Luis Felipe Calderón revela que inició vendiendo corbatas en Los Pinos a militares del Estado Mayor, con Carlos Slim como testigo de su negocio y luego Arturo Elías Ayub fue su proveedor de cámaras para revender: “Jamás me dieron un peso para el desm*dre”
Luis Felipe Calderón Zavala contó que inició vendiendo corbatas desde niño a personal del Estado Mayor; con el tiempo diversificó sus negocios y hoy trabaja en el sector empresarial tras formarse como abogado.

CIUDAD DE MÉXICO.- La historia de Luis Felipe Calderón Zavala, hijo del expresidente Felipe Calderón, no inicia en una oficina ni en una empresa formal, sino en los pasillos de Los Pinos.
Tenía apenas 11 años cuando decidió comenzar a vender corbatas. No eran productos ajenos: tomaba las de su propio padre y las ofrecía a quienes trabajaban cerca del entonces mandatario.
De acuerdo con información publicada por El Financiero y retomada de una entrevista, ese fue su primer acercamiento al dinero y a la lógica de los negocios.
“Agarraba de sus corbatas y las vendía con los del Estado Mayor, iba al Batallón de Infantería… para comercializarlas”, recordó.
El escenario no era común: un niño moviéndose entre personal militar y funcionarios, aprendiendo a vender en un entorno institucional que marcó su infancia.
Una decisión familiar: aprender a ganarse el dinero
Detrás de esa escena había una intención clara. En entrevista con Adela Micha, Luis Felipe explicó que su padre buscaba que él y su hermana llevaran una vida lo más normal posible.
Eso incluía algo poco habitual para alguien en su posición: no recibir dinero para gastos personales.
Con el paso de los años, esa regla se mantuvo. Ya en la adolescencia, la instrucción era directa:
Sales con seguridad, pero sin varo”.
Y la idea no cambió con el tiempo:
“En mi caso jamás me dieron un peso para el desmadre… las cubitas te las pagas tú solito”.
Así, lo que comenzó como un juego o una actividad curiosa se convirtió en una forma de independencia.
De las corbatas a las conversaciones con empresarios
El pequeño negocio también le abrió puertas. En eventos oficiales, Luis Felipe tuvo oportunidad de acercarse a figuras como Carlos Slim.

Ahí no hablaba de política ni de grandes contratos. Hablaba de lo que hacía: vender corbatas.
“Yo lo admiro mucho… le contaba lo que hacía de negocio”, explicó.
Incluso quiso dejar claro el alcance de esa etapa:
“Lo que hacía en ese entonces no eran contratos para mis cuates ni nada, era vender corbatas”.
El contacto con empresarios, aunque breve y circunstancial, formó parte de ese aprendizaje temprano.
El siguiente paso: vender cámaras y aprender a negociar
Con el tiempo, su interés por los negocios creció. Ya no se trataba solo de corbatas.
Luis Felipe encontró una nueva oportunidad con Arturo Elías Ayub, quien le proporcionaba cámaras digitales para venderlas.

El esquema era sencillo, pero efectivo: comprar a un precio base y vender con margen.
“Me las daba a 700 pesos y ya lo que yo le pudiera subir…”, relató.
En una de esas operaciones, logró vender todo su inventario en un solo día:
“Ya las vendí. Toma, esta es tu lana y esta es mi parte”.
Ahí ya no solo había iniciativa, también había una lógica clara de negocio.
Una trayectoria que se fue profesionalizando
Con los años, ese interés se trasladó a su formación académica y laboral. Estudió Derecho en la Universidad Panamericana y comenzó a trabajar desde joven.
Su camino incluyó distintas etapas:
- Venta de bienes raíces desde 2017
- Prácticas en despachos legales en México y España
- Experiencia en asesoría financiera
- Participación en proyectos industriales
Actualmente, se desempeña como asociado comercial en Liqui Moly, una empresa enfocada en el sector automotriz.
Una historia marcada por el contraste
El relato de Luis Felipe Calderón Zavala suele llamar la atención por el contexto en el que creció. No es común iniciar un negocio dentro de un entorno presidencial.
Sin embargo, su versión insiste en otro punto: la ausencia de dinero fácil y la necesidad de generar ingresos propios.
Entre corbatas vendidas en Los Pinos, conversaciones con empresarios y ventas improvisadas, su historia se construyó desde una mezcla de privilegio y exigencia personal.
Y aunque comenzó en un escenario poco convencional, el aprendizaje que describe es el mismo que cualquier emprendedor reconoce: vender, negociar y hacerse responsable de su propio dinero.
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