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Mexicali

Reyna Pozo derrota al cáncer llena de fortaleza y optimismo

“Antes vivía uno en su mundito nomás, pero ahora que uno vive, que ya pasó una experiencia ya es algo diferente que sí te marca, te cambia pero para mejor, para positivismo”, dijo. 

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Por Andrea Jiménez

Al despertar de la anestesia, Reyna descubrió que los doctores habían tenido que extirpar uno de sus senos para retirar el tumor, que había crecido dentro de su pecho. (Andrea Jiménez)

Al despertar de la anestesia, Reyna descubrió que los doctores habían tenido que extirpar uno de sus senos para retirar el tumor, que había crecido dentro de su pecho.  | Andrea Jiménez

“Nunca pensé que fuera a tener algo así de esa magnitud” recuerda Reyna sobre el día en que, casi dos años atrás, los médicos le confirmaron su diagnóstico de cáncer de mama. 

Originaria del entonces Distrito Federal, Reyna Pozo Ortega recibió el tan temido diagnóstico a la edad de 57 años por parte de doctores del municipio de Tijuana, donde ha vivido durante los últimos 30 años. 

Con su familia dividida entre Ciudad Juárez, Chihuahua y la Ciudad de México, Reyna se preparaba para acudir a una reunión familiar al centro del país cuando sintió una bolita en un seno, la cual pensó que se trataba de un absceso de grasa y decidió continuar con sus planes. 

En noviembre de 2017, tras pasar 15 días con sus familiares en el centro del país, su oncólogo le confirmó la presencia de un quiste y un tumor cancerígeno, tras lo cual inició un tratamiento de 18 quimioterapias. 

“Las primeras quince las pase como si nada, a mi nomás porque se me cayó el cabello era que tenía pero yo me sentía bien; no me punzaba, no me dolía, yo podía hacer mi vida normal, pero las ultimas ya no las aguantaba” admite. 

Intensos dolores en el cuerpo y los huesos, cansancio, pérdida de peso y adormecimiento en las piernas caracterizaron la última parte de su tratamiento, dolores que no se reducían ni con el tratamiento para el dolor que le recetaron los médicos. 

Aunque el tratamiento bajó la inflación de su seno, todavía sentía alguna incomodidad, por lo que decidió continuar con su tratamiento a pesar de todo. 

Me dolía todo, perdí mucho peso, en tiempo de frío me dolían mucho los huesos y ya no podía” confiesa “no podía salir a la calle en tiempo de invierno porque me dolía mucho los huesos, y aparte se me comenzaron a adormecer las piernas de la rodilla para abajo” 

Aún con las secuelas de las quimioterapias y el miedo que despertó esta etapa de su tratamiento, Reyna trató de mantenerse optimista y con pensamientos positivos, enfocándose en su Fe para pasar los momentos más dolorosos. 

También contó con el apoyo de sus amigos y familiares, quienes a pesar de la preocupación y la tristeza también intentaron afrontar la enfermedad con actitud positiva. 

“Yo traté de ser siempre optimista, positiva; a mi me hablaban y me preguntaban ¿Cómo estás el día de ahora? Y yo decía bien, y yo me reía, bromeaba” recuerda. 

Al terminar el tratamiento, Reyna se dirigió con un nuevo oncólogo para tratar su caso, quien le indicó que era necesario someterla a una cirugía para retirarle el tumor. 

“Él me dijo ‘su cáncer, lo que sí le voy a decir es que no es de muerte’, y cuando me dijo esas palabras yo así como que descanse, porque yo no me atrevía a preguntarles” aseguró “¿Cuánto me queda de vida? Esa pregunta yo no me atrevía a hacerles a los doctores” 

Fue en octubre de 2018 cuando le realizaron la operación, un momento que recuerda con nerviosismo debido a que la cirugía se retrasó varias horas. 

COMO NUEVA 

Al despertar de la anestesia, Reyna descubrió que los doctores habían tenido que extirpar uno de sus senos para retirar el tumor, que había crecido dentro de su pecho. 

Aunque el retiro de su seno era fuente de angustia para Reyna, la idea de librarse del tumor cancerígeno le dio tranquilidad. 

“Fue oportunamente, y me dijo el doctor ‘¿Cómo se siente?’ y yo dije ‘como nueva’” recuerda. 

En su siguiente consulta, el médico le confirmó que llevaría un tratamiento de radiación en la Unidad de Especialidades Médicas de Oncología (Uneme) de Mexicali, a donde se trasladó con el apoyo de su hermana y fue recibida en la recién abierta Estancia Oncológica Madre de Guadalupe. 

Siempre tratando de vivir su tratamiento con optimismo a pesar de los momentos de tristeza, Reyna recuerda las vivencias durante su estancia, especialmente aquellas relacionadas con sus compañeras que se convirtieron en una segunda familia y en “hermanas de quimio”. 

También en Mexicali recibió tratamiento psicológico, donde además del tratamiento recibió una prótesis de seno que le ayudó a encontrar la paz con su nueva imagen. 

El 10 de abril de este año, la médico radióloga que la atendía en Mexicali le confirmó a Reyna que se encuentra libre de cáncer. 

“Antes vivía uno en su mundito nomás, pero ahora que uno vive, que ya pasó una experiencia ya es algo diferente que sí te marca, te cambia pero para mejor, para positivismo” dijo. 

De vuelta a su hogar en Tijuana, Reyna labora en la venta de productos naturistas, y a pesar de algunos dolores y otras secuelas de los tratamientos de quimioterapia se siente feliz y sana, con la intención de ayudar a otras personas que enfrentan la misma enfermedad.

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