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Mexicali

“Acepté casarme sin saber su nombre”; llevan más de 50 años de casados

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Por Nicolle De León

“Acepté casarme sin saber su nombre”; llevan más de 50 años de casados

“Acepté casarme sin saber su nombre”; llevan más de 50 años de casados

Cuando “El Grillo” le preguntó a la joven Martha si se casaría con él, ella sabía la respuesta inmediatamente, aun sin conocer su nombre, estaba convencida de que era el hombre correcto con el que ha llegado a más de medio siglo en compañía.

Arnoldo López Guerra, a quien le apodaban “El Grillo”, por los elevados saltos que despegaba en el basquetbol, conoció a Martha Torres Infante en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), allá por los años 60s. De 75 y 72 años respectivamente, cumplirán 55 años de matrimonio el próximo 23 de octubre, su historia de amor aseguran que no es miel sobre hojuelas, porque para llevar una relación se requiere de mucho esfuerzo, solidaridad y complicidad.

En su etapa de adolescencia coincidieron en los entrenamientos de basquetbol de la UNAM, no obstante, el amor a primera vista no se dio, sino todo lo contrarió, se aborrecieron, ya que ambos contaban con un carácter fuerte e imponente. “Nos caímos gordos al principio, nos tirábamos mucho, hubo un momento en que extraña verla, porque si no estaba, no tenía con quien pelearme, me di cuenta que me gustaba estar con ella”, declaró Arnoldo.



Pero la vida da muchas vueltas y como es sabido el “Amor Apache” proliferó, ya que formaron parte de una “Pandilla” (Un grupo de amigos), que se reunía constantemente, llegaron al punto en que se extrañaban cuando uno u el otro no estaba.

Así, naturalmente se dio, relató el profesor de teatro jubilado, tras la convivencia simplemente decidió proponerle matrimonio, ella sin pensarlo dos veces le dijo que sí, han pasado 55 años y no sabe exactamente porqué, pero sentía que él era el indicado. “Me dijo que si me quería casar con él, le contesté que sí, recuerdo que abrió los ojos que los tiene pequeños y me dice - ‘¿de verdad?’, sorprendido, yo le dije: ‘sí Grillo’, todavía no sabía su nombre completo”, recordó Martha.

La pareja comentó que las relaciones afectivas no son sólo miel y fresitas, pero hubo ocasiones muy especiales, como cuando Arnoldo saltó de un camión a otro a 80 kilómetros por hora para alcanzarla en el camino.

La complicidad fue la base de la pareja, ya que ambos se han apoyado en objetivos, metas y sueños, desde la Universidad donde Arnoldo le ayudaba a sintetizar libros, y Martha lo apoyó para incursionar en el mundo del teatro.

Ellos decidieron migrar de la Ciudad de México a Mexicali, debido a que había intromisiones en su relación, la ciudad que capturó el Sol los acogió con la calidez de su gente, y eso es algo de lo que están agradecidos, por lo que cada que pueden apoyan a quines requieren de asilo.

En Mexicali, Martha terminó una licenciatura en Ciencias Políticas, y Arnoldo se dedicó a una de sus grandes pasiones, el teatro, ambos maestros obtuvieron buenos trabajos y tuvieron cuatro hijas.



LAS BODAS

“Un dato curioso, cuando nos casamos la iglesia estaba llena, a reventar, y nadie nos conocía, sólo cuatro personas, cuando nos casamos por los 50 años, conocíamos a tres cuartas partes de los asistentes”, relató.

La boda de oro de Martha y Arnoldo se realizó en un jardín acompañados por sus hijas, nietos y bisnietos; sus padrinos fueron las hijas de los padrinos de la primera boda, relataron. A sus 50 años de matrimonio, un alumno de la maestra Martha acudió para casarlos desde Roma donde era misionero, haciéndoles llegar un pergamino con la bendición del papa Francisco.

CONECTADOS

“Es bien curioso, a veces yo estoy sentada pensando en que se me antoja un coctel de elote, y como si fuera telepatía, llega con el coctel, hay cosas que casi las adivinamos, por la convivencia, por haber tenido experiencias fuertes, porque no ha sido pura dulzura, pero con comunicación y tolerancia hemos logrado esto”, relató Martha.

“Muchos basan la relación de pareja en la princesa rosa y el príncipe azul, pero a veces un poco de mal humos, no más hay que saber superarlo, porque si esperas perfección, ya valiste”, aconsejó. “Lo bonito de esto es que somos libres los dos”, finalizó la pareja sentada en el sillón de la sala tapizada de fotografías y reconocimientos, que cuentan la historia de un matrimonio en forma auténtica.
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