Arqueólogos descubren un taller de cerámica romana junto a una antigua calzada en Francia que estuvo activo durante tres siglos y permite conocer cómo se extraía la arcilla, se moldeaban las piezas y se cocían los recipientes
El complejo fue localizado en Sermaize durante las obras del canal Sena-Norte Europa y conserva hornos, tornos, zonas para preparar la arcilla y espacios de almacenamiento que permiten conocer cómo funcionaba la producción alfarera romana.
Un complejo alfarero de época romana con 21 hornos, zonas de extracción de arcilla, espacios para preparar el barro y áreas donde se utilizaban tornos fue descubierto en Sermaize, en la región francesa de Hauts-de-France, durante las excavaciones previas a la construcción del canal Sena-Norte Europa.
El sitio, investigado por el Instituto Nacional de Investigaciones Arqueológicas Preventivas (Inrap), ocupa una superficie de 20 mil metros cuadrados y estuvo activo desde el siglo I a. C. hasta el siglo III d. C.
Su conservación permite reconstruir buena parte del proceso de fabricación de cerámica, desde la obtención de la materia prima hasta la producción de las piezas.
Un taller junto a una antigua calzada romana
El complejo se encontraba junto a una vía que los arqueólogos identifican de manera provisional como la vía de Agripa, una de las rutas que comunicaban distintos puntos de la Galia romana. También estaba cerca de otra vía secundaria de aproximadamente cinco metros de ancho.
La ubicación tenía una importancia práctica para el taller, ya que permitía mantener la producción cerca de una ruta de circulación. Los arqueólogos encontraron distintas áreas de trabajo organizadas en parcelas, además de edificios, almacenes y espacios donde también hay evidencias de actividad cotidiana.
La excavación fue realizada como parte de los trabajos arqueológicos preventivos asociados con el canal Sena-Norte Europa, una obra de infraestructura que conectará la cuenca del Sena con la del Escalda. Antes de la construcción, las autoridades francesas deben estudiar los restos arqueológicos que puedan encontrarse en el subsuelo.
La cadena de producción quedó registrada
Una de las características más importantes del sitio es que permite seguir varias etapas de la fabricación de cerámica.
Al norte del complejo se localizó una zona de extracción de arcilla de unos 2 mil 500 metros cuadrados, donde fueron identificadas alrededor de 50 excavaciones. Los análisis petroquímicos buscarán determinar si la materia prima utilizada en el taller procedía de este mismo lugar.
Después de la extracción venía la preparación del barro. Los arqueólogos encontraron 20 fosas de fondo plano con arcilla plástica, de entre 15 y 50 centímetros de profundidad. Estas estructuras pudieron utilizarse para preparar, almacenar, dejar reposar o decantar el material, aunque los análisis todavía deberán precisar la función de cada una.
También se identificó una pequeña zona con nummulites, fósiles marinos que pudieron utilizarse para triturar el material que se agregaba a la arcilla para evitar que se agrietara durante la cocción.
Había espacios para varios tornos y 21 hornos
En el complejo fueron identificados 14 grupos de fosas destinadas a tornos de alfarero. Cada conjunto ocupaba alrededor de cinco metros cuadrados y algunos pudieron albergar varios tornos funcionando al mismo tiempo.
Las excavaciones también permitieron recuperar seis piedras de pivote, utilizadas para sostener el eje de giro de los tornos, además de 13 herramientas de alfarero fabricadas en sílex.
La siguiente etapa era la cocción. En total se localizaron 21 hornos de tres tipos diferentes, cuya construcción y funcionamiento fueron cambiando con el paso de los siglos.
Durante el siglo I d. C. predominaban los hornos con un solo conducto para llevar el calor hacia la cámara de cocción. Posteriormente aparecieron estructuras con dos conductos y modificaciones en su interior, algunas de ellas destinadas a producir cerámica oscura.
Los restos encontrados en los hornos muestran que allí se fabricaron distintos tipos de piezas, entre ellas terra nigra, una vajilla fina de superficie oscura; vasos con revestimiento de mica que les daba un aspecto metálico, y cerámica que incorporaba nummulites como material añadido a la pasta.
La producción cambió con el paso de los siglos
El taller no mantuvo exactamente el mismo tipo de producción durante sus tres siglos de actividad.
Hasta finales del siglo I d. C., el complejo se especializó principalmente en vajilla fina y cerámica de cocina con concha en la pasta. Durante el siglo II, la incorporación de nuevos hornos coincidió con una producción orientada hacia vajilla común de color oscuro.
El sitio se diferencia de otros grandes centros alfareros de la época, como La Graufesenque, en la propia Galia, o Tricio, en La Rioja, conocidos por fabricar terra sigillata, una vajilla roja de mayor prestigio y distribución.
En Sermaize, los arqueólogos encontraron principalmente evidencias de una producción más cotidiana, relacionada con objetos utilizados en la cocina y en la mesa.
Un complejo que también tenía espacios de almacenamiento
Cerca de la vía de Agripa se concentraba buena parte de las estructuras descubiertas, entre ellas una decena de bodegas excavadas que formaban parte del funcionamiento del complejo.
Los investigadores también encontraron hogares, hornos domésticos, pozos, grandes recipientes conocidos como dolia y restos de alimentos, lo que indica que las personas que trabajaban en el lugar también desarrollaban actividades cotidianas dentro del propio complejo.
Las excavaciones permiten así observar el taller no solo como un espacio de producción, sino como un lugar donde se desarrollaban distintas actividades relacionadas con el trabajo y la vida diaria.
¿Qué falta por conocer?
Aunque el hallazgo permite reconstruir buena parte de la producción, todavía quedan preguntas abiertas. Los análisis deberán determinar si la arcilla utilizada procedía de la cantera localizada en el mismo sitio y cuál era exactamente la función de cada una de las fosas utilizadas para preparar el barro.
Los fragmentos recuperados de los hornos también permitirán estudiar cómo cambiaron las formas y los tipos de cerámica durante los aproximadamente tres siglos de actividad del complejo.
Por ahora, tampoco se ha determinado con precisión a qué mercados llegaban las piezas fabricadas en Sermaize. El Inrap considera la venta como parte de la cadena de producción documentada, pero la información disponible no especifica los lugares donde eran comercializadas.
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