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Activistas advierten sobre daños ambientales del Tren Maya en 2026: selvas, cenotes y biodiversidad en riesgo, exigen mayor supervisión y transparencia

Organizaciones civiles, especialistas y comisiones internacionales señalan impactos ecológicos acumulados en tramos del sistema ferroviario y piden medidas claras de protección ante expansión y nuevas terminales

Activistas advierten sobre daños ambientales del Tren Maya en 2026: selvas, cenotes y biodiversidad en riesgo, exigen mayor supervisión y transparencia

En 2026, a medida que el Tren Maya avanza hacia su consolidación operativa, se intensifica la presión de ambientalistas y expertos que advierten sobre el impacto ecológico de este megaproyecto en la Selva Maya, zonas kársticas, sistemas de cenotes y corredores biológicos clave de la Península de Yucatán.

Los señalamientos provienen de organizaciones civiles, especialistas ambientales y comisiones internacionales, que han instado a las autoridades a reforzar evaluaciones ambientales, transparencia en mitigación y seguimiento independiente, para garantizar que la infraestructura no profundice la degradación de ecosistemas sensibles.

Deforestación y fragmentación de hábitats naturales

Investigaciones periodísticas y reportes de grupos ambientales han documentado la pérdida de miles de hectáreas de selva y bosque tropical en la traza y zonas aledañas del Tren Maya, un área de alta biodiversidad. Esta deforestación puede provocar:

  • Fragmentación de hábitats, reduciendo la conectividad ecológica
  • Pérdida de refugio para especies endémicas
  • Incremento del estrés ambiental en corredores biológicos

Organizaciones como Greenpeace México han señalado que, pese a los compromisos de reforestación, las medidas de mitigación son insuficientes para compensar los efectos de la tala y la alteración de ecosistemas maduros, que tardan décadas en regenerarse.

Riesgos para cenotes y sistemas kársticos

Una preocupación recurrente se centra en los sistemas kársticos, formaciones geológicas únicas que sostienen cuevas, ríos subterráneos y cenotes. Estos cuerpos de agua son esenciales para:

  • La captación y almacenamiento de agua dulce
  • Ecosistemas acuáticos frágiles
  • Turismo y actividades culturales

Especialistas han advertido que la vibración de trenes, compactación del suelo y obras de infraestructura podrían afectar la calidad del agua, estabilidad del terreno y hábitats subterráneos, lo que implicaría riesgos ambientales significativos si no se monitorea con rigor.

Autoridades y organizaciones mantienen un debate abierto sobre los impactos ambientales del Tren Maya en el sureste del país. (Gemini)

Presión internacional y recomendaciones de organismos ambientales

El proyecto también ha llamado la atención de organismos internacionales preocupados por la conservación ecológica. Por ejemplo, la Comisión para la Cooperación Ambiental (CEC) —un organismo trinacional bajo el marco del TMEC/USMCA— ha sugerido evaluar el impacto ambiental del Tren Maya más a fondo, requerir transparencia y monitoreo exhaustivo debido a la complejidad ecológica de las áreas afectadas.

Por su parte, académicos y colectivos especializados han recomendado:

  • Monitoreos ambiental y hidrológico independientes
  • Publicación de datos de impacto accesibles al público
  • Cooperación con universidades y centros de investigación

La autoridad responde y el reto hacia 2026

Las autoridades mexicanas han señalado que el Tren Maya cuenta con autorizaciones ambientales vigentes y que se han establecido programas de mitigación, reforestación y manejo de residuos, como parte de los requisitos legales para operar en zonas de alto valor ecológico.

No obstante, grupos civiles consideran que estas acciones no siempre son suficientes, y que la ejecución de medidas carece de transparencia total, lo que dificulta evaluar realmente la eficacia de los compromisos ambientales.

Balance entre desarrollo y conservación

Para muchos críticos, el desafío de fondo es hallar un equilibrio entre las metas de desarrollo económico del sureste mexicano y la protección del patrimonio natural, que incluye ecosistemas frágiles, especies endémicas y cuerpos hídricos vitales para la región.

La presión ambiental actual refleja una tendencia más amplia en la que la sociedad exige que megaproyectos de infraestructura no solo se evalúen por su impacto económico o social, sino también por su sostenibilidad ecológica y transparencia en la gestión ambiental.

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