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Científicos de la UNAM descubren en el veneno de un alacrán y en el chile habanero tres nuevos antibióticos capaces de combatir la tuberculosis y bacterias resistentes que causan miles de muertes en hospitales de todo el mundo cada año

Los compuestos ya fueron patentados en México y Sudáfrica. Uno de ellos demostró eficacia contra la bacteria de la tuberculosis en pruebas con modelos animales validadas con la colaboración de un experto de la Universidad de Stanford

Un equipo de investigadores del Instituto de Biotecnología de la UNAM logró desarrollar tres nuevos antibióticos a partir de dos fuentes que pocos asociarían con la medicina: el veneno de un alacrán originario de Veracruz y el chile habanero cultivado en Yucatán. Los compuestos demostraron capacidad para combatir la bacteria que causa la tuberculosis, así como otros patógenos hospitalarios que han desarrollado resistencia a los fármacos convencionales.

De acuerdo con la investigación reportada por Wired, el proyecto representa una de las rutas más prometedoras de la ciencia mexicana frente a la resistencia antimicrobiana, considerada por la Organización Mundial de la Salud como una de las principales amenazas para la salud global en las próximas décadas.

¿Cómo obtuvieron antibióticos del veneno de un alacrán?

El hallazgo principal fue liderado por Lourival Domingos Possani Postay, investigador del Instituto de Biotecnología de la UNAM en el campus Morelos. Su equipo trabajó con el veneno del alacrán Diplocentrus melici, una especie endémica del estado de Veracruz.

A partir de la toxina del arácnido, los científicos lograron aislar dos moléculas incoloras denominadas benzoquinonas, compuestos que no contienen aminoácidos y que presentan una propiedad distintiva: al entrar en contacto con el aire se oxidan y cambian de color. Una adquiere tonalidad azul y la otra roja.

Ese comportamiento químico permitió a los investigadores determinar la estructura de ambas moléculas, sintetizarlas en laboratorio y evaluar sus propiedades biológicas contra distintas bacterias.

Los resultados fueron los siguientes:

  • La benzoquinona azul demostró capacidad para actuar contra Mycobacterium tuberculosis, la bacteria causante de la tuberculosis.
  • La benzoquinona roja resultó eficaz contra Staphylococcus aureus, un microorganismo que en entornos hospitalarios puede provocar desde infecciones cutáneas hasta enfermedades potencialmente mortales como neumoníameningitissepticemia y endocarditis.

¿Quiénes validaron estos resultados?

La investigación contó con la participación de dos figuras clave que fortalecieron la validación científica de los hallazgos.

Richard Zare, reconocido experto en fisicoquímica y profesor de la Universidad de Stanford, colaboró en el proceso de análisis molecular, lo que le dio al proyecto una dimensión de verificación internacional.

Por su parte, Rogelio Hernández Pando, del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán, evaluó el efecto de la benzoquinona azul en un modelo murino con tuberculosis inducida. Tras los ensayos, concluyó que la molécula funciona como un antibiótico altamente eficaz contra esta enfermedad.

Pruebas posteriores revelaron que la misma sustancia también es capaz de eliminar Acinetobacter baumannii, un patógeno oportunista altamente resistente asociado con infecciones en sangre, vías urinarias, pulmones y heridas, especialmente en hospitales.

¿Qué descubrieron en el chile habanero?

En paralelo al trabajo con el veneno de alacrán, otro grupo del mismo instituto identificó en el chile habanero (Capsicum chinense) un péptido con capacidad antibacteriana. El proyecto fue liderado por Gerardo Corzo Burguete junto con Georgina Estrada Tapia, del Centro de Investigación Científica de Yucatán.

El equipo se enfocó en combatir la bacteria Pseudomonas aeruginosa, clasificada por la OMS como patógeno de alta prioridad por su resistencia a los antibióticos convencionales. Esta bacteria afecta especialmente a pacientes con sistemas inmunológicos debilitados.

Los científicos identificaron en el chile un péptido llamado defensina J1-1 y, a partir de ese hallazgo, desarrollaron un fármaco denominado XisHar J1-1 que demostró eficacia contra Pseudomonas aeruginosa y con potencial para tratar infecciones provocadas por hongos.

El proceso de producción incluyó la modificación genética de una bacteria para inducir la generación del péptido, seguida de fermentación sumergida, una técnica industrial que permite obtener compuestos a gran escala. Posteriormente, el péptido fue extraído y purificado para su uso como antibiótico.

¿Qué limitaciones reconocen los propios investigadores?

Los científicos fueron transparentes sobre las etapas pendientes. La doctora Estrada Tapia señaló que las pruebas del antibiótico derivado del chile habanero se realizaron con una cepa de laboratorio y no con una cepa resistente proveniente de pacientes reales.

A pesar de esa limitación, indicó que tanto la defensina como sus variantes sintéticas mostraron resultados positivos y ya cuentan con patente registrada en México.

En el caso de los antibióticos derivados del veneno de alacrán, el doctor Possani Postay reconoció que el siguiente paso son los ensayos clínicos, los cuales requieren una inversión considerable. Por ello, expresó su interés en que alguna farmacéutica nacional colabore para llevar los compuestos a una producción a escala industrial.

El equipo también trabaja actualmente en el desarrollo de nanopartículas que funcionen como estabilizadores y sistemas de protección, con el objetivo de que los antibióticos puedan administrarse de forma segura en el organismo humano sin degradarse antes de cumplir su función.

¿Qué tan grave es la resistencia antimicrobiana en el mundo?

Iván Arenas Sosa, integrante del grupo de investigación, contextualizó la relevancia del proyecto al señalar que el problema de las bacterias resistentes a los antibióticos ha crecido en los últimos años y seguirá aumentando.

La resistencia antimicrobiana ocurre cuando las bacterias evolucionan y dejan de responder a los medicamentos diseñados para eliminarlas. Este fenómeno convierte infecciones que antes eran tratables en amenazas potencialmente mortales, especialmente en entornos hospitalarios.

La OMS ha catalogado esta crisis como una de las diez principales amenazas para la salud global. Según estimaciones internacionales, las infecciones por bacterias resistentes ya causan más de un millón de muertes directas al año en el mundo y la cifra podría multiplicarse en las próximas décadas si no se desarrollan nuevos tratamientos.

En ese contexto, el descubrimiento de moléculas con capacidad antibiótica en fuentes naturales mexicanas como el veneno de alacrán y el chile habanero representa una alternativa concreta frente a un problema que la medicina convencional no ha logrado resolver con los fármacos existentes.

¿Por qué este avance es relevante para México?

México enfrenta un doble desafío en esta materia. Por un lado, la tuberculosis sigue siendo un problema de salud pública en varias regiones del país. Por otro, las infecciones hospitalarias por bacterias resistentes como Staphylococcus aureus, Acinetobacter baumannii y Pseudomonas aeruginosa representan una amenaza creciente en el sistema de salud.

El hecho de que los tres antibióticos hayan sido desarrollados íntegramente por instituciones mexicanas, con especies endémicas del territorio nacional, y que ya cuenten con patentes registradas en México y Sudáfrica, posiciona a la UNAM como un actor relevante en la búsqueda global de soluciones contra la resistencia antimicrobiana.

El siguiente paso dependerá de que la inversión necesaria para los ensayos clínicos se materialice, ya sea mediante financiamiento público, alianzas con la industria farmacéutica o cooperación internacional.

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