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Mexicali Estar 20 días en coma fue el costo que pagó María por su adicción a los juegos de azar

Se juegan la vida en casinos

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Por Nicolle De León

Se juegan la vida en casinos

Se juegan la vida en casinos

Pérdidas millonarias fueron las de María, pues en una docena de sus 46 años, ha sido un ir y venir en la adicción a los vistosos juegos de azar que albergan los casinos de la ciudad de Mexicali, llevándola al borde de la muerte durante 20 días.

Ella dice que no se justifica, pero a partir de que falleció su madre en un accidente automovilístico, es que comenzaron los impulsos descontrolados por ir a los casinos a olvidarse de las penas, encerrada en un mundo alterno de fugases recompensas.

“Mi mamá falleció en el 2004 en un accidente automovilístico, siento que a partir de ahí me refugié en el casino, traté de compensar una cosa con otra, evadí de esa forma la realidad”, relató. En su primera etapa no era tan fácil perderse en los casinos, ya que tenía que acudir a Estados Unidos.

Inició como una diversión, criticaba a las personas que iban mucho al casino, pero en aproximadamente dos meses, ya estaba “prendida” del juego, aún no perdía grandes cantidades. Cuando abrieron los ca- sinos en México se detonó el problema, robó en su trabajo, a amigos y a su familia, empezó a vivir para invertir el dinero en el juego.

“En mi mente siempre tenía que iba a ganar un premio grande, y voy a solucionar todo, voy a pagar lo que debo, en un mundo de fantasía que no existía, sí ganaba premios grandes, pero más tardaba en ganarlos que en volverlos a jugar”, aseveró.

Fue creciendo su adicción al punto que su vida se trataba de problemas legales, familiares y emocionales, a sus seres queridos les prometía que lo iba a dejar en muchas ocasiones, pero el vicio le ganaba.

Acabó con su patrimonio, lo calculó en millones de pesos, contando su casa y aproximadamente diez carros. “Mis hijas saben todas las mentiras que eché y a ellas las hice mentir para que no me atraparan las personas a las que les debía”, recordó.

Cuando no había escapatoria, decidió refugiarse en Misión San Carlos, una clínica privada para tratar diversas adicciones; ella no entró con el fin de curarse, sino de esconderse de los cobradores y amenazas legales.

“Entré asustada, no con la convicción de recup rarme, la mera verdad es que quería esconderme de los problemas, de la gente que le debía, estando internada y empecé a visualizar el desmadre que había hecho de mi vida en diez años”, aseveró.

En la clínica estuvo 45 días, en el año 2014, salió estabilizada, ella tenía que continuar en un grupo de ayuda, y como no hay de jugadores anónimos, acudió por un año y medio a alcohólicos anónimos.

BORRACHO SECO


Dejó de ir a los grupos de ayuda, al hacer confianza regresaron las ideas para jugar de nuevo, un término que en psicología se le llama “borracho seco”, diciéndose a sí misma que solo jugaría poco, pero sucedió todo lo contrario.

“En el 2016 intenté quitarme la vida porque ya estaba endeudada, no igual que antes, me tomé anticongelante, yo me sentía fracasada, sentí que estaba peor que antes y tenía terror de enfrentar a mis hijas y mis hermanos, los había vuelto a engañar”, explicó en tono arrepentido.

Cuando Sandoval consumió el anticongelante, su hija sintió que algo malo pasaba, así que decidió llegar unas horas antes de lo normal a su hogar, en donde la encontró al borde de la muerte. Sandoval fue llevada a urgencias donde estuvo en coma por 20 días, cuando salió sus hijas la cuidaron.

La recibieron de nuevo en la Clínica San Carlos sin ningún costo para retomar el tratamiento. Actualmente tiene un años dos meses que egresó de Misión San Carlos, totalmente limpia.

“No voy a mentir, el casino me gusta, pero trato de estar ocupada, es algo con lo que lucho todos los días, trato de estar en mi terapia, yo sé que una tercera oportunidad no la tengo y hasta el día de hoy tengo secuelas físicas”, describió.

“Tengo unos hermanos e hijas maravillosos, quienes me han ayudado a recuperar la confianza, ellas están muy dolidas por como las había engañado”, compartió.

“Viví tantas horas en el casino, te puedo decir que en Mexicali hay más ludópatas que alcohólicos, es una enfermedad que la mayoría no conoce, o piensa que van a ganar y se van a hacer ricos, pero entre más ganas más quieres, jamás le vas a ganar a una computadora, es un ir y venir”, advirtió.

Ahora ella trabaja en subsanar todas las deudas que dejó y recobrar la confianza de a quienes dice que defraudó, de uno en uno, con el fin de ir reparando los daños, concluyó.
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