Mientras Francia acelera la erradicación de combustibles fósiles, en México el gobierno de Claudia Sheinbaum evalúa introducir el fracking pese a las críticas por el daño ambiental y el excesivo consumo de agua
Mientras Francia establece fechas límite para abandonar el carbón y el gas, México evalúa el uso del fracking para alcanzar la soberanía energética pese a los riesgos ambientales.

MÉXICO.- El panorama energético mundial atraviesa un momento de definiciones críticas donde las potencias económicas toman rumbos distintos para asegurar su futuro. Por un lado, Francia se ha convertido en la primera gran economía en formalizar un plan detallado para eliminar totalmente los combustibles fósiles hacia el año 2050. Por otro lado, el Gobierno de México, encabezado por la presidenta Claudia Sheinbaum, ha propuesto la creación de un comité de especialistas para evaluar la explotación de gas mediante fracturación hidráulica, mejor conocida como fracking.
Según los reportes oficiales y las estrategias presentadas en foros internacionales como la reciente cumbre en Santa Marta, Colombia, ambas naciones buscan reducir su dependencia externa, aunque bajo métodos y visiones ambientales contrastantes.
La hoja de ruta de Francia: Un futuro sin petróleo ni gas
Francia ha decidido actuar de manera independiente ante la falta de acuerdos sólidos en la COP30 de Brasil. Su estrategia unifica políticas climáticas para alcanzar la neutralidad de carbono a mitad de siglo. Para lograrlo, el gobierno francés ha establecido plazos estrictos que buscan blindar su economía ante la inestabilidad energética provocada por conflictos bélicos internacionales.
Los hitos del plan francés son los siguientes:
- 2030: Cese total del uso de carbón.
- 2045: Eliminación definitiva del uso de petróleo.
- 2050: Abandono del gas y cumplimiento de la neutralidad de carbono.
A pesar de la claridad de este plan, el país europeo enfrenta el desafío de acelerar sus recortes de emisiones, ya que en 2025 se registró una desaceleración que podría poner en riesgo estas metas si no se ajustan los ritmos de implementación.
México y el debate del fracking: Soberanía contra impacto ambiental
En nuestro país, la administración actual busca fortalecer la soberanía energética y reducir la dependencia de las importaciones de gas provenientes de Estados Unidos. Para ello, se evalúa si existen técnicas de “bajo impacto ambiental” que permitan liberar las reservas de gas natural en territorio mexicano. Sin embargo, este anuncio ha generado una alerta inmediata entre organizaciones civiles.
Aunque el gobierno plantea una evaluación técnica, diversas organizaciones señalan que el fracking ya se practica en México desde hace tiempo. La preocupación radica en que, desde una perspectiva científica y ambiental, no se ha documentado una forma “sustentable” de realizar esta técnica, la cual consiste en inyectar agua, arena y químicos a gran profundidad para romper la roca y liberar el combustible.

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Los riesgos documentados de la fracturación hidráulica
El uso del fracking conlleva una serie de consecuencias que afectan directamente los recursos naturales y la salud pública. Es importante entender los puntos críticos que los especialistas han puesto sobre la mesa:
- Crisis hídrica: Un solo pozo requiere entre 9 y 29 millones de litros de agua. Esto es especialmente grave en estados con alto estrés hídrico como Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas.
- Contaminación química: Se emplean más de 750 tipos de químicos, incluyendo sustancias tóxicas como el benceno y el metanol, además de posibles materiales radiactivos que retornan a la superficie.
- Sismicidad y clima: La inyección de residuos puede desestabilizar fallas geológicas provocando sismos. Además, el proceso libera metano, un gas que calienta la atmósfera 86 veces más que el CO2 a corto plazo.
El impacto en la salud y la economía local
Más allá del daño ambiental, la salud pública se encuentra en riesgo debido a que las sustancias utilizadas pueden causar daños al sistema nervioso, problemas endocrinos y cáncer. En el ámbito económico, los expertos advierten que esta práctica es incompatible con la ganadería, la agricultura y el turismo, actividades fundamentales para muchas comunidades mexicanas que dependen de la calidad de su tierra y agua.
Mientras Francia acelera hacia la descarbonización total, México se encuentra en una encrucijada: la búsqueda de energía económica y propia frente al costo irreversible que el fracking podría dejar en el patrimonio natural del país. La decisión del comité de especialistas será clave para determinar si el desarrollo energético de la nación se alineará con la preservación del medio ambiente o si se privilegiará la extracción de gas a cualquier costo.
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