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¡Negativos!, no salpiquen

Llevamos meses y años sufriendo de un negativismo en algunos sectores de la sociedad. (Llámele usted desacuerdos políticos, si quiere).

Por Rafael Liceaga

Llevamos meses y años sufriendo de un negativismo en algunos sectores de la sociedad. (Llámele usted desacuerdos políticos, si quiere). Tanto así, que ya da flojera meterse en algunas redes o círculos sociales, en donde lo que impera son chismes de situaciones políticas, verdades y tergiversaciones con eso, y desencuentro con todo tipo de gente; desde la que se supone pensante, hasta la salvaje que no le importan las hostilidades con tal de intentar imponer lo que siente o piensa.

Por eso es importante siempre, rodearse de gente positiva y exitosa, que este la situación como este, nos eleven y ayuden a ver un mundo diferente de posibilidades, en donde si se pueden mejorar las cosas y sin tanto escándalo. Los pensamientos positivos son un motor de cambio, algo que nos acerca a la transformación personal que buscamos a la vez que nos vuelve más optimistas. Todo se puede resolver, queriéndolo.

Miguel de Cervantes decía que “Donde una puerta se cierra, otra se abre”. En un refrán que aparece escrito en Don Quijote de la Mancha, en donde se utiliza frecuentemente para hacer referencia la capacidad de elección y de desarrollo personal que siempre tenemos, incluso en las situaciones más adversas. Por eso también se dice que “la gente positiva cambia el mundo, mientras que la negativa lo mantiene como está”, que ofrece una original interpretación de lo que es el optimismo. Desde luego,

nada como ser una persona que afronta el día a día con buenas vibraciones para poder mejorar la realidad.

Todos tenemos en mayor o menor medida algunos pensamientos negativos, pero si permitimos que se adueñen de nuestra mente pueden resultar peligrosos para nuestra salud mental y la de la sociedad. Los pensamientos negativos recurrentes se consolidan en nuestro cerebro y pueden llegar a ser fatales si no hacemos algo para eliminarlos. Y para erradicarlos, requerimos enfocar los problemas de un modo distinto. Modificando nuestra conducta. Un mal lenguaje o una mala actitud puede dañar la autoestima y mermar la autoconfianza. Por eso hay tanto histérico quejándose de todo por todos lados, y sin poner una sola migaja de solución a cualquier problema de cualquier especie. Cuando nuestro estado emocional no es óptimo, hay problemas.

El estrés y la ansiedad con que tenemos que afrontar el ritmo frenético del día a día puede hacer que nuestro pensamiento no descanse ni se oxigene lo suficiente. Si a eso le agregamos nuestros fanatismos y tanta cosa que atormenta a los espíritus blandengues, la vida social se va convirtiendo en un caos.

En ocasiones, los pensamientos negativos son el reflejo de que estamos mirando la realidad desde una perspectiva equivocada. Nuestros pensamientos también son producto del ambiente en el que vivimos, la calidad de las relaciones interpersonales que tenemos, y muchos otros factores. Si estamos mucho tiempo cerca de personas negativas, poco a poco nos “contagiarán” de su actitud.

Si exagerásemos nuestras alegrías, como hacemos con nuestras penas, nuestros problemas perderían importancia. Hay que hacer la prueba.

*El autor es consultor en participación ciudadana, desarrollo social y cultura de la legalidad.

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