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La trampa del éxito: Cada victoria de EE.UU en Irán lo acerca al desastre

Pocos académicos pueden hablar de guerra con la autoridad de Robert Pape. Profesor de Ciencia Política en la Universidad de Chicago...

Eduardo Ruiz-Healy

Eduardo Ruiz-Healy

Pocos académicos pueden hablar de guerra con la autoridad de Robert Pape. Profesor de Ciencia Política en la Universidad de Chicago, director del Chicago Project on Security and Threats, y autor de estudios que han influido en la doctrina militar de Estados Unidos, Pape lleva décadas analizando por qué las grandes potencias ganan batallas y pierden guerras. En una entrevista de dos horas en el canal de YouTube Triggernometry expone lo que él llama la “trampa de la escalada”: El mecanismo por el cual cada victoria táctica de EE.UU en Irán lo empuja hacia un desastre estratégico de proporciones históricas.

Su lógica es esta: Cuando un ejército poderoso obtiene un éxito inicial, la presión para “terminar el trabajo” se vuelve irresistible. Y cada fase siguiente es más peligrosa que la anterior.

La fase uno fueron los ataques de junio de 2025, cuando Israel atacó instalaciones nucleares, bases militares y altos mandos iraníes y EE.UU obliteró, según Donald Trump, las instalaciones nucleares en Natanz, Fordow e Isfahan. Sin embargo, el uranio enriquecido no desapareció: Fue dispersado por Irán. Los inspectores perdieron acceso y Trump terminó más angustiado que antes.

La fase dos fue la respuesta: Guerra aérea para asesinar al Líder Supremo y provocar el colapso del régimen. Pape señala que en 100 años el poder aéreo nunca ha derrocado un Gobierno. Lo que logra es consolidarlo. Ante una amenaza exterior, las poblaciones no se fracturan; se unifican. Irán no colapsa. Se endurece.

La respuesta de Irán no es simétrica sino inteligente. Controlando el Estrecho de Ormuz, pasó de controlar el 4% al 20% del suministro mundial de petróleo, exporta su crudo a China e India y recauda miles de millones de dólares al mes. EE.UU intenta debilitarlo pero lo que consigue es enriquecerlo.

Para recuperar el Estrecho, la lógica bélica empuja hacia la fase tres: Tropas terrestres, asaltos anfibios, captura de la Isla Kharg. El conflicto transita de “costos temporales” a “daños permanentes”. Ante la invasión, Irán destruirá su infraestructura petrolera y reconstruirla tomaría años, generando una crisis energética comparable a la de 1973, pero más grave y más larga.

Las fases cuatro y cinco son las más sombrías. La base de datos de Pape demuestra que el 95% de los ataques suicidas tienen una causa directa, la presencia de tropas extranjeras en suelo ocupado, no el fanatismo religioso. Una invasión generaría terrorismo indiscriminado -“ISIS con esteroides”, dice Pape- ejecutado por una Guardia Revolucionaria cuyos recursos hacen parecer a ISIS como un jugador menor. Y el uranio dispersado, acoplado a los drones iraníes, puede convertirse en armamento radiológico capaz de forzar evacuaciones masivas en Tel Aviv o Dubai.

¿Existe alguna salida? Pape dice que sí: un acuerdo similar al pacto nuclear que Obama y sus aliados europeos firmaron con Irán en 2015 -que Trump abandonó en 2018- con enriquecimiento mínimo (3.5%), fin de sanciones e inspecciones inmediatas. Para que Irán lo acepte, EE.UU tendría que obligar a Israel a firmar el Tratado de No Proliferación Nuclear. Reciprocidad como condición de paz.

Pape concluye que EE.UU no está ganando una guerra sino cayendo, fase por fase, en una trampa que Trump ha ido construyendo desde 2018.

Eduardo Ruiz-Healy

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Sitio: ruizhealytimes.com

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