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Inflación bajo control, PIB en aumento, empleo en retroceso

El 30 de julio, el Inegi informó que el PIB creció 1.5% en el segundo trimestre, tras una contracción de 0.6% entre enero y marzo. Pero un PIB que crece ayuda poco si no se traduce en empleo, y ahí aparece el tercer dato del mes.

Eduardo Ruiz-Healy

El viernes pasado, el Inegi reportó que en julio la inflación anual cayó a 3.12%, su nivel más bajo desde mayo de 2020 y casi en la meta de 3% de Banxico. La subyacente, que excluye los precios más volátiles, bajó a 3.95% anual desde 4.03% en junio. Estas bajas se deben a varios factores: A) Banxico mantiene su tasa en 6.50% desde hace meses, una postura restrictiva que ha contenido la demanda; B) Las medidas para estabilizar el precio de los combustibles y; C) Los incentivos para contener los precios del jitomate y los productos pecuarios, que agrupan carne, pollo, huevo y pescado, que bajaron 6.89% anual junto con frutas y verduras, que cayeron 3.11% mensual. Ese alivio beneficia a las familias, pero no a los trabajadores que comen fuera de su casa porque los precios de restaurantes, fondas y loncherías subieron 6.37% anual, casi el doble de la inflación general.

El 30 de julio, el Inegi informó que el PIB creció 1.5% en el segundo trimestre, tras una contracción de 0.6% entre enero y marzo. Pero un PIB que crece ayuda poco si no se traduce en empleo, y ahí aparece el tercer dato del mes.

El 24 de julio, el propio Inegi anunció que México tenía 84,000 personas ocupadas menos que doce meses atrás, que la población desocupada creció en 132,000 personas, el desempleo subió de 2.7 a 2.9% y la informalidad llegó al 55% de la ocupación nacional. El mismo reporte mostró que 45.6% de la población ocupada gana hasta un salario mínimo, arriba del 44.7% de un año antes.

Ni la inflación a la baja ni el PIB en aumento resuelven la pregunta de fondo: Con qué ingreso paga la mayoría de la gente los altos precios. El problema ya no es sólo generar más plazas formales, sino que quienes ya trabajan ganen lo suficiente para vivir decentemente, una exigencia que choca con una tendencia ya en marcha en el resto del mundo.

La manufactura mundial produce cada vez más con menos trabajadores. La industria automotriz en México lo ilustra: Hace 20 años, una planta nueva significaba miles de empleos, hoy suelda con robots, pinta de forma automatizada y traslada materiales con vehículos autónomos. Produce más con menos personal, y los puestos que quedan exigen mayor calificación y no necesariamente pagan mejor. Fuera de las fábricas el mecanismo es distinto pero el resultado es el mismo: La IA redacta documentos, atiende clientes y procesa facturas, tareas que antes ocupaban a personal administrativo, y muchas empresas no despiden por ello, simplemente dejan sin cubrir la siguiente vacante.

Ese fenómeno todavía pesa poco en México, pero crecerá rápidamente, y con ello aparece una contradicción no incorporada a la estrategia del País para atraer inversiones. Durante décadas la mano de obra barata fue su principal ventaja para atraerlas, pero hoy la IA y la robotización reducen esa ventaja, mientras que el acceso a la electricidad, el agua, los ingenieros especializados y la infraestructura logística importan cada vez más para decidir dónde instalar una empresa.

¿Cómo generará México empleo formal y mejor remunerado cuando las fábricas produzcan más con menos personal y la IA recorte la demanda de trabajo administrativo? Si casi la mitad de quienes trabajan gana apenas un salario mínimo, controlar los precios dejó de ser el reto principal.

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