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Mientras en México envenenar perros es cada vez más penado dependiendo del estado, en Rusia los vacíos legales provocan que pueda quedar impune

Esta comparación directa nos ayuda a visualizar si la severidad escrita en las leyes realmente se traduce en seguridad para los animales.

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MÉXICO.- — El envenenamiento de perros es un acto cruel que despierta una enorme indignación colectiva. Aunque tanto México como Rusia cuentan con leyes para combatir el maltrato animal, la forma en que sus sistemas judiciales persiguen y castigan este delito revela abismales diferencias.

Mientras un país fragmenta su lucha legislativa a nivel local, el otro centraliza una ley federal que, lamentablemente, suele quedar paralizada en la práctica.

En México, la legislación sobre el maltrato animal no está unificada a nivel federal. Cada uno de los 32 estados tiene la facultad de legislar de manera independiente, por lo que envenenar a un perro se castiga de forma muy distinta dependiendo de la región.

¿Cuál suele ser el castigo ante el maltrato animal y de perros?

No obstante, la tendencia nacional es criminalizar con severidad estos actos, tipificándolos como delitos graves que conllevan penas de prisión efectivas.

Por el contrario, Rusia cuenta con un enfoque centralizado bajo el Artículo 245 de su Código Penal y la Ley Federal de Trato Responsable de los Animales aprobada en 2018.

En la teoría, esta legislación prohíbe el envenenamiento y matanza de perros callejeros o domésticos. Sin embargo, la redacción de sus normas exige requisitos tan específicos para procesar a un culpable que el castigo efectivo resulta casi imposible.

Para entender cómo operan ambos sistemas frente al envenenamiento de caninos, es necesario analizar detalladamente sus normativas.

Esta comparación directa nos ayuda a visualizar si la severidad escrita en las leyes realmente se traduce en seguridad para los animales.

Comparativa directa: Penas, jurisdicciones y el problema de la impunidad

  • Severidad de las penas de prisión: En México, entidades como la capital castigan el maltrato mortal con penas de dos a cuatro años de cárcel. Si el asesinato se comete con métodos dolorosos (como venenos de acción lenta), la pena se incrementa considerablemente. En Rusia, el Artículo 245 contempla hasta tres años de prisión para casos individuales de crueldad, y hasta cinco años si es cometido por grupos organizados o frente a menores.
  • El vacío del “sadismo” procesal: Una de las mayores fallas de la ley rusa es que exige demostrar que existió un “motivo sádico” o la intención explícita de causar sufrimiento. Si un envenenador argumenta que solo limpiaba la zona, suele librar el castigo. En contraste, la legislación mexicana tipifica el envenenamiento como un delito de resultado o de mera actividad peligrosa, donde causar la muerte injustificada es suficiente para proceder penalmente.
  • Descentralización frente a uniformidad: El sistema mexicano sufre de una gran disparidad interna. Mientras que estados avanzados cuentan con fiscalías especializadas y penas severas, en otras provincias las denuncias son ignoradas. Rusia goza de una ley federal aplicable en todo su territorio, pero esta rigidez impide que las regiones adapten sus estrategias de seguridad a las problemáticas locales de sobrepoblación canina.
  • Los “Doghunters” frente al maltrato vecinal: En Rusia existe una subcultura alarmante llamada doghunters, grupos organizados que esparcen cebos con fármacos letales en parques públicos. A pesar de la prohibición legal, la policía suele mostrar indiferencia ante estas redes. En México, aunque el envenenamiento vecinal es un problema real, no existe una organización glorificada de exterminadores y la presión social en redes obliga a actuar rápido.

El desafío de la aplicación de la ley y el rol social

A pesar de contar con leyes severas, la aplicación real en México sigue enfrentando un gran cuello de botella técnico. Las fiscalías locales a menudo carecen de personal capacitado para realizar necropsias veterinarias oficiales que certifiquen el envenenamiento, dificultando la presentación de pruebas científicas ante un juez. Además, el ciudadano común suele toparse con un proceso burocrático lento al interponer su denuncia formal.

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En el contexto ruso, la situación es más compleja debido al debilitamiento de las organizaciones independientes de protección animal. Las voces de activistas rusos que exigen regular la venta libre de medicamentos letales para perros suelen ser desatendidas por el Estado. El control encubierto de perros callejeros mediante el veneno sigue siendo, de manera informal, una herramienta tolerada en diversas administraciones municipales.

La participación de la sociedad civil en México ha demostrado ser una fuerza transformadora mucho más activa y visible. Movilizaciones ciudadanas y la presión de rescatistas han logrado sentar precedentes históricos, obteniendo sentencias de prisión efectivas para maltratadores de perros. Esta presión constante funciona como un contrapeso vital que obliga a las autoridades mexicanas a actuar, a diferencia del restrictivo entorno de protesta en Rusia.

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