Tras feroz enfrentamiento en Coahuila, revelan que munición fabricada para el Pentágono de Estados Unidos termina en manos de cárteles mexicanos, asegura el New York Times
Un reporte del medio vinculó munición de una planta del ejército de Estados Unidos con ataques de cárteles en México.

Un reporte del periódico The New York Times publicado este 7 de febrero de 2026, señala el uso por parte de los cárteles de armamento y municiones fabricados para el ejército de Estados Unidos, que son contrabandeados desde EE.UU. a través de la frontera.
La investigación del medio destaca el empleo de munición calibre .50, una bala diseñada para uso militar, en ataques contra civiles y policías en México.
El ataque en Villa Unión: Una muestra del poderío armamentístico
La mañana del 30 de noviembre de 2019, un convoy de hombres armados irrumpió en Villa Unión, Coahuila. Su objetivo era intimidar: Planeaban incendiar el ayuntamiento y lo que definió la ventaja en el enfrentamiento fue su armamento: portaban una ametralladora pesada y rifles de calibre .50.
El poder de estas armas fue muy superior al de los oficiales de la policía estatal y municipal presentes, quienes debieron esperar por refuerzos del Ejército mexicano.
Los residentes buscaron refugio de una lluvia de balas de gran potencia; Luis Manzano, un periodista mexicano que llegó al lugar durante el tiroteo, describió la escena al New York Times: “El olor a humo llenaba las calles y los casquillos usados cubrían el suelo como ‘hojas caídas’”.

Pero su testimonio más revelador fue sobre el efecto de las armas: “El suelo temblaba”; mientras disparaban, dijo. “Nunca había experimentado algo así.”
Cuando finalmente llegaron los militares, lograron repeler a los agresores; el balance final fue de 25 personas fallecidas: 4 policías, 2 civiles y 19 presuntos miembros del cártel.
La evidencia forense: El rastro hasta una fábrica en Estados Unidos
Al recolectar pruebas en la escena, las autoridades mexicanas recuperaron cientos de casquillos balísticos, entre ellos, había vainas de calibre .45 y .50 marcadas con las iniciales “L.C.”.
Estas siglas corresponden a la Planta de Municiones del Ejército de Estados Unidos en Lake City, instalación ubicada a las afueras de Kansas City, Missouri.
Esta planta es propiedad del gobierno federal estadounidense y opera bajo contrato con una empresa privada.

Su función principal es ser el mayor proveedor de cartuchos de rifle para el Pentágono, es decir, para uso de las fuerzas armadas de Estados Unidos.
¿Cómo llegan estas armas a México?
La planta de Lake City, si bien produce principalmente para el ejército, también fabrica una línea de munición para el mercado civil comercial.
Los cartuchos de calibre .50, balas del tamaño de un cigarro mediano diseñadas originalmente para destruir vehículos ligeros o material bélico, están a la venta legal para civiles en muchos estados de Estados Unidos.
El New York Times reporta que es a través de este mercado legal, pero con débiles mecanismos de trazabilidad en algunos puntos de venta, que los cartuchos son adquiridos.
Posteriormente, son introducidos de contrabando a México, donde la tenencia de este calibre por civiles es ilegal.
Este flujo forma parte del tráfico de armas estimado en cientos de miles de unidades anuales que cruzan la frontera sur de Estados Unidos hacia México.
Policías “abrumados” ante un arsenal de capacidad superior
La diferencia técnica es significativa:
- Munición Calibre .50: Diseño militar, alcance extremo, alta penetración (capaz de atravesar blindajes ligeros y muros de concreto). Es un arma de supresión y destrucción material.

- Armamento Policial Estándar: Generalmente consiste en rifles de asalto de calibres intermedios (como el 5.56x45mm) y pistolas, diseñados para el combate entre personas a distancias más cortas.

Este desequilibrio táctico, como se vio en Villa Unión, obliga a las corporaciones policiales a depender de la intervención del Ejército o de fuerzas especiales para confrontar a grupos que despliegan este nivel de fuego, limitando su capacidad de respuesta inicial y su autonomía operativa.
El ataque a Villa Unión, con su estela de casquillos marcados “L.C.”, se erige como un símbolo potente de un desafío de seguridad compartido.
Las constantes fallas en la regulación del mercado legal de armas de alto poder en Estados Unidos tienen consecuencias directas y letales en la seguridad pública de México, al equipar a los grupos delictivos con capacidades militares.
Para las fuerzas mexicanas, esto se traduce en operativos donde, ante ciertas escalas de violencia, la desventaja tecnológica puede ser tácticalmente decisiva.
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