estaba interpretada a través de distintas condiciones, entre estas el origen geográfico de quien intenta destramar algún suceso histórico. En el Noroeste, a pesar de lo trascendente que fue el Movimiento de Independencia no tuvo el mismo impacto en Sonora que en el Bajío.
La Independencia en Sonora no fue un suceso militar, las fuerzas insurgentes ni siquiera pisaron la entidad, fueron derrotadas en Sinaloa por sonorenses acompañados de grupos indígenas locales, en 1821 se logra un acuerdo político provincial por quienes ya detentaban el poder.
El peso de la institución virreinal en México fue largo y profundo, en ese pasado está la explicación de la indiferencia local por aquel movimiento independentista, las regiones tienen dinámicas propias y no están sujetas a la gravitación central.
Se ha intentado disminuir el pasado virreinal, el régimen recurre a la exaltación del centralismo indígena como relato, lo que ignora es que muchos de los pueblos originarios se fundieron con los habitantes criollos, es el caso del pueblo ópata, la población indígena más numerosa en la región a la llegada de los españoles.
Ya no hay ópatas, están fusionados a las distintas corrientes migratorias que arribaron y son un ejemplo del proceso de mestizaje y de la evolución de los distintos procesos sociales que se dan en los territorios lejanos del centro.
Los 300 años de vida virreinal fueron definitivos para la formación del País que hoy habitamos, ese largo periodo fue el fermento que originó a los actuales habitantes de México, la Independencia nos trajo emancipación, pero no quebró el peso de nuestro pasado español, aunque la política y las historia oficial lo haya intentado:
“… la Independencia de las distintas regiones del continente americano en relación con las metrópolis europeas no hizo sonar la hora de un regreso a un pasado autóctono, aun cuando los intelectuales que asentaron las bases ideológicas de estos movimientos se refirieron a veces a algunos de sus aspectos”. (Solange Alberro, Del Gachupín al Criollo).
El régimen tiene una tendencia a caricaturizar la historia, lo mismo ha hecho con todas las instituciones de la República llevándolas a extremos ridículos, lo mismo con la Suprema Corte o el
Senado pasando por todo lo que se ha apropiado.
El relato de la historia nacional no podía ser una excepción, de los vivas pasamos a la actuación demencial de todo aquel que se posa en un balcón con la Bandera nacional.
En esto no es ajena la Presidencia, aquella ceremonia que debía ser incluyente y republicana está convertida en un lugar para la chabacanería, el indigenismo demagógico, el feminismo simulado y el relato histórico infantilizado.
La apropiación interesada de las ceremonias se funda en la exclusión de muchos acompañada por la obsesión de un pasado a modo, estrategia fundacional de estos regímenes que se definen como Movimiento, fundados en interminables promesas antes que en la inalterable realidad.
El ruido cotidiano de la destrucción republicana es ensordecedor y si a esta estridencia agregamos a un régimen arbitrario que anida una autocracia, lo que viene es alarmante.
Todo lo que han tocado lo han convertido en un aluvión de ocurrencias y despropósitos, demostración que gobierna no sólo la corrupción sino también la ignorancia y el desconocimiento.
Al populismo le urge apropiarse de la historia ya que esta advierte las consecuencias de encumbrar a estos regímenes.
Sigue nuestro canal de WhatsApp
Recibe las noticias más importantes del día. Da click aquí
Grupo Healy © Copyright Impresora y Editorial S.A. de C.V. Todos los derechos reservados