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Monterrey escondió colonias populares durante el Mundial 2026 con lonas y cercos; esto es lo que oculta el gobierno de Samuel García

¿Cómo es el Monterrey que se oculta tras las lonas mundialistas?

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MONTERREY.- — Con la llegada de la Copa del Mundo, las grandes urbes que albergan el torneo se someten a transformaciones radicales.

Sin embargo, detrás del brillo de los reflectores, los estadios de última generación y los discursos de modernidad, a menudo se esconden realidades incómodas que los gobiernos prefieren no mostrar al turismo internacional.

Monterrey, una de las sedes clave de la justa de 2026, se encuentra hoy bajo la lupa debido a una polémica estrategia de imagen urbana: la instalación de vallas, muros y lonas diseñadas estratégicamente para ocultar las colonias populares y zonas deprimidas adyacentes a las principales vías de tránsito turístico.

Reportes de medios como Telediario y Reforma, señalan que mientras el gobernador de Nuevo León, Samuel García, realiza giras internacionales promoviendo la conectividad, la vanguardia tecnológica y visitando complejos deportivos en latitudes como Japón, en el plano local la realidad es muy distinta.

El contraste es severo: por un lado, una narrativa oficial enfocada en el “primer mundo” y la espectacularidad del torneo; por el otro, cuadrillas de trabajadores levantando barreras físicas para invisibilizar la precariedad económica y las fallas estructurales que arrastra la zona metropolitana.

Las decisiones de Samuel García frente al escaparate internacional

La administración de Samuel García se ha caracterizado por un fuerte componente de mercadotecnia política, buscando posicionar a Nuevo León como el principal hub económico e industrial del país.

Bajo la consigna de que el estado debe “lucirse” ante los ojos del mundo, las prioridades gubernamentales parecen haberse concentrado en la ruta del visitante extranjero.

La contradicción resulta evidente para la ciudadanía. Durante sus viajes de promoción exterior —donde suele destacar la infraestructura local o la capacidad de atracción de inversiones— las calles de Monterrey reciben un tratamiento puramente superficial.

En avenidas neurálgicas como Constitución y Morones Prieto, las vías que conectan los puntos neurálgicos de la ciudad y conducen hacia las zonas hoteleras y estadios, el Gobierno del Estado ha optado por blindar visualmente los sectores que muestran rezago social.

En lugar de invertir en la reestructuración profunda, la regularización o el equipamiento urbano de estas colonias populares, las autoridades locales han canalizado recursos hacia empresas contratistas para levantar muros grises y mallas ciclónicas revestidas de cinta plástica o lonas.

  • El objetivo es simple: que los ojos del aficionado extranjero transiten por un corredor aséptico, libre de los contrastes económicos que definen a la región.

¿Cómo son estas colonias populares?

Para entender lo que la administración estatal intenta esconder detrás de los muros provisionales y los mensajes de bienvenida en diversos idiomas, es necesario adentrarse en la morfología de estos barrios.

Las colonias populares afectadas por este “maquillaje urbano” no son simplemente zonas estéticamente descuidadas; representan décadas de crecimiento desordenado, falta de planeación y un severo olvido institucional.

Estas zonas habitacionales suelen caracterizarse por viviendas construidas con autogestión, muchas de ellas con techos de lámina, fachadas sin pintar o estructuras de block expuesto. Se asientan con frecuencia en las faldas de los cerros o en los márgenes de los ríos y arroyos que cruzan la ciudad, lo que las vuelve altamente vulnerables ante fenómenos meteorológicos.

Las calles de estos sectores suelen carecer de pavimento adecuado, mostrando baches profundos, falta de banquetas transitables y cableado eléctrico enredado de forma caótica.

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La carencia de espacios verdes y áreas recreativas dignas es una constante, contrastando de manera tajante con los modernos parques y distritos financieros que se promueven en los folletos turísticos del mundial.

Al ocultarlas, el gobierno no solo esconde la pobreza material, sino también su propia incapacidad histórica para dotar a estos ciudadanos de una infraestructura digna.

Listado de puntos y carencias en las colonias afectadas

La colocación de mallas con cintas verdes y muros de concreto recién pintados para tapar las llamadas “zonas deprimidas” impacta directamente en la percepción y la vida de los habitantes de estos sectores.

Entre los principales problemas y realidades que estas barreras intentan ocultar a lo largo de corredores como Morones Prieto y Constitución se encuentran:

  • Viviendas en condiciones de vulnerabilidad: Estructuras inconclusas, tejados precarios y asentamientos irregulares que colindan directamente con las autopistas urbanas más transitadas.
  • Falta de servicios públicos básicos: Sectores que padecen intermitencia crónica en el suministro de agua potable, drenajes expuestos y sistemas de recolección de basura deficientes.
  • Rezago en infraestructura vial interna: Calles de tierra, pasajes peatonales peligrosos y la ausencia total de accesibilidad universal para los propios vecinos.
  • Abandono de espacios públicos y áreas verdes: Terrenos baldíos utilizados como tiraderos clandestinos de escombros y basura, que colindan con las zonas donde hoy se levantan los cercos plásticos.
  • Grafitis y deterioro del mobiliario urbano: Bardas desgastadas por el tiempo que, en lugar de ser rehabilitadas con programas sociales, son simplemente bloqueadas de la vista del conductor mediante vallas grises de hormigón.

Esta política de ocultamiento ha generado un profundo descontento entre los habitantes de Monterrey, quienes señalan que los recursos empleados para tapar la pobreza debieron usarse para erradicarla o, al menos, para mejorar el entorno de quienes viven allí los 365 días del año, mucho después de que el último turista del Mundial haya regresado a su país.

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