Mientras la CDMX gasta en la “ajolotización” visual de calles y el Tren Ligero con el respaldo de Claudia Sheinbaum, en Xochimilco la especie real enfrenta su extinción total tras no detectarse ningún ejemplar vivo en los censos científicos de 2024 debido a la degradación de los canales
La CDMX se llena de murales de ajolotes bajo el gobierno de Clara Brugada, mientras la especie real en Xochimilco enfrenta su extinción más crítica.
MÉXICO.- La Ciudad de México vive una transformación visual sin precedentes que ha sido denominada por diversos sectores como la “ajolotización”. El gobierno de Clara Brugada ha tapizado el centro de la capital y sistemas de transporte como el Tren Ligero con murales, instalaciones e ilustraciones de este carismático anfibio, especialmente de cara al Mundial 2026.
Sin embargo, este despliegue de identidad gráfica contrasta de forma alarmante con la realidad biológica de la especie. De acuerdo con datos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y muestreos realizados en Xochimilco, mientras la imagen del animal se multiplica en paredes y billetes, su población real en los canales está al borde del colapso total, detectándose ya únicamente mediante rastros de ADN en el agua.
Entre la política y el símbolo: el respaldo de Sheinbaum
La estrategia visual de la Jefatura de Gobierno no solo utiliza la imagen del ajolote; también incorpora el uso del color morado en espacios públicos, una decisión que ha recibido el apoyo explícito de la presidenta Claudia Sheinbaum. Esta “ajolotización” aprovecha la enorme popularidad que el anfibio ganó tras aparecer en el billete de 50 pesos, premiado internacionalmente en 2021.
No obstante, parte de la ciudadanía y diversos especialistas cuestionan si este esfuerzo decorativo es coherente con la inversión destinada a rescatar el hábitat natural en Xochimilco. La percepción general es que se busca impulsar la aprobación gubernamental mediante un símbolo querido, mientras las prioridades de seguridad y ecología en la zona chinampera siguen pendientes.
La extinción silenciosa: de 6,000 ejemplares a cero capturas
La situación en Xochimilco es drástica. Lo que vemos en los murales no refleja la tragedia que ocurre bajo el agua de los canales. La caída poblacional documentada por investigadores es un recordatorio de la fragilidad de nuestro ecosistema:
- 1998: Se estimaba la existencia de 6,000 ajolotes por kilómetro cuadrado.
- 2014: La cifra se desplomó a solo 35 ejemplares.
- 2024: En los censos más recientes, los científicos no lograron capturar un solo ejemplar vivo en varios puntos de muestreo tradicionales.
La supervivencia de la especie se enfrenta a “enemigos” imbatibles si no se interviene pronto: la urbanización descontrolada, la contaminación del agua, la desaparición de las chinampas y la presencia de especies invasoras como la carpa y la tilapia, que se alimentan de los huevos y crías del ajolote.
Te puede interesar: Descubren por casualidad el ajolote rosado en zona protegida de Álamos
El mito del color: lo que la publicidad no cuenta
Un detalle que los biólogos enfatizan es la diferencia entre el ajolote de la publicidad y el ajolote silvestre. El animal rosado (albino) que aparece en los murales de la CDMX es una variante genética que difícilmente sobreviviría en la naturaleza. El ajolote nativo de Xochimilco es originalmente de color negro o café oscuro, tonos que le permiten camuflarse en el fondo de los canales.
Además, existe una creciente preocupación por el mercado ilegal. Expertos como Luis Zambrano González, impulsor del proyecto “Chinampa-Refugio” en la UNAM, advierten que los ajolotes no son mascotas. Requieren condiciones de agua perfectas y cuidados especializados que son casi imposibles de replicar en un hogar promedio, lo que refuerza la necesidad de protegerlos en su entorno natural y no solo en ilustraciones.
¿Hay esperanza para el ajolote real?
Más allá de la política y el uso de su imagen como marca de la ciudad, existen proyectos científicos que buscan resultados tangibles. El programa “Chinampa-Refugio” trabaja de la mano con los chinamperos locales para limpiar el agua y crear barreras que impidan el paso de especies depredadoras.
El objetivo de estos esfuerzos es que el ajolote deje de ser un fantasma biológico que solo sobrevive en el arte urbano o en los billetes. La protección de Xochimilco no solo es una cuestión de estética para el Mundial 2026, sino una necesidad de justicia ecológica para la especie más emblemática de la Cuenca de México. Sin una intervención real en la calidad del agua y el control del turismo masivo, la “ajolotización” de la ciudad podría terminar siendo el mural de una especie que ya no existe.
Grupo Healy © Copyright Impresora y Editorial S.A. de C.V. Todos los derechos reservados