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Mexicali

Guillermo Valencia; un michoacano trabajador con alma cachanilla

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Por Raymundo García

Guillermo Valencia; un michoacano trabajador con alma cachanilla

Guillermo Valencia; un michoacano trabajador con alma cachanilla

Mexicali, la ciudad que atrapó al Sol, ha sido testigo del trabajo de hombres y mujeres que todos los días dejan caer su sudor, con tal de llevar el pan a la mesa.

Tal es el caso de Guillermo Valencia Chávez de 48 años, quien con esfuerzo, mantiene a su familia trabajando como cargador, en el mercado Braulio Maldonado.

Oriundo del estado de Michoacán, a la edad de 11 años llegó a la ciudad, donde trabajar no fue opción si no una necesidad.

“La verdad a mi la escuela no me interesó mucho y en mi casa había necesidades”, comentó.

Su jornada

Mencionó que su jornada consta de levantarse desde muy temprano e ir en ocasiones por mercancía al Valle o Ensenada, donde dice que el calor suele disminuir.

“Aquí no hay de otra que aguantar el calor y esperar que sea domingo para estar con la familia”, expresó.

Aunado a lo anterior, reconoció que gracias al apoyo de su esposa, quien trabaja como maestra, ha logrado sacar adelante a sus dos hijos quienes también laboran.

“Tengo dos hijos, el más grande tiene 24 años y es maestro igual que su madre, y mi hija es secretaria igual en una escuela”, explicó.

Fuego cachanilla

A pesar de los largos años viviendo en suelo cachanilla y conociendo su “calor”, mencionó que Mexicali ha significado una tierra de trabajo para él.

“Desde morrillo siempre me gusto jalar, trabajar y pues a eso me he dedicado todo el tiempo”, señaló.

Fuerza constante

Del mismo modo, reconoció que actualmente conseguir un trabajo es difícil para muchos y que su trabajo implica estar mucho tiempo debajo de los rayos del Sol, pero que es cuestión de ganas y fuerza para salir adelante.

“Sinceramente desde que dejé Michoacán no regresé, ya me acostumbré a la ciudad y pues tengo a mi familia aunque haga mucho calor, ya no nos vamos”, finalizó mientras acomodaba la verdura.

Otra cara

Por otra parte su compañero Eleazar Barragán de 57 años, opinó que él no tuvo familia y que de Michoacán recuerda muy poco, pues Mexicali lo absorbió por completo.

“Yo llegué desde muy niño, solo sé que nací en Michoacán y nada más, Mexicali se convirtió en mi tierra”, mencionó.

Ante a esto, agregó de igual forma que el solo ha conocido el trabajo, que la educación era para otro sector de la sociedad.

“El hambre y la necesidad te hacen soportar este calor, como podía querer estudiar si lo que tenía era hambre”, expresó.

Pan de cada día

Por último, ambos mencionaron que además de compartir el mismo lugar de origen, comparten las mismas ganas de salir adelante, pues aunque suba el calor con todas sus fuerzas, el sudor no los detiene en esta ciudad que capturó al Sol.


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