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Mexicali

“Levántate, saca a los niños que ahí viene la lumbre”

El incendio tomó por sorpresa a los residentes de la colonia Mirador, en Tecate, donde dos niñas perdieron la vida.

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Por Saúl Martínez

“Levántate, saca a los niños que ahí viene la lumbre”(Víctor Medina)

“Levántate, saca a los niños que ahí viene la lumbre” | Víctor Medina

TECATE, Baja California.- “Parece zona de guerra, como si fuera Irak o Afganistán”, dijo un brigadista voluntario mientras miraba una camioneta completamente quemada dentro de un predio alfombrado en cenizas y donde se mantenía de pie una casa de piedras entiznada.

Sobre la calle De los Olivos, en la colonia Mirador, de Tecate, la mayoría de los domicilios sufrieron daños por el fuego. Se trata de la calle aledaña al cerro donde comenzó el incendio que este viernes por la madrugada dejó saldo de dos personas lesionadas y dos niñas fallecidas.

El incendio tomó por sorpresa a los vecinos, pues los vientos de Santa Ana que desde la tarde del jueves se registraron en la zona, avivaron las llamas iniciadas en los pastizales secos aledaños a este asentamiento.

¡Levántate, saca a los niños que ahí viene la lumbre!, me dijo mi esposo cuando estábamos en la casa cuando empezó todo”, expresó Esther Guadalupe Navarro. Junto con su familia, observaban los domicilios que quedaron reducidos a cenizas.

Era cerca de la una de la mañana, recordó, y luego de sacar a sus hijos con lo que tenían puesto, corrió a las casas de sus vecinos para alertarles del incendio que amenazaba el vecindario. “Nunca había pasado algo así aquí”, aseguró.

Con su hijo en brazos regresó a buscar a su madre, quien perdió su casa, pero pudo salvar su vida. En su memoria quedó el crujir de las tablas y la estructura de su casa. “Lo material va y viene, la vida no”, expresó Esther.

A más de doce horas del incendio, don Modesto Castañeda mantuvo un semblante de incredulidad. Con las manos llenas de cenizas, recorrió lo que fue su casa y observó los autos calcinados que ni siquiera alcanzó a sacar de la cochera.

“Todo se destruyó, todos los papeles, todo lo que teníamos, hasta la herramienta que usamos para trabajar como albañiles”, dijo don Modesto con una voz que se le debilitaba y parecía a punto de ceder al llanto.

Junto con su familia encontraron albergue en una casa de los vecinos, pero él regresó buscando rescatar algo de entre las cenizas. Debido a su estancia en el sitio, sus ojos y nariz ya estaban irritados.

Casimiro Velázquez, junto a su padre, observó lo que quedó de su casa. Las cenizas estaban debajo de las láminas torcidas y achicharradas que un día antes eran el techo sobre sus cabezas. Todo lo perdieron.

“Gracias a Dios mi familia salió por su propio pie”, comentó. “El viento se fue trayendo las brasas, se brincaban de una casa a otra y todo se fue prendiendo”. Ahora su padre, Juan, le dará albergue temporal en su casa.

Aunque el panorama era doloroso y amargo para quienes perdieron su casa o su patrimonio, muchos residentes recabaron agua y prepararon comida caliente para los brigadistas y las familias damnificadas y recorrieron las calles de la colonia Mirador, buscando a los necesitados. 

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